“Gabriela, clavo y canela” de Jorge Amado

Una tierra nueva que emergía impulsada por el sabor del cacao

Jorge Amado (Itabuna 10 de agosto de 1912 – Salvador de Bahía 6 de agosto de  2001) toma la brocha para pintar su aldea. Verás en las páginas de “Gabriela, clavo y canela” el delicioso desfile de los abundantes personajes de una costera ciudad  brasileña.

A comienzos del siglo XX el sur del estado de Bahía se convierte aceleradamente en la nueva tierra del cacao. Numerosas plantaciones se multiplican quitándole espacio al monte autóctono a golpe de machetes.

Los “coroneles”, tal como se denomina a los hacendados que se vienen adueñando de las tierras sin más ley que la de la fuerza y la intrepidez, suman todos los años nuevos espacios desforestados para la planta del fruto ocre-naranja que alberga en su seno los anhelados granos marrones que se exportan, en su mayoría, hacia los puertos europeos.

Sobre la costa atlántica, varios cientos de kilómetros al sur de Bahía, crece la pequeña ciudad de Ilheus donde acontecen los hechos de la novela. Ilheus se ve de pronto invadida por personas que llegan de los más variados orígenes y procedencias. Son tanto extranjeros como connacionales que llegan provenientes de diferentes puntos geográficos del país.

El auge de la producción de cacao genera oportunidades de trabajo, convoca tanto brazos para laborar los nuevos campos ganados a la selva, como todo tipo de actividades que se comienzan a desarrollar de golpe en la ciudad transformada.

Nacib es un comerciante de origen sirio, llegado a estas costas cuando contaba solo con cuatro años de edad. Regentea el bar Vesubio, uno de los más frecuentados de la ciudad, mientras sueña que incrementa sus ahorros y convertirse en un nuevo “coronel” del cacao con campo propio.

Por las mesas del Vesubio pasan  todas las historias y circunstancias que acontecen por aquellos movidos días: desde las disputas políticas, a los romances amorosos -muchos de ellos con final trágico- y el surgimiento de las nuevas instituciones que se erigen cotidianamente.

Por su parte, Gabriela ha llegado a Ilehus tras desandar numerosos caminos. Proviene de la reseca región del Sertao que atraviesa diferentes estados brasileños, donde no hay casi opciones para sobrevivir ante las consecuencias de la continua sequía.

Llegan en grandes grupos con las ansias de acceder a ese mundo de posibilidades que les han comentado se ofrecen a manos llenas en la ciudad del cacao. La mayoría incrementará el número de trabajadores rurales que se llevarán las plantaciones tierra adentro para sembrar y recoger el fruto del árbol del cacao. Pero otras personas, como en el caso de Gabriela, quedarán trabajando en la ciudad.

Una historia de amor que desafía el “orden y progreso”

Nacib, en el mejor momento de ventas en su bar, se ha quedado sin cocinera de un día al otro. Pese a todas las cosas que le están ocurriendo a los ilheenses en esos febriles días en los que se disparaba el precio internacional del cacao, al comerciante sirio lo acucia la ausencia de Filomena, su histórica cocinera.

Cansado de buscar reemplazante, desanimado, casi vencido, hallará fortuitamente a Gabriela en la “plaza de los esclavos”, tal como popularmente se denomina al lugar donde ofrecen sus servicios laborales las personas que llegan a la ciudad rica en busca de una oportunidad para sus vidas.

La presencia de Gabriela transformará abruptamente no solo la vida de Nacib, sino también el ritmo del Vesubio, cuyos parroquianos se arrimarán a mirar esa joven morena que se pasea entre las mesas trayendo los manjares recién salidos de la cocina para el disfrute de la clientela.

El amor entonces ingresará como suele hacerlo -insensato, salvaje, despiadado- en la vida del próspero bolichero. ¿Será que Gabriela puede ocupar otro lugar en su vida que no sea el de cocinera y criada? Pero Gabriela es una mujer distinta a las de la sociedad acomodada de Ilheus. A ella no le interesa comportarse como lo hacen las damas, prefiere ir al circo que a reuniones sociales, bailar en las comparsas callejeras que en lo salones con pisos encerados y zapatos que aprietan los pies.

Jorge Amado

Jorge Amado dibuja con exquisitez la vida de una mujer libre, inocente, espontánea, que choca con los estereotipos sociales y con las conductas propias de una sociedad que tiene como principal objetivo el desarrollo económico y el ascenso social de sus habitantes. Ella anhela danzar y sonreír.

Sumergirse en este viaje nos permite revivir el surgimiento de un capitalismo naciente en esta parte de América, la dura transformación de la naturaleza para arrancar los jugos que pueda producir, las riñas políticas entre distintos sectores y “coroneles”. Todo ello enmarcado en una historia de amor sensual entre el comerciante sirio que tiene como centro de su vida la multiplicación de sus inversiones hasta que la irrupción de una morena del Sertao le arrebata sus planes.