El estruendo del cañón de Obligado resonó en mi corazón

20 de noviembre. Día de la soberanía Nacional.

La intencionalidad política de la institucionalización del día de la soberanía  

La efeméride del día 20 de noviembre como el Día de la Soberanía fue ideado por el historiador revisionista José María Rosa, cuya tarea más relevante ha sido, sin dudas, la reivindicación de la figura política de Juan Manuel de Rosas, porque según el mismo historiador señala “me daba cuenta de que había algo en la historia argentina que no coordinaba bien con lo que se enseñaba en los libros de texto, discursos escolares y homenajes académicos” (Rosa, 1978:59).

Transcurría el 1973. En aquellos turbulentos y violentos tiempos en los que las 20 verdades peronistas eran puestas en duda, sobre todo por las organizaciones juveniles, se estaba gestando lo que los historiadores designaran como el tercer peronismo (1973-1976). Sólo hacía unos meses que había muerto Juan Domingo Perón, quien después del exilio había logrado regresar al país y convertirse, elecciones mediante, en presidente de los argentinos por tercera vez. Resultaba urgente volver a delinear y reconstruir el proyecto político de raigambre nacional y popular, que anclara en los principios fundacionales del peronismo.

En este complicado escenario político, ese mismo año comienza a debatirse el proyecto de ley que planteaba la institucionalización del 20 de noviembre como el día de la soberanía. En aquella oportunidad, el senador Salteño Juan Carlos Cornejo Linares argumentó para su aprobación que

(…) a un Estado no le basta con la declaración de su independencia y el reconocimiento por los demás Estados de la tierra para ser una nacionalidad. Necesita que se lo respete en el pleno uso de sus derechos interiores y exteriores. Es decir, necesita hacer valer su soberanía.
Ninguna afirmación en este sentido existe en nuestra historia patria que tenga más fuerza y elocuencia que la de la heroica batalla de la Vuelta de Obligado. De allí que, con el presente proyecto de ley declarando fiesta nacional su aniversario, busquemos prolongar esta afirmación de soberanía en el tiempo, para ejemplo permanente de las nuevas generaciones argentinas.

Al año siguiente, se volvió a tratar el proyecto con algunas modificaciones en las sesiones ordinarias del Congreso y siguiendo las reiteradas sugerencias de José María Rosa, finalmente se sancionó la ley N° 20.770 el 16 de septiembre de 1974, que disponía como día de la Soberanía el 20 de noviembre de cada año en conmemoración del combate de la Vuelta de Obligado, librado el 20 de noviembre de 1845.    

Sin embargo, con anterioridad a la sanción de la ley que legalizó la legitimidad precedente de la fecha. El primer acto oficial para conmemorar el Día de la Soberanía tuvo lugar el 20 de noviembre el 20 de noviembre de 1953 durante la segunda presidencia de Perón. En esa oportunidad, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Aloé expresó en su discurso que “este es el homenaje que el General Perón rinde a los héroes que murieron por la defensa de la soberanía nacional”.

En este mismo sentido, en 1973, de nuevo en Buenos Aires, con Bidegain como gobernador, cuando Perón comenzaba a ejercer su tercera presidencia, el entonces ministro del Interior Benito Llambi hizo uso de la palabra frente a una eufórica multitud y a modo de declaración pública del proyecto político del gobierno, expresó enfáticamente: 

Obligado y su mensaje no son pasado, son también presente y porvenir inmediato. Las constantes históricas siguen operando en toda su fuerza. Nuevos modos y métodos más sofisticados han sustituido a los antiguos procedimientos de colonización. La balcanización y los propósitos de sometimiento, tienen vigencia latinoamericana. También la tienen su integración y su independencia. Las banderas de Obligado permanecen como nuestras banderas. Son las banderas que han regresado al gobierno, con el Teniente General Juan Perón. El, desde su alta condición de conductor del pueblo argentino, y de abanderado de las naciones del Tercer Mundo, ha señalado con sintética objetividad la tarea a encarar: el año 2000 verá una América Latina unida o sometida. Estas es nuestra tarea. Esta es la tarea argentina. Y la tarea latinoamericana. Este es el estilo de vida que se desprende de la batalla de la Vuelta de Obligado. Esto es lo que reconocemos como herencia de un pasado del que nos sentimos orgullosos, y que son las únicas opciones que han de asegurarnos el porvenir, del que puedan enorgullecerse nuestros nietos”.

