La culpa no es del chancho…

Mega granjas de cerdos, apuntes para el debate

Ante la posible firma del memorándum entre Argentina y China para la cría intensiva de cerdos en nuestro país, para su exportación al gigante asiático,  no se sabe con certeza cuáles serán  las condiciones del acuerdo. Mientras se siguen negociando cláusulas este artículo pretende brindar información lo más certera posible para que cada uno forme su opinión sobre el tema.

El acuerdo ha generado polémica y debate, hay posturas de todo tipo. No debemos ignorar que las críticas se hacen en un contexto donde la pandemia mundial del covid-19 desató la mayor crisis sanitaria en cien años y sumado a eso, nuestro país sufre incendios intencionales, la mayoría de ellos ilegales para habilitar lotes para la actividad agropecuaria. La sensibilidad de la sociedad, con respecto a una inversión que modifique nuestro medio ambiente, está más que justificada. Del otro lado de la moneda, la pandemia produjo la mayor crisis económica mundial y profundizó la crisis preexistente en la Argentina. Basta mencionar que la desocupación ronda el 13%, la pobreza el 42% y el Estado necesita divisas para poder realizar los cambios de infraestructura necesarios para revertir esta situación; la divisa escasea tras la fuga que se produjo durante el período 2015/2019 y las obligaciones por la deuda contraída en dicho periodo, que si bien se pospusieron, condicionan el futuro del país. En base a lo último, ciertos sectores de la sociedad se manifiestan a favor del acuerdo.

Muchas veces recibimos datos sobre cuestiones técnicas y específicas de actividades que manejan expertos en la materia pero que son ajenas al común de la gente. Vamos a tratar de aclarar algunos de ellos.

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La inversión total sería de U$S 3.796.423.000 en un lapso de 4 años. La IED (Inversión Extranjera Directa) en  nuestro país promedia poco menos de U$S 10.000 millones por año. Garantizar un millón al año en un solo acuerdo no es algo menor. Dicha inversión se divide en veinticinco mega granjas o unidades productivas de 151 millones de dólares y 12.000 madres cada una. Lo que aún no se sabe es dónde se ubicarán estas mega granjas. Se especula que muchas serán localizadas en el norte de nuestro país ya que el maíz que allí se cultiva sufre por el déficit logístico de transporte hacia  los puertos sobre la costa. El criado de cerdo es una actividad en  constante alza, en las últimas tres décadas se triplicó la producción y consumo de cerdo en nuestro país pero la magnitud de esta inversión significa un cambio sustancial en un escaso margen de tiempo.

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Hoy en día Argentina se encuentra en el puesto número 14 en la producción mundial de carne porcina, con 670 mil toneladas al año. Siendo casi la totalidad para el consumo interno, la balanza comercial con respecto a la carne porcina es casi cero, no exportamos ni importamos cerdos en número considerable. La inversión china planea aumentarla en 880 mil toneladas en tan solo 4 años.

El gráfico anterior es muy esclarecedor. El aumento de producción en Argentina si bien para la estructura que tiene hoy  implica un aumento astronómico, no compensa ni una sexta parte el desplome que tuvo China debido al brote de peste porcina africana,  virus muy contagioso y  sumamente letal  que obliga a sacrificar granjas enteras cuando se descubren casos de esta enfermedad. Argentina, previo a la inversión extranjera, es el país que más está creciendo en su producción en un contexto mundial de contracción debido a la propagación de distintas enfermedades entre los cerdos. Dos factores fundamentales explican la oportunidad que se abre en nuestro país para la producción de carne porcina a  gran escala: la ausencia de virus que afecten a los cerdos y el hecho de ser uno de los principales productores de maíz y soja que se utilizan como alimento para el ganado. Obviamente vender la carne es un valor agregado al cereal con el cual se alimentan. 

Un dato a tener en cuenta, que  quizá se haya dejado de lado, Argentina es el tercer exportador de maíz del planeta, pero, ¿a quién le vende maíz Argentina? La respuesta no va a sorprender a nadie: a los grandes productores de cerdo del mundo, Vienam y Corea del Sur según el reciente informe de Indec.

