La Independencia interna del Río de la Plata

La Batalla de Cepeda, 1 de Febrero de 1820.

En este artículo, se trata de debatir una terminología que oculta las luchas para la constitución de un país soberano y federal. El término “anarquía”, para definir el período después de la Batalla de Cepeda, no se ajusta a la realidad. Para finalizar, se propone un recorrido por el nombre de las calles de nuestra ciudad que no reflejan la verdad histórica y nos hace reflexionar sobre la complejidad, la memoria y los desencuentros en la conformación de una Nación federal y soberana.

El año pasado se cumplieron 200 años de una de las batallas más significativas de la historia Argentina y pasó desapercibida por el común de la ciudadanía, debido a la poca difusión de los diversos Estados que componen nuestro país. Quizás, uno de los motivos con más peso, es que las interpretaciones del acontecimiento a lo largo de la Historiografía Argentina, en general, están dadas desde el punto de vista centralista-unitario-porteño.

Desde 1810 Buenos Aires y sus diversos formatos de gobierno (La Primera Junta, La Junta Grande, Los Triunviratos y el Directorio) habían impuesto un gobierno centralizado en Buenos Aires impidiendo el desarrollo autónomo (o sea, la elección del, por entonces, «Teniente Gobernador» estaba a cargo de Buenos Aires) de las otras jurisdicciones (las provincias).

En principio, Gervasio Artigas en la Banda Oriental y bajo su influencia, las jurisdicciones de Entre Ríos (Corrientes y Las Misiones), Santa Fe, y durante un tiempo corto Córdoba, van a reclamar la potestad de elegir su propia administración.

Recordemos, que la conducción desde Buenos Aires de la Revolución de Mayo y más tarde la Guerra de Independencia, no era la que más aportaba a la causa revolucionaria, en realidad, las que más sacrificaban sus recursos humanos y materiales, eran las provincias y sus pueblos. Por ejemplo, en el Litoral, Gervasio Artigas luchaba contra el ejército Realista en Montevideo, donde estaba asentado el Virrey Elio.

En Santa Fe, uno de los más ricos hacendados de la región Francisco Candioti, había realizado importantísimos aportes, cuando Belgrano había llegado a la región, en agosto de 1810, con miras a formar un ejército y nutrirse de recursos que salieran de los santafesinos, incluido Estanislao López que acompañó a Belgrano a la Batalla de Paraguay, donde fue capturado y Belgrano derrotado por la primera rebelión en Asunción, una de las jurisdicciones del Virreinato del Río De La Plata (en proceso de independencia), en pos de una doble independencia, tanto de España, como de la Junta Central de Buenos Aires (otrora Paraguay).

Las otras regiones que también se desangraron en recursos humanos y materiales, eran la región de Cuyo, apostado San Martín desde 1815 y toda la región del Norte, Belgrano-Güemes (1814-1824).

En 1815, por decisión de los santafesinos es elegido el primer gobernador autónomo provincial de Santa Fe: Francisco Candioti, bajo el protectorado de la Liga de los Pueblos Libres (1814), el proyecto federalista que impulsaba Artigas en nuestra región y del Río de la Plata.

Desde el Directorio, José María de Alvear, quien había nombrado previamente a Eustaquio Díaz Vélez como «Teniente Gobernador» de Santa Fe, manda a deponer al gobierno autonomista e interviene militarmente la provincia, Álvarez Thomas quien estaba a cargo de la expedición militar, se rebela y se vuelve contra Alvear, en lo que se denominó el Motín de Fontezuela, asumido Álvarez Thomas, el Directorio, recurre otra vez en la intervención militar, esta vez a cargo de Viamonte, que sí va lograr deponer al por entonces gobernado Pedro Larrechea, quien había llegado al cargo de gobernador autónomo, tras el fallecimiento de Candioti.

Mariano Vera Mujica (junto con Estanislao López) impulsa una contraofensiva para restaurar el gobierno autonomista, enfrentándose con Viamonte.

