Intacto el ímpetu para seguir transformando

El pasado lunes comenzó marzo. Y a la vez que comenzó marzo, se cumplió un año del mes que nos cambió la vida por completo, que ofició de punto bisagra entre todas las sociedades del mundo y nos manifestó la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida. Punto bisagra que puso sobre la mesa el agotamiento de todo el universo y de las fuerzas que lo habitan, y nos empezó a marcar como necesario un cambio rotundo en nuestras formas de vida, y en las formas en que nos relacionamos con nuestro prójimo.

La llegada de aquel inesperado marzo, en el año 2020, fue acompañada por el crecimiento y expansión de un nuevo virus que, mutando a partir de diversos microorganismos en la zona mediterránea china, se constituyó en una enfermedad que se esparciría como una pandemia azotando a la humanidad en su conjunto.

Por primera vez en mucho tiempo se tuvo que reconocer, entonces, la existencia de un poder superior a todos los demás, una fuerza poderosa que doblegaría a la humanidad y dominaría el campo político y social sin que nadie pueda escapar a su avance y sus consecuencias. Y así fue, al punto que ni los más poderosos de este mundo se vieron a salvo más allá de la decisión consciente de quedarse en casa como forma de protección.

La pandemia desatada por el nuevo virus SARS-Covid19 fue un punto de inflexión para todos los gobiernos del mundo. En un contexto en que la crisis ya venía en escalada y que la economía cada vez se hacía más excluyente, la aparición de este nuevo virus significó un freno de mano necesario y tal vez esperanzador en un contexto en que nada ni nadie se sentía capaz de tranquilizar las fuerzas del sistema (y mucho menos de doblegarlas).

En palabras de Franco Bifo Berardi, este suceso del año 2020 evidenció una instancia de “psicodeflación” o sea una retracción de las fuerzas psíquicas y sociales que hacen a nuestra sociedad día tras día, obligando a todo el mundo a una pausa que la humanidad ya no era capaz de generar.

Fuerzas humanas y sociales que, con una impotencia sin precedentes, se doblegan casi de forma automática ante un espíritu ajeno y contrapuesto: las fuerzas del sistema. Un cúmulo de energías latentes que no siempre somos capaces de ver, pero que durante todo el día, en cada actividad dan forma a nuestros comportamientos por el simple hecho de salir desde nosotros: la podríamos definir como una “matriz ideológica” a esa hoja cuadriculada en la que escribimos y reescribimos cotidianamente nuestro presente y nuestro futuro, y en la que nos creemos autónomos para hacer escrituras y anotaciones sobre la hoja, sin darnos cuenta de que algunos de los márgenes nos están vedados, de que los renglones ya no son los que veíamos y de que no hay tipo de letra sugerido, en cambio, sólo hay un modo de escritura obligatorio.

En este contexto, y cumpliendo un año de aquel marzo adverso para la humanidad entera, se celebró de manera semi-presencial el acto de apertura de las sesiones legislativas en el Congreso de la Nación: 139º apertura de sesiones parlamentarias en un país que necesita decisiones políticas profundas y certeras, a la vez que hábiles y expertas para demarcar un mejor vivir en sociedad. Todo esto en un mundo en que este tipo de decisiones no parecen encontrar verdadero cauce hacia su enunciación y su realización.

Introducción necesaria antes de hablar sobre lo que hubiera dicho nuestro Presidente de la Nación, Alberto Fernández, quien en poco menos de dos horas logró hacer carne todos los reclamos más referidos por la ciudadanía, sin escapar tampoco a las falencias que él mismo viera en su gestión, falencias que desde su interior significan una visión de gobierno de parte del Presidente, pero también una visión de Nación de parte de un ciudadano comprometido con su país.

Sin adentrarnos en demasía en un discurso que sí lo merece, empezaremos diciendo que fue muy clara la referencia que hizo el presidente durante todo su discurso a las falencias, los faltantes y las carencias a las que se ve sometida la sociedad argentina toda: carencias alimentarias, económicas, sociales, culturales y de desarrollo humano son sólo algunas de las nombradas por el Presidente a la hora de pensar en el país que tenemos. En el mismo sentido, no le faltaron agradecimientos y hasta les dedicó una ovación de pie a quienes están trabajando incansablemente a raíz de esta pandemia: sectores esenciales de salud y alimentación, dirigentes políticos y educativos de todo el país, comerciantes encargados de llevar a las casas argentinas bienes y servicios básicos para la vida, entre otros grupos. Y claro, debe ser emotivo para un gobernante ver tal grado de responsabilidad y de pujanza de sectores que se pusieron una sociedad al hombro, en un contexto de pandemia global.