Si bien hubo un dato que se viralizó sobre el precio de una tonelada de maíz que se exporta a U$S 200 dólares y de una tonelada de carne de cerdo a U$S 2000, es muy importante tener en cuenta que a la hora de comparar un negocio no son los precios de compra y venta los que determinan las ganancias sino que es la rentabilidad (precio – costo) la que se debe considerar. Por ejemplo, cada kilo de cerdo de producto final tienen costos: en alimentos, tres a seis kilogramos de cereal más la mano de obra que cría y cuida a esos cerdos. Nadie realiza un proceso productivo si no genera un valor agregado, o mejora la rentabilidad. Si bien esa rentabilidad aumenta de manera considerable esquivemos llevarnos por números que nos confunden. Como ya habíamos aclarado uno de los objetivos principales del gobierno es conseguir divisas. Si observamos nuestras exportaciones, el 10 % de los dólares que entran son por la exportación de cereales en grano, si en vez de exportar sólo granos utilizamos una parte en la cría de cerdo, el producto final mejorará nuestra balanza comercial sustancialmente, de hecho este es uno de los caminos más rápidos para conseguirlo.

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Si hablamos del trabajo, los números de 2020 son angustiantes. Se pronostica una caída del 12% del PBI y un 13% de desempleo que agrava el preocupante 10% que dejó el 2019; estamos hablando de nada menos que de 1.4 millones de personas que engrosan la categoría de desocupados. En este momento entre tanta vorágine de números, contextos y comparaciones, hay que detenerse un poco en este ítem. La angustia social que se vive en este momento es grave y la pérdida del sustento de una manera tan repentina como la que está sucediendo enciende las alarmas. Está claro que más que nunca las soluciones deben ser integrales, la crisis no es sólo económica, es social. Recuperar y mejorar el circuito de la economía  es tarea prioritaria del gobierno, del sector privado y de cualquier organización.

La inversión promete 9.500 puestos de trabajo directos, lejos del listón de las 1.4 millones de personas. La relación inversión/creación de puestos de trabajo es muy flexible, depende mucho en qué se invierta y  dónde se invierta. El sector agropecuario si bien viene aumentando sistemáticamente su producción durante décadas,  no crea con la misma velocidad  puestos de trabajo. Durante el período 1993-2010 el valor agregado del sector agropecuario aumentó un 77%,  sin embargo la mano de obra creció sólo el 4%, agreguemos que el trabajo rural se caracteriza por su informalidad y precarización. Otro dato no menor es que han desaparecido 83.000 pequeños y medianos productores en los últimos 16 años; en este punto, cabe especificar que el 80% del cereal argentino es producido por el 20% de los productores y el restante 80% produce sólo el 20%. Hace mucho que la concentración de todo el sector agropecuario se acentúa ¿Es ésta la manera de desandar ese camino?

La actividad intensiva en el campo no requiere de mucha mano de obra. Por ejemplo, según un estudio, un comercio genera un puesto de trabajo directo por cada U$S25.000 o U$S35.000. La inversión china de U$S3.500.000 generaría 9.500 puestos de trabajo, es decir, por cada U$S263.000 de inversión se genera un puesto de trabajo directo. La componente de concentración es clave para entender este fenómeno. El inversor está interesado en la rentabilidad, la rentabilidad viene de la mano de la actividad intensificada. La concentración si bien baja los costos económicos oculta otros costos que vamos a ver más adelante. Consideremos que el acuerdo va a necesitar como socios a empresarios argentinos para su funcionamiento, loteos, tecnología, alimentos para proveer las granjas, frigoríficos, salas de faena. En total son 25 granjas de 12.000 madres cada, con una producción de entre 150.000 a 400.000 cerdos por granja cada año. Mientras más grande sean las unidades productivas más son las barreras de entrada u obstáculos que tienen los  socios argentinos de menor escala para participar  en el proceso.

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Como pueden ver las megas granjas escapan de la escala actual de división que propone el SENASA para la producción de cerdos.

La Federación Agraria ya planteó una postura clara con respecto al acuerdo. «Preferimos que haya muchos productores por provincia o región con módulos más pequeños para producir la cantidad necesaria para satisfacer las expectativas, diseminando productores que den trabajo y arraigo en el interior, antes de que haya solo una mega granja».

Mucho falta saber sobre la forma final que podría tener el acuerdo del memorándum con  China, los U$S3.500.000 ¿se invertirán también en mejoras de logística para ayudar a los actores más pequeños a entrar en la rueda? La logística escasea y mucho para los productores del interior –se suma la falta de caminos, salas de faena y frigoríficos-. En los últimos años el aumento de la producción de cerdos que tiene la Argentina no ha sido acompañada con la debida infraestructura a la que muchas veces sólo pueden acceder los productores de mayor magnitud.