Mariano Vera Mujica y luego Estanislao López, se enfrentan, en varias oportunidades a las fuerzas del Directorio: Alvear, Álvarez Thomas, Pueyrredón y finalmente Rondeau.

En una de esas múltiples intervenciones de las milicias porteñas, a cargo de Juan Ramón Balcarce -en todos los casos resistida por las fuerzas federalistas de los Dragones de López, utilizando la estrategia gaucha de guerra de guerrillas, más conocidas como: montoneras-, las tropas de Balcarce son asediadas por las milicias federalistas, Balcarce se resguarda en la ciudad de Rosario y urge una estrategia de escape que conlleva «la orden de quemar» toda la ciudad; unos 150 ranchos, 25 casas, ganado, etc., fueron incinerados. 

Finalmente, y bajo la decisión de Gervasio Artigas (casi al mismo tiempo que se produce su derrota en la Banda Oriental ante el Imperio portugués, otrora Imperio Brasil, otrora República del Brasil) Santa Fe y Entre Ríos, lideradas por Estanislao López y Francisco «Pancho»Ramírez, comandan la intervención al gobierno porteño en pos de la Independencia interna del Río de la Plata.

Cabe aclarar, la previa sanción de una Constitución Nacional por parte de Buenos Aires en 1819, sin un congreso pertinente y cuasi monárquica.

Así llegamos a la batalla en la «Cañada Cepeda», límite de jurisdicciones físico, por entonces, entre Buenos Aires y Santa Fe, un 1 de Febrero de 1820.

Como respuestas a la historiografía oficial, 1820 no es un suceso histórico negativo para la construcción de un Estado Nación Moderno, al contrario, es el punto de partida.

La existencia de la inestabilidad política -y no de un sistema político anárquico- en la región del Río de la Plata, es propia de la circunstancia, que se genera a partir de un primer paso: la Revolución de Mayo; de un segundo paso: la Independencia; y de un tercero: la construcción de un sistema político republicano y federal (El Tratado Pilar, Benegas, Cuadrilátero, El Pacto Federal, La sanción de la C.N. de 1853), y otros más.

Es un proceso, en donde el Estado Monárquico, Colonial y Español (Rey, Virrey, súbditos, siervos, esclavos en las colonias, Virreinatos, Cabildo, Real audiencia, y otros) se desvanece y el Estado Nacional Moderno, fundado en la «Igualdad y Libertad», los valores de la Revolución Francesa; y el sistema «Federal», basado en la Independencia de los EE.UU., emerge en su construcción.

Agreguemos, que dicha construcción está determinada por intereses políticos y económicos, personales, regionales, internos y externos, entre otros.

Reflexiones sobre la terminología “anarquía” que se utiliza dentro de la historia oficial y a partir de un documental actual, correspondiente a recordar los 200 años de la Batalla de Cepeda.

Hace unos días, estaba mirando las producciones que se encuentran en internet sobre dicho acontecimiento. Para quienes estén interesados en profundizar el tema, éste es el video:

A partir de este excelente informe, conducido por el excelso historiador Di Meglio, en Canal Encuentro, sobre los 200 años de la Batalla de Cepeda, considero pertinente desarrollar algunas observaciones que deseo compartir.

En principio, tiene que ver con la terminología que se utiliza para denominar a este período histórico.

Dicho audiovisual, me parece que recae, sobre el final, en la justificación o explicación del ¿por qué? se denomina «Anarquía» al período histórico emprendido tras la Batalla de Cepeda en 1820.

Término, que en otro audiovisual, del mismo canal, una locutora lo reitera en tres oportunidades, éste es el video:

Ni hablar de los manuales escolares, que establecen el término como válido o consagrado sin mediar otras miradas.

En realidad, hubiese sido más pertinente, que Di Meglio, aunque no use el término anarquía y se remita a explicar por qué otros historiados “simpatizantes porteños” lo utilizan, ahondara en las causas del uso inadecuado de esa expresión para denominar a un período tan complejo de luchas y reivindicaciones.