Sólo faltaba sumar a la conmemoración, la celebración y el festejo por la existencia de un día dedicado especialmente a recordar la Soberanía Nacional. Atendiendo a la necesidad de continuar refundando el discurso patriótico, y en el marco de las festividades por el bicentenario de mayo, en 2010, la presidenta de la Nación Cristina Fernández, en acuerdo general de ministros estableció mediante el decreto N° 1584, que el 20 de noviembre de cada año sería feriado Nacional. Los motivos de esta decisión fueron, según se explica en el texto del documento oficial, porque el hecho que se menciona es

uno de los hitos más importantes de nuestra Nación (…) El 20 de noviembre de 1845, en la batalla de Vuelta de Obligado, algo más de un millar d argentinos con profundo amor por su patria, enfrentó a la Armada más poderosa del mundo, en una gesta histórica que permitió consolida definitivamente nuestra soberanía nacional. En dicha época existía un contexto político interno muy complejo y con profundas divisiones que propiciaron un intento de las entonces potencias europeas, Francia e Inglaterra, por colonizar algunas regiones de nuestro país. Por medio de la Ley N ° 20.770, se instauró el 20 de noviembre como Día de la Soberanía, en conmemoración de la batalla de Vuelta de Obligado la que, por las condiciones en que dio la misma, por la valentía de los argentinos que participaron y por sus consecuencias, es reconocida como modelo y ejemplo de sacrificio en pos de nuestra soberanía contribuyendo la citada conmemoración a fortalecer el espíritu nacional de los argentinos, y recordar que la Patria se hizo con coraje y heroísmo.

Lo que se dice sobre el 20 de noviembre

Cuando los y las ciudadanas se preguntan por qué el 20 de noviembre es Feriado Nacional, la respuesta más simple es que esa fecha recuerda el día en el que se produjo la Batalla de la Vuelta de Obligado y en el calendario Oficial de las efemérides esta conmemoración lleva el nombre del “Día de la Soberanía Nacional”.

Alguien más curioso puede buscar información en las bibliotecas digitales o en las plataformas educativas y accede sin mayores dificultades a narraciones que describen el episodio mencionado, generalmente, de manera lineal tratando de resaltar la importancia que tuvo esa batalla, ese acontecimiento mínimo de la historia local, para la construcción y la defensa de la idea fundacional de soberanía como estandarte de un país “libre de toda dominación extranjera” como alega la declaración de la independencia rubricada en 1816.

Por ejemplo, se puede seleccionar arbitrariamente, el texto publicado en el Portal Argentina.gob.ar el 20 de noviembre de 2019. Allí se lee

La batalla de la Vuelta de Obligado, en 1845, marcó un hito por el cual, cada 20 de noviembre, se conmemora y celebra el Día de la Soberanía Nacional.

Ese día, soldados argentinos repelieron la invasión del ejército anglo-francés, que pretendía colonizar los territorios de nuestro país. Pero el Gobierno de Juan Manuel de Rosas, respaldado desde el exilio por el general José de San Martín, preparó una resistencia y lo impidió.

Las fuerzas invasoras buscaban ingresar por el Paraná. Sin embargo, las tropas nacionales, al mando de Lucio Mansilla, se anticiparon en un estrecho recodo de ese río: la Vuelta de Obligado, en el distrito bonaerense de San Pedro.

El número de fuerzas enemigas superaba ampliamente en cantidad y modernidad de su armamento a las argentinas, que sin embargo no se amedrentaron y pelearon durante siete horas. De este modo, lograron que las tropas adversarias no pudieran ocupar las costas, objetivo necesario para poder adentrarse en el territorio argentino.

La resistencia a la invasión extranjera logró la defensa del país en términos de fronteras y comerciales, ya que se evitó que colocaran en el mercado los productos extranjeros desplazando a los artículos locales.