Otra cosa a tener en cuenta es que el cerdo no es el último eslabón de la cadena productiva, hay productos de mayor valor agregado que se pueden manufacturar a partir de esta actividad pecuaria. Uno de los principales son los chacinados o salazones –obviando las diferencias técnicas entre las definiciones son los fiambres- que se procesan a partir de las vísceras y la sangre del ganado. Actualmente, Argentina ocupa alrededor de 13 mil trabajadores en esta industria. Aumentar la producción de cerdos en 1 millón anual en distintos sectores geográficos abre un abanico de posibilidades muy interesante. Otro producto derivado del cerdo es la grasa que se utiliza en la industria alimenticia; esta misma grasa a futuro y quizá a largo plazo por su incipiente desarrollo, se puede destinar a la producción de energía como el bioetanol .

También es factible generar biogás; en la actualidad hay más de cien plantas de biogás en el país, en algunos casos (pocos) cuentan con la capacidad de abastecer energéticamente a miles de personas. La existencia de granjas de cerdos, beneficia la posibilidad logística de concentrar los desperdicios del cerdo para abastecer a grandes biodigestores que produzcan energía en sus proximidades. Hay un debate en paralelo referido al aprovechamiento del biogás ya que estos biodigestores, en su mayoría, no aprovechan su capacidad para la producción de energía sino que lo hacen para el tratamiento de efluentes.

Hasta ahora hemos eludido el principal debate sobre este megaproyecto. Si bien es obvio que las inversiones son positivas para la situación económica, a pesar de que puede haber peros en cómo se distribuyen, quiénes son los beneficiarios y de qué manera puede ser un paso para la reactivación económica del país, el gran interrogante es: ¿cuál sería el costo? y hablo de un costo oculto que es difícil de estimar y más aún de cuantificar. En su momento, el uso del glifosato generó controversias, pero no por eso se impidió su uso masivo, hoy, cada día, es menor el debate y más fáctica su relación con el cáncer en las zonas donde se utiliza.

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Para poder ir desarrollando el impacto medioambiental que pueden llegar a tener las mega granjas de cerdos vamos a abordar como primer tema la gran cantidad de agua requerida para la crianza de cerdos, hablamos nada más y nada menos que de 6000 litros de agua por cada kilo de cerdo producido. También podemos considerar otra cifra, 10 litros por cerdo por día, es decir unos 1.5 a 4 millones de litros por granja. La relación entre la presencia de grandes cuerpos de agua y la ubicación de las granjas es muy importante lo cual nos deja con dos preocupaciones: La distancia prudencial de las granjas con respecto a las poblaciones humanas que generalmente se encuentran cerca de los grandes cuerpos de agua y también la posible contaminación del  agua por la deposición de desechos. Esta problemática es solucionable con la infraestructura adecuada. Acueductos que conduzcan el agua a distancias seguras para la salud humana y biodigestores con la capacidad adecuada para tratar todos los desechos de los cerdos.

Si pensamos en la causa por la que China busca invertir en la producción de cerdos en Argentina, encontramos otro problema medioambiental. China. Desde hace varios años, sufre de otra pandemia, la de los cerdos: la Peste Porcina Africana (PPA) aqueja al país asiático; esta enfermedad es extremadamente contagiosa y tiene 100% de letalidad en los cerdos. Cuando se encuentra un caso se suele sacrificar a la granja entera para evitar su propagación. Es la principal razón por la cual la producción del cerdo a nivel mundial ha decaído, en especial,  en China. El riesgo de criar los cerdos en su país los obliga a buscar países con las condiciones adecuadas y Argentina cumple con todos los requisitos. Abundante agua potable, organismos de control agropecuario de primerísimo nivel INTA y SENASA y por sobre todo, alimento en abundancia, mucho maíz (tercer exportador de maíz del mundo) y soja. El hecho que se aumente el número de cerdos no implica per sé que esta enfermedad aparezca en nuestro país y es una realidad que  el desarrollo tecnológico del sector agropecuario facilita un horizonte de posibilidades.