Es sabido, que se han utilizado diferentes terminologías a lo largo de la historia de la humanidad para diferenciar a un «nosotros» -quién escribe la historia- y un «ustedes» -quién no la escribe-.

Por ejemplo: «civilizados» o «bárbaros»; «conquista» o «invasión»; «gobierno» o «sin gobierno», «orden» o «desorden», etc.

Nuestra verdad relativa, es que los vencedores de 1820, dieron el puntapié inicial en la conformación de gobiernos provinciales autónomos, todo lo contrario a la anarquía. En definitiva, comienza a existir una forma de gobierno Federal, o mejor dicho en 1820 Confederal.

Cabe aclarar, que la historiografía mitrista, utiliza la palabra «anarquía» como un término despectivo y asociado al caos (propio del uso negativo que se le daba en Francia, principalmente con posterioridad de 1789) y al desorden, que según su óptica provocó el «salvajismo de los caudillos» federales.

En la actualidad, y especialmente en el segundo audiovisual, el uso del término anarquía se asocia con la etimología de la palabra: sin gobierno.

Ni por asomo, al sistema político (anarquía) teorizado por Proudhon o Bakunin.

Obvio, que ninguna de esas opciones es correcta, en todo caso el desorden es producto de la liberación y la construcción de un sistema político nuevo, tanto por parte de Las Provincias Unidas del Río de la Plata con respecto de España, como por las jurisdicciones internas del Río de la Plata frente al gobierno central de Buenos Aires.

Desorden lógico, que causa el fin de un sistema político de dominación por otro basado en valores más justos para la sociedad.

El punto clave, para entender este proceso, es «El Tratado de Pilar», el 23 de Febrero de 1820, 22 días después del conflicto bélico del 1 de Febrero de 1820.

En dicho tratado, Buenos Aires se compromete a organizar y respetar las autonomías provinciales, acuerda juntarse con Santa Fe y Entre Ríos, en un plazo de 60 días, para consensuar la construcción de un Estado Nacional, representativo, republicano y federal, e incorporar a las demás provincias.

Pero, los movimientos internos de la ciudad de Buenos Aires desconocen al Tratado de Pilar e impiden la conformación de una organización nacional, después devienen otros tratados, bajo la misma lógica, a los que Buenos Aires adhiere, dimes y diretes que continúa hasta 1860.

En 1853, la secuencia es similar, Buenos Aires firma el Pacto de San Nicolás con vista a sancionar una Constitución Nacional, que se sanciona un 1 de Mayo de 1853, en Santa Fe. Movimientos internos porteños (golpe de Estado provincial), desconocen la Constitución y forman un Estado Independiente hasta 1860.

Bajo esa misma lógica, se podría afirmar que Buenos Aires entra en una «anarquía» (1853-1860) por no pertenecer a la Confederación Argentina, por no pertenecer a un Estado Nacional.

En realidad, lo que cambia es la jurisdicción, pero Estado y Gobierno existen, en este caso, Buenos Aires, según la circunstancia, funciona en el formato provincial o  nacional, un ejemplo válido es el caso de Uruguay, de una jurisdicción provincial pasó a una nacional.

Lo mismo, se podría aplicar a lo sucedido en 1820, con los Estados independientes (provinciales que se constituyen en nacionales), construyendo una Confederación (unión de Estados que se rigen por su soberanía, que mediante alianzas o «tratados» conforman una estructura mayor con determinados objetivos en común y con poca influencia del gobierno central) tras el Tratado de Pilar, sólo 22 días después de Cepeda y en sus dos tratados posteriores (Benegas y Cuadrilátero) y finalmente en el Pacto Federal de 1831.

Incluso, en los diversos tratados, las provincias independientes dejan el mando a Buenos Aires (sigue siendo el gobierno central, pero sin intervenir en la otras jurisdicciones) en las decisiones nacionales con respecto a la guerra de independencia o de ataque exterior y también se firman convenios con respecto al comercio interior y exterior, que en definitiva, consolidaron los privilegios portuarios de Buenos Aires.

