¿Hidro-vía?

Las reflexiones que siguen a continuación pretenden pensar el destino del Río Paraná, en clave de sustentabilidad amplia y no quedar sujeta a dicotomías que encierran un solo modelo de desarrollo basado en la optimización del extractivismo.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de hidro-vía? Hablamos de un Río, de un ecosistema fluvial, de biodiversidad y de territorios de vida. Notable construcción e imposición de sentido al llamar al Río Paraná hidro-vía, lo que implica abordarlo y más allá de enunciaciones falaces, desde sus aristas económico-comerciales como enfoque casi exclusivo. Es de tal potencia esta idea que pretende soslayar las otras dimensiones, o parte de ellas, como la socio-ambiental o la política misma por lo que pretendemos visibilizar lo sesgado e interpretar el meta-mensaje que se infiere de ello.

Por lo tanto, dos cuestiones previas nos introducen a la problemática en cuestión: la primera, de índole semántico, cuyo neologismo hidro-vía no figura en el Diccionario de la Real Academia Española; ergo, no se va a regular, legislar, sobre un río sino sobre una “hidro-vía” por lo que las connotaciones, y especialmente para el hombre de a pie, quedan disimuladas desde su origen. La segunda, y en términos comparativos, aparece como pregunta más que como interpretación: ¿acaso, los europeos llaman hidro-vía al Danubio, los estadounidenses al Misisipi, los ingleses al Támesis, los alemanes al Rin y los rusos al Volga?

Ahora bien, lo semántico nos está diciendo que el enfoque es prioritariamente económico comercial, más allá de la manifestación de exhaustivos estudios ambientales que estudian todo menos el impacto socio-ambiental integral y si no que se recuerde la desaparición de gran parte de la comunidad de pescadores artesanales a partir del dragado y concesión del río durante los años ’90. Es tan sesgado este enfoque que el mismo presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario ha señalado “que el modelo actual de la hidro-vía funcionó bien”, que “el río es una cosa viva” y que “cuando se dragó no pasó nada” (1). Intentando comprender sus palabras entendemos que apoya una nueva concesión, qué sólo interesa la optimización de costos del transporte comercial y lo más difícil de comprender, al decir que el río es una cosa viva: si realmente fuese así, debería incluir entre otros, la supervivencia de lo que queda de la comunidad de pescadores, la salud del humedal y manifestarse contra la construcción de terraplenes para la agro-ganadería industrial como la explotación del espacio isleño para el desarrollo privado inmobiliario.

Entonces, hoy nos encontramos ante un debate que deviene dicotómico, es decir, se plantea la opción de la re-concesión o la estatización. Y si bien es una discusión política, aquellos que plantean la primera de las opciones instalan la temática como una cuestión logística soslayando deliberadamente su naturaleza política; al omitirla no se hace más que afirmarla. Por otro lado, aquellos que sostienen la necesidad de estatizarla expresan de modo explícito que es una cuestión política: y claramente lo es. Porque la explotación del río es una cuestión de soberanía es que se trata de justamente de una cuestión política. O acaso, ¿la Vuelta de Obligado (1845), la segunda Batalla de San Lorenzo (1846) y Punta Quebracho (1846) no han forjado, épicamente, la soberanía nacional y latinoamericana, en el marco de la Guerra del Paraná o el bloqueo anglofrancés al Río de la Plata? Por ello, entendemos que en nombre de la historia y la memoria de aquellas gestas que marcaron a fuego nuestra argentinidad, debemos intentar una mirada superadora.

La Constitución Nacional en su Artículo 41 que prescribe el derecho al ambiente sano, señala que “las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales”.

Por tanto, ¿no llegó el momento de pensar el uso, gestión y preservación del Paraná ya no como recurso natural sino como bien común controlado por la nación argentina cuyo enfoque lo aborda la Ecología Política? ¿No llegó el momento de pensarlo como parte de un modelo de desarrollo de sustentabilidad amplia por sobre lo rentístico-extractivista? ¿No llegó el momento pensar en el reemplazo paulatino del monocultivo sojero por la agroecología y la pluralidad de prácticas productivas tendientes también a la soberanía pero alimentaria? ¿No llegó el momento de trascender grietas dicotómicas e ir por terceras posiciones superadoras, donde en el centro esté la afirmación soberana de la Vida en todos sus alcances?

El Paraná, boqueando como potro exhausto, está esperando por ello.


(1) https://www.lacapital.com.ar/economia/el-modelo-actual-la-hidrovia-funciono-bien-n2665666.html

  1. Una buena reflexión. Ofrece varios flancos para problematizar. La hidrovía es evidentemente estratégica a la promoción de exportaciones de nuestros países en un momento en que urge expandirlas. Primer nodo, es la prioridad proveer soportes efectivos a la promoción de exportaciones ? Segundo, la retórica soberanista. Las experiencias recientes de estado presemte no parecen dar testimonio de niniguna ventaja o mejora para la sociedad. Con qué medios acometerá la tarea el estado ? Por uñtimo, la preservación de la diversidad. No parece que efectivamente se avance en este sentido. Tenemos consignas que orienten la acción en este caso ?- Muchas graicas por la invitación a pensar.

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