En nuestro país tenemos Ministerio de Ganadería y Agricultura hace más de 100 años, con organismos reguladores fuertes;  en paralelo tenemos el Ministerio de Trabajo y de Salud para atender personas desde la década del 50. Sin embargo cabe  preguntarnos,  ¿es prudente agrupar cerdos de a 150.000 o 400.000 en un solo lugar siendo que existe un virus que puede exterminarlos a todos en sólo dos semanas? Señalemos que países con tradición en el criado de cerdos han lidiado con esta enfermedad, un caso es el de Dinamarca que en un área menor a la provincia de Buenos Aires cría hasta 8 millones de cerdos al año,  contra los 6 millones de nuestro país en toda su extensión. A pesar de tener que enfrentar a la PPA perdieron solo el 2% de la población de sus cerdos. El riesgo pandémico de agrupar animales de manera masiva existe, no quita que en los países que se aplican adecuadas medidas de bioseguridad dejen de producirlos intensivamente  por los beneficios económicos que reditúan, aunque las condiciones impliquen  grandes riesgos.

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Ahora hablemos de la otra pandemia, ¿al firmar este acuerdo con China estamos importando, el nuevo Sars-covid 19? El  sars covid-19,  el sars cov-2, la gripe porcina h1n1 son enfermedades zoonóticas, en este caso virus que por alguna mutación los animales empiezan a contagiar a los seres humanos. El origen del Covid comenzó en un lugar tan lejano como Wuhan, China, pero el virus no tiene fronteras y causa estragos en la salud y en la economía de todos los países del mundo. Recordemos que nuestros principales compradores de maíz en granos, son grandes productores y exportadores de cerdos a nivel mundial. Es una falsa contradicción preocuparse más por el brote de una enfermedad zoonótica en nuestro país en el cual podemos supervisar las condiciones de bioseguridad, que confiar en un país donde no tenemos injerencia y desconocemos los métodos de control utilizados.

En nuestra historia como civilización desde que hubo crianza de animales hemos convivido con esta clase de enfermedades. El peor de los casos conocidos es la peste bubónica o peste negra;  una enfermedad que tuvo origen en los roedores que se reproducen en lugares donde hay mucha comida, falta de higiene y hacinamiento animal y humano; esta peste causó que la población mundial caiga de 450 millones de habitantes a 375 millones en tan sólo cinco años.

Otro ejemplo para que nos demos cuenta de  la relación de la zoonosis con el ser humano es la conquista de América. Es común saber que los tripulantes de los barcos trajeron de Europa  enfermedades y pandemias que acabaron con el 90% de la población nativa en pocos años. El navegante europeo ya tenía las defensas y los antígenos para ser inmune a esas enfermedades, pero las comunidades autóctonas carecían de defensas. Lo que no es común preguntarnos es ¿y qué pasó con las enfermedades de América para  las cuales los europeos no tenían protección? La lógica nos debería indicar que éste tendría que haber sido un puente con dos manos, el virus o los virus americanos deberían haber sido transportados a Europa para producir una pandemia aun mayor, pero esto no sucedió. La causa de este fenómeno es que la crianza de animales de manera Intensiva no era algo común en el nuevo continente, los animales domésticos eran pocos y pequeños. No más grande que una llama y ni por asomo eran criados en número como en Europa. La cría intensiva de animales en Oriente, Europa y Asía fue una ventaja fundamental que explica su desarrollo en comparación con América. Al mismo tiempo la explotación sin cuidado de estos animales fue la causa de  muchísimas enfermedades que hoy conocemos. La conclusión, es que la crianza de animales de manera intensiva está muy ligada a las enfermedades zoonóticas, ya sean virus o bacterias. Los controles para la crianza de estos animales deben ser estrictos, de primera calidad para evitarlas en lo posible. Para eso debemos  hacer cumplir al empresariado todos los requisitos necesarios para priorizar la salud por sobre la ganancia. Y debemos repensar las escalas de producción propuestas en acuerdos como los que se proponen.

El hecho de la existencia de enfermedades zoonóticas y su riesgo deja en la lupa cualquier sistema de crianza y producción intensiva de animales. De a poco otro modo de producción entra  en el debate e imaginario no sólo de nuestro país, se refiere a una producción extensiva, agroecológica y sustentable. Es un hecho que el animal no sufre de la manera que lo hace hacinado en un corral granja o jaula y se aminora el riesgo de la transmisión de enfermedades tanto entre animales como de transmisiones zoonóticas. También es un hecho que el precio de la carne sería inaccesible para un sector aún más  grande de la población.