Nuestro país, en la actualidad, manifiesta problemas similares, en su faz política es federal, pero en términos económicos concentra su riqueza y población en Buenos Aires.

No estoy planteando una historia romántica de todos los «caudillos» federales, que en algunos de los casos se convirtieron en cuasi señores feudales.

Estamos hablando de proyectos políticos fundacionales y regionales que comprende a cómo se constituyó nuestro territorio, dos proyectos diferentes que aún hoy, están en continua tensión.

A modo de cierre, quizás, el motivo más importante de la negativa porteña a su integración federal, tenía que ver con defender los privilegios que le otorgaba el puerto, en plena expansión de la Revolución Industrial.

El control de la Aduana por parte de Buenos Aires utilizado en pos de sus propios intereses, a lo largo de los años, generó un país con enormes desigualdades regionales. Situación que se va a consolidar con la llegada de Mitre al Estado Nacional y la conformación de una oligarquía terrateniente (1862 a 1916), enquistada en el poder, en sintonía con las élites provincianas, después de las intervenciones militares en contra de los últimos rebeldes federales, y que va a acrecentar las desigualdades regionales y sociales. 

En la actualidad, basta con analizar dos o tres indicadores nacionales, para explicar el poder hegemónico de Buenos Aires dentro del Estado Nación.

  1. 20 millones de habitantes (la mitad de la población del Estado Nación).
  2. El 60 por ciento de los bienes alimenticios que produce el Estado Nación para el mercado interno.

¿Quiénes participaron de la Batalla de Cepeda?

Por los Federalistas (1814-1820) y Federales (1820-1870).

Estanislao López y Francisco «Pancho» Ramírez, el prócer chileno Miguel Ángel Carreras, el Irlandés Pedro Campbell (representando a Corrientes y las Misiones), y la incorporación clave para el triunfo, de los pueblos Guaraníes, Guacurúes, Abipones.

Y la especial participación de José María de Alvear: José María de Alvear (si bien, desde el Directorio, en 1815, mandó a invadir la provincia de Santa Fe y luchó en contra de Artigas, después del Motín de Fontezuela y su salida del Directorio se exilió en Brasil, todavía colonia de Portugal, ante la avanzada federalista hacia Buenos Aires, él se incorporó a las fuerzas de su antiguo enemigo, Estanislao López, más por intereses personales que por convicción, uno de los motivos principales era regresar a comandar los destinos de Buenos Aires).

Centralistas (1810-1820) y Unitarios (1820-1870).

José Rondeau, Juan Ramón Balcarce, Martín Rodríguez, Gregorio Perdriel.

Rosario y su memoria, a través de sus calles

Hice un repaso mental de las calles de Rosario, en relación a homenajear a los líderes, pueblos, fechas y batallas importantes y sólo aparecen en mi memoria una inmensa cantidad de homenajes a los centralistas-unitarios-porteños en detrimento de los federalistas-federales-santafesinos.

Esto genera una falta de identidad y memoria, una deuda con nuestro pasado  y forma parte de la avanzada porteña sobre la conciencia de los pueblos federales, quienes intentaron una sociedad más justa y soberana.

Un caso que llama la atención y que corroboran el ambiente porteño, es el caso de Juan Ramón Balcarce –apodado el Nerón rosarino-, que ayer quemaba casas y ranchos y hoy lo vemos pasearse con cierto aire de arrogancia, por pertenecer «su nombre» a una de las calles céntricas de Rosario.

También podemos apuntar los siguientes nombres:

Los autores intelectuales de las invasiones a Santa Fe y defensores de los intereses porteños: Alvear, Álvarez Thomas, Pueyrredón, Rondeau, Rivadavia.

Los «Tenientes Gobernadores» impuestos desde Buenos Aires: Díaz Vélez y Tarragona.

Los gobernadores efímeros de Buenos Aires: Soler, Maza, Sarratea.

El primer gobernador elegido por La Sala de Representantes en 1821, partícipe junto a Perdriel en la derrota en la Batalla de Cepeda, Martín Rodríguez.

