Gregoria Pérez, la belgraniana

La narrativa histórica hegemónica ha sumido en el olvido a aquellas mujeres que dieron todo por nuestra comunidad desde su origen como nación. María Remedios del Valle, Juana Azurduy, María Loreto Sánchez y Juana Moro, entre otras tantas revolucionarias que lucharon por darnos una patria soberana en el concierto de las naciones, no tienen el reconocimiento necesario y están fuera del panteón dominante formado casi exclusivamente por hombres. Aunque en el último lapso de tiempo han aumentado su visibilidad histórica, todavía estamos lejos de reivindicarlas con los laureles que merecen.

En la provincia de Santa Fe, las cosas no son muy distintas. En los albores de la epifanía de Mayo una litoraleña de fuerte arraigo a su terruño, ofreció todo la riqueza que poseía en favor de la campaña emancipadora de Manuel Belgrano, por entonces jefe de la Expedición del Norte al Paraguay. Nos estamos refiriendo a Gregoria Pérez de Denis, una admirable ciudadana, que alternaba su existencia entre Paraná y la ciudad de Santa Fe, que en aquel momento eran una dependencia del poder porteño.

Este hecho, que conmovió profundamente al gran General y a la Junta de Mayo, la cual reconociendo su actitud afirmaba que: “la colocará en el Catálogo de los Beneméritos de la Patria, para ejemplo de los poderosos que la miran con frialdad”. Es de señalar que con su conducta ponía todo en juego, incluso su vida, porque la reacción española al grito revolucionario fue tremenda, y los Realistas no olvidaban a los que colaboraron con el incipiente e inestable gobierno patrio, haciéndole pagar con la vida su irreverencia.

Destacamos, como lo hace documentadamente la historiadora Alicia Doval en su excelente trabajo “Belgrano y la mujer”, que nuestro prócer, desde muy joven, bregó por la emancipación femenina, con un tesón y lucidez encomiables. De eso podemos colegir, la inmediata empatía entre nuestra comprovinciana y el creador de la bandera. Federico Engels afirma que el indicador civilizatorio por excelencia es el grado del desarrollo social de la mujer, algo que quien trocó la toga por la espada tenía muy en claro.

Esta vida ejemplar, está tratada con admiración y profundidad en la novela de la psicóloga y escritora Elina Cabrera Anderson, “Gregoria en el fuego de la patria”, donde con una narración vivaz y llena de observaciones sobre la conducta humana, se retrata a esta relevante figura en el contexto del turbulento decenio posterior al 25 de mayo de 1810. El libro, que trabaja sobre documentos y cartas, nos muestra a una mujer independiente, decidida a volver relevante el papel de las luchadoras por la libertad en los albores de la nacionalidad. Su educación con los Dominicos, sus relaciones con la élite santafesina, en particular con Francisco Candioti y los actores dominantes de la época, están relatados con una prosa fluida que hace leer el libro con marcado interés. Además cuenta con el aliciente de ser la primera novela que tiene a nuestra heroína como personaje central, en una región como la del litoral, donde la novela histórica no hace gala de muchos cultores, a pesar de la variedad de perfiles humanos de excepción.

Como muestra de su capacidad para el relato, veamos lo que la autora dice en un capítulo que lleva como título Manuel: “¡Llegamos a esta ciudad de la Santa Fe de la Vera Cruz! Ocho días de marcha forzada. Mis hombres han sido acogidos por esta gente maravillosa. Mi corazón no entra en mi pecho y peco de vanagloriarme. Confío en mis oficiales para tenerlos juntos pero la gente ha ofrecido amparo…”.

De esa manera fue recibido Manuel Belgrano en la ciudad capital y que como era terciario de los Dominicos, descansó en su estadía santafesina en el Convento de Santo Domingo, donde hoy reposan los restos de Gregoria Pérez de Denis. Y más adelante, agrega la autora: “Gregoria supo que se habían engrosado las filas con los veteranos de Santa Fe y pasarían hambre atravesando tierras rebeldes hacia el Paraguay. No dudó en ofrecer: animales, casa y gente. Todo valía. Santa Fe veló el sueño del General y las palabras ‘Patria’ y ‘Libertad’ se adueñaron de la gente”.

La benemérita de la Patria nació en Santa Fe el 14 de junio de 1764, falleciendo en la misma ciudad el 10 de diciembre de 1823. Defendió hasta el final de sus días la causa federal, pudiendo ser testigo del “Congreso de los Pueblos Libres”, que el 29 de junio de 1815 declaró nuestra independencia de España y de toda dominación extranjera. Esta provincia y todo el litoral le deben el merecido homenaje a esta extraordinaria mujer que tanto hizo por liberar a nuestra América de la opresión y el atraso.

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