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El último tema que se va a desarrollar son los argumentos del especismo, o el derecho de los animales. Hasta aquí, se trató a los cerdos como un producto y no como una especie sujeta a  derechos por los que se impide la cría intensiva de animales para consumo humano; esta  suposición invalida toda argumentación y vacía de legitimidad al acuerdo con China. El especismo hoy en día reúne a grupos minoritarios organizados en defensa de los derechos animales, tiene argumentos a la hora de exponer sus ideas. El primero de ellos es el hecho que los cerdos son seres vivos. La mayoría de las personas se indignaría al pensar en criar animales domésticos que se consideran mascotas para utilizarlos como alimento, mucho menos estaría de acuerdo en criarlos de manera intensiva, hacinados en jaulas, corrales, granjas en los que apenas se pueden mover, donde tampoco  existe la luz del sol y son medicados con antibióticos para promover su engorde. La diferencia moral de cada persona o cultura con los distintos animales queda a criterio y discusión. El segundo argumento es que si bien la carne animal o proteína animal fue un alimento extra que permitió el desarrollo y alimentación humana tal como la conocemos, hoy en día no sólo no es necesaria sino que es la manera más ineficiente de alimentar a la humanidad. Las cifras son elocuentes: 23 billones de gallinas, 1.5 billones de vacas, 1 billón de cerdos y 1 billón de cabras es la población de animales para consumo humano.  El 83 % de las pasturas del planeta están dedicadas al sustento de animales  y el 27% del agua potable mundial se utiliza para su crianza. De las proteínas y carbohidratos que se utilizan para alimentarlos el 83 % se produce en la región agraria pero sólo el 4% termina en la carne que consumimos. El 96% restante lo utiliza el animal para poder sobrevivir.

El costo de la carne no es sólo monetario, el costo de la carne existe en el costo de oportunidad por el que desperdiciamos 96% de las proteínas y calorías que podríamos utilizar para alimentar a seres humanos, por el sólo hecho de comer carne. Si les diéramos a humanos la comida que destinamos a los animales se podría alimentar a 3.5 billones de personas más. También existe un costo por el daño ambiental que producimos para habilitar nuevas tierras para la cosecha de cereales y la consecuencia de desmontes a lo ancho y largo del planeta. Además, estos animales colaboran con el 15% de los gases invernadero que producen el calentamiento global, más que todos los autos, barcos, aviones, trenes que utilizan combustible fósil combinados. Y por último, el 80% de los antibióticos que produce el planeta está dedicado a mantener vivos a los animales, criados en condiciones de hacinamiento de forma intensiva; sin esos antibióticos los animales no sobrevivirían.

Los problemas que plantea la sustentabilidad de la producción de carne no se soluciona con el criado agroecológico  ya que este tipo de crianza consume aún más recursos, lo que la hace inviable a la escala del consumo que existe hoy en día. El dilema del especismo de a poco va calando en la sociedad y negar su existencia y sus argumentos es una actitud necia. La solución más sencilla es que la gente deje de comer carne, aunque lejos estamos de eso; año a año el consumo de carne crece a un ritmo como nunca antes existió.

Otra posible solución que se observa en el horizonte es la carne artificial creada en laboratorio, carne que no perteneció a un ser vivo. Si bien todavía no es una realidad y el costo es extraordinariamente elevado, de U$S9000 el medio kilo, por lo que es inaccesible, pero como es una tecnología en etapa de investigación y desarrollo es probable que los costos vayan reduciéndose. En las próximas décadas está tecnología podría sustituir cualquier tipo de criado de animales, ahorrando no solo su sufrimiento, también recursos y cambios negativos para el planeta. Esta alternativa implica que las granjas de cerdos que se hayan instalado serán reemplazadas y las utilidades que generen desaparecerán.

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Como conclusión, quiero destacar que administrar cualquier variable de la actividad humana que afecte a la vida de manera significativa debe ser tomada con  pinzas y vista desde la lupa. Es muy fácil proponer el sí o el no en ciertas situaciones, mucho más difícil es plantearnos el por qué suceden ciertas cosas, y cómo debemos proceder para concretarlas en beneficio de todos. Tratar de juntar posiciones y compartir la información y posturas no es solo recomendable sino que es necesario en un mundo donde todo parece reducirse a una discusión entre dos bandos. Tomar decisiones no es tan sencillo como apretar un botón de prendido o apagado, ni siquiera es un dial con el cual podemos ajustar cuan poco o mucho realizamos tal actividad. Es un tablero enorme en donde cada variable afecta a las demás y a veces hasta resulta impredecible desde la teoría saber las consecuencias de la práctica. La práctica es necesaria para el aprendizaje, el debate es indispensable para buscar alternativas, la cautela y la prudencia son imprescindibles.

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