Y otros Unitarios como Lavalle, «General» Paz y Lamadrid.

Del lado del federalismo regional y en general del bando federal, todavía falta reconocimiento en las calles de nuestra ciudad:

Francisco Candioti «El Príncipe de los Gauchos», primer gobernador autónomo en 1815.

Estanislao López, hasta hace muy poco no tenía ni una calle, ahora está en la intersección de las calles: Madres de Plaza 25 de Mayo y Av.  Francia costeando el lado interior de la avenida de la costa, a orillas del Río Paraná.

El Motín de Arequito.

La Batalla de Cepeda.

José Gervasio Artigas (una pequeña cortada en zona oeste).

La Liga de los Pueblos Libres.

Francisco «Pancho» Ramírez (no sé si tiene una cortada).

Los pueblos y líderes indígenas que participaron en la Batalla, fundamentales para el triunfo.

Otros representantes del rojo punzó: Facundo Quiroga, Ángel Vicente «Chacho» Peñaloza, Felipe Varela.

Un caso especial es Mariano Vera Mujica; la única explicación lógica que encuentro del por qué el segundo gobernador de Santa Fe y no el primero tiene su homenaje en una de las calles de Rosario, es que 20 años después el ex gobernador aliado con Lavalle, intentó tomar por la fuerza la provincia de Santa Fe y derrocar al hermano de Estanislao López, fue muerto por la defensa de los federales rosistas.

Según las palabras de Rosas, en relación a Vera Mujica: «su nombre, será maldecido por generaciones en generaciones»

Párrafo aparte, merece la historia de la calle Juan Manuel de Rosas en la ciudad de Rosario.

Es sabido, que los libros de textos escolares producidos durante tres décadas (60, 70 y 80) denominaban al gobierno de Rosas como la 1ª tiranía y a Perón como la segunda, durante los períodos militares, los homenajes en calles, avenidas, plazas y centros culturales imaginemos a quiénes estaban dirigidos: a Ramón Falcón, Pedro Eugenio Aramburu, Félix Uriburu, Bernardino Rivadavia.

El proyecto y decreto de sanción de la calle Juan Manuel de Rosas, en Rosario fue en 1974, en 1976 fue derogado el decreto.

En 1984 con el regreso de la democracia y con el objetivo de corregir dicha acción militar, el nombre de la calle «25 de Diciembre» (fecha alusiva del paso de Urquiza por Rosario, previa rebelión local en favor del entrerriano, a días de producirse la Batalla de Caseros), fue finalmente reemplazada por Juan Manuel de Rosas.

Reconocemos a los forjadores de nuestra historia nacional, como a Juan Manuel de Rosas, Sarmiento o Rivadavia y estamos de acuerdo con el nombramiento de una de las calles de nuestra ciudad, pero también es importante conocer y homenajear a nuestra historia regional, bien podrían convivir ambas calles.

Con respecto, al conflicto Centralistas – Federalistas y su continuación Unitarios – Federales, es importante decir que no es interesante pedir cambiar una calle por otra, o borrar la historia unitaria de la conciencia del pueblo argentino, aunque parezca injusta y opresiva, buscar un equilibrio entre ambos proyectos políticos históricos a la hora de otorgar una calle me parece mucho más justo.

Dicho sea de paso, durante muchísimos años, la historia federal fue dejada de lado,  olvidada, y en este caso las calles de Rosario comprueban dicha situación, donde parece que es más importante «El Nerón Rosarino» que el primer gobernador elegido de forma autónoma por los santafesinos: «El Príncipe de los Gauchos».

Este recuento de calles, nos interroga: ¿de acuerdo a qué conciencia política se escribió nuestra Historia? y ¿quiénes realmente escribieron nuestra historia regional?

Con el objetivo, por parte de quien suscribe, de construir un proyecto conforme a una conciencia nacional popular democrática y federal.

Por un país federal, por nuestra historia regional, reivindiquemos al 1 de febrero, día de la Batalla de Cepeda como el “Día del Nacimiento del Federalismo».
«Santa Fe, provincia invencible».

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