Enfocado en llamar constantemente a la unidad nacional, fue prioritario su pedido de generar diálogos entre los sectores y los actores de esta Argentina. En sus palabras podemos notar la decisión de buscar “acuerdos que representen mayorías” y no al contrario, poniendo entonces toda la energía en la discusión como herramienta, en la superación de las diferencias como motor fundamental de la Nación que todavía seguimos construyendo, y que tan lejos estamos de haber terminado. Hace la mención a una “unidad sinfónica” en que los diálogos entre diversos sectores generen un ambiente de encuentros y de armonía, canales importantes a la hora de debatir sobre nuestro futuro.

En una exposición sobre el sistema capitalista, el presidente dejó en claro que la expulsión de las personas del sistema no puede ser nunca el correlato de una forma o modelo de acumulación. La exclusión, más allá de sus fundamentos teóricos que, por éticos y morales la juzgan de antihumana, es una consecuencia perversa del sistema económico actual, que termina siendo disfuncional para la vida en sociedad. No existe posibilidad de que un sistema económico (cualquiera que sea) funcione si es a costa de eliminar a la gente que lo integra y peor, de exterminar a la gente que no se adecúa a los parámetros considerados normales.

El sistema capitalista fracasa en el mismo instante en que los que consumen son expulsados del mercado. Ninguna sociedad crece empobreciendo a los que viven de un salario”.

Alberto Fernández

Exclusión que por sus fundamentos éticos y morales hace imposible el vivir en sociedad. Y en este punto se permitió el Primer Mandatario citar a nuestro Papa Francisco, quien ya hubiera dicho que “Nadie se salva solo”.

Creemos en una economía con ética, al servicio del desarrollo humano integral. Ninguna sociedad se desarrolla en un ámbito en el que unos pocos progresan mientras millones quedan postergados por la falta de infraestructura social. Así se desequilibró esta Argentina en la que el centro despliega su riqueza mientras el norte y el sur sólo lo observan a la distancia”.

Alberto Fernández

Como punto central, podemos definir a los esfuerzos que se están haciendo por forjar una Argentina realmente federal: desde el aseguro a cada provincia de una importante cuota de vacunas para sus sectores de salud y población de riesgo, pasando por la implementación de políticas sanitarias en todos los grandes centros urbanos del país y con el reequipamiento millonario destinado a las Fuerzas Armadas para que intervengan ante los problemas del territorio, se puede hablar de un camino de reconstrucción de la Dirigencia política en clave federal, en la que ya no serán privilegiados los habitantes de la gran ciudad porteña sino que cada mejora y desarrollo se plantea y asume como prioridad para las 24 provincias argentinas, además de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En lo referido a la Justicia, no se quedó con nada por decir. Fue realmente tajante al aclarar el poder que suponen algunos actores de esta institución judicial (fiscales, jueces) quienes, según él refirió, no tienen “poder residual” sino un “poder concreto” a la hora de torcer la jurisprudencia según sus conveniencias. Además de hablar de dictados constitucionales, y de la necesidad de operativizar estas acciones para hacerlas de manera federal, se refirió propiamente a los Jueces de la Corte Suprema de la Nación sin pelos en la lengua.

Nombrando algunas de las excenciones impositivas y fiscales de que gozan, los posicionó como el sector realmente privilegiado de la Argentina contemporánea. Planteó a la República Argentina como un Estado autónomo y soberano en el que nadie tiene la capacidad de “moverse por los márgenes del sistema de derecho”, excepto los y las jueves de la suprema corte.

Y siguió poniendo los puntos sobre las íes: en un arrojo de efusividad se refirió también al Poder Ejecutivo que nos gobernó hasta el 2019. Puso énfasis en la relación de este gobierno nacional con el FMI y en el préstamo más grande otorgado por esta entidad en toda su historia: el préstamo otorgado a Mauricio Macri por 55 mil millones de dólares, y a devolver en cuatro años, o sea en su totalidad por el gobierno que subsiguiera al expresidente.

Uno de los desafíos que tenemos en Argentina es poder distinguir, por un lado, aquellos fenómenos económicos y sociales que son el resultado de procesos globales, como la pandemia, de aquellos otros que son el resultado de decisiones de política económica que se han tomado aquí”.

Alberto Fernández

Discurso potente e interesante si los hay, en el que el mandatario hizo referencia a avances y a nuevas políticas fiscales, de fomento, de creación de polos productivos y de fortalecimiento de cadenas de valor a lo largo y ancho de nuestro país.

Se mencionaron mejoras y beneficios para potenciar las cadenas globales de valor a través de la implementación de tecnologías 4.0, se mencionó una política energética de potencial autoabastecimiento: con “potencial” queremos decir que para que el autoabastecimiento energético sea posible, antes que nada debe ser pensable y manifestable. Y en este sentido nos produce gratitud escucharlo de boca de nuestro Presidente, quien nos invitó a pensar en un país productor de la energía que requiere, productor de nuevas y diversas formas de energía a partir de nuestros cuantiosos recursos naturales, exportador regional y mundial de energía a la vez que centro de investigación y desarrollo de los horizontes posibles en torno a la energía.

Sabiendo que el futuro es hoy, y que la espera o la pasividad no son opciones, dedicó no menos palabras a hablar del desarrollo del futuro: debe ser eco-amigable, sustentable, consciente y no perjudicial para el medio ambiente. Fomentando las economías circulares y las nuevas formas de intercambio, planteó necesario revisar el concepto que tenemos sobre los basurales y la gestión de nuestros residuos sólidos urbanos, todo desde el ámbito de la educación. Ésta es el motor fundamental de cualquier cambio propuesto, y por la importancia de lo mencionado debemos afrontarlo con seriedad y sistematicidad.

También, en clara referencia a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo sancionada hace poco tiempo, dijo que le gusta cumplir con sus promesas, y que planea seguir implementando políticas de género y de lucha contra las diferencias sociales, culturales y de género, políticas que posicionan hoy a la Argentina en el primer lugar de países implementadores de políticas de género durante la pandemia COVID-19, según la ONU.

Por último, pero central por nuestra posición geopolítica en el mundo, se hizo mención de la necesidad de fortalecer la soberanía Argentina tanto en los espacios marítimo, aéreo y terrestre. El Presidente se refirió a la Antártida Argentina, territorio que cuenta con nuestra presencia ininterrumpida desde principios de 1900, y señaló la efectiva soberanía argentina en estos territorios por razones geográficas, sociales y culturales, además de legales.

La soberanía es una política de Estado sobre el Atlántico Sur, y sobre todo en las Islas Malvinas, de las cuales sostendremos el firme reclamo ante las Naciones Unidas para retomar diálogos con Gran Bretaña. Es inconcebible que en este milenio un país soberano deba seguir siendo sometido a las energías de las grandes potencias mundiales y su deseo de dominación sin fundamentos.

Nos parece interesante finalizar con lo dicho por el Presidente sobre nuestros próceres, quienes nos dieron la libertad y la independencia en pasados siglos. Aclaró que estos dirigentes no tuvieron angustia de ningún tipo sino que sintieron coraje, valentía de abandonar un espacio de sometimiento y sumisión para emprender nuevos rumbos signados por la capacidad de ser libres. Sensación que como argentinos debemos revitalizar, como parte de un proceso más amplio en que se hacen imperiosas las políticas del cuidado, o decisiones que tiendan a cuidar la vida de nuestras personas, quienes son lo más importante que tenemos.

Es a partir de esta unión y de este convencimiento, que superaremos el debate como simple contraposición de miradas para forjarnos como país libre, soberano y con consciencia de su propio destino, el de la grandeza y solidaridad en un mundo lleno de mezquindades.

  1. Fabuloso análisis de una apertura de sesión histórica, un mapa de dónde estamos y a dónde deseamos ir.
    Un lujo emocionante leerte!
    Abrazo compañero!

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