El acontecimiento sirvió para ratificar y garantizar la soberanía nacional, implicó la firma de un tratado de paz entre Argentina, Francia y Gran Bretaña, y quedó grabado en la historia como un símbolo de independencia, libertad y unidad nacional.

Esta descripción de los hechos suele hacerse cada año casi a manera de recordatorio corriendo el riesgo, cada vez que se repite de manera sintética y descontextualizada, que pierda el sentido que se le otorgó inicialmente cuando se eligió la fecha para transformarla en una efeméride que, junto con las otras – 24 de marzo, 2 de abril, 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio, 17 de agosto, 11 de septiembre, 12 de octubre-, colabora en el entramado del discurso mítico que busca explicar los orígenes de la nación argentina y la construcción del Estado Nacional.

Sin embargo, resulta importante resignificar este acontecimiento mínimo e inscribirlo en el contexto en el que se produjo. Se trata de realizar una relectura del “20 de noviembre” que colabore y permita visibilizar las intenciones que llevaron a convertir a esta batalla en un hito fundante de la soberanía nacional.

Lo que se debería recordar sobre el 20 de noviembre

En la década de 1840, Juan Manuel de Rosas era el gobernador de la provincia de Buenos Aires, pero detentaba el poder político en todo el territorio de la Confederación Argentina. Ejercía plenamente la representación de las relaciones exteriores, facultad que le era delegada y renovada periódicamente por los gobiernos provinciales.

En ejercicio de esta facultad, aceptó apoyar a Manuel Oribe que hacia tiempo se había refugiado en Buenos Aires. El líder oriental, jefe de la facción blanca -análoga a la facción federal, liderada por Rosas-, había sido destituido de la presidencia por su opositor político, Fructuoso Rivera que comandaba la facción roja, opositora a la blanca y análoga a la facción unitaria. Ambas agrupaciones conspiraban, desde ambas riberas del Río de la Plata, para lograr la destitución del gobernador de Buenos Aires, a quien se lo solía definir como un tirano y un déspota que recortaba las libertades individuales y censuraba cualquier pensamiento que no coincidiera con su perspectiva política.

El enfrentamiento civil entre las facciones uruguayas, no era un problema de política interna de un estado nacional independiente, sino parte de un conflicto regional que los historiadores han dado en llamar La guerra Grande (1839-1851).

La conflictividad se desplegaba debido a la adhesión pública que Rosas hacía del proyecto Oribista y la defensa de su líder, a la participación y la alianza realizada por Rivera con las autoridades del Imperio del Brasil que vieron, una vez más, la oportunidad de avanzar territorialmente sobre la Banda Oriental y finalmente, cumplir con el plan estratégico diseñado desde los tiempos coloniales que consistía en apropiarse de la desembocadura del río de la Plata y también por la intervención diplomática y militar de Gran Bretaña, aliada comercial de Brasil desde los tiempos coloniales, que reproducía en América su alianza comercial con Portugal en Europa y de Francia, que se encontraba en pleno proceso de institucionalización de su política imperialista de ultramar.

En el caso que nos ocupa, los adversarios políticos de Oribe y de Rosas -el partido rojo en Uruguay y los unitarios en la Confederación- buscaban, a través de las alianzas con sus aliados extranjeros, conseguir el respaldo político y militar necesario para desintegrar la Confederación. El objetivo final era impedir cualquier acción tendiente a reconstruir la territorialidad colonial, desde una perspectiva integracionista e inclusiva, de los estados nacionales emergentes luego de las guerras por la independencia.

En consecuencia, resulta relevante inscribir la batalla de la Vuelta de Obligado en el relato macro histórico de la prolongada puja ideológica, política y económica que protagonizaron las distintas facciones de las burguesías criollas locales que, en los territorios recientemente independizados, pugnaban por lograr la hegemonía e imponer un modelo de estado nacional que resguardase sus intereses de clase.

Simultáneamente, para las potencias centrales europeas estas condiciones eran convenientes porque, con el pretexto de mediar en el conflicto y lograr la pacificación en la región, pretendían convertir a los noveles estados latinoamericanos en mercados seguros para la colocación del exceso de su producción industrial. Así, mientras daban cuenta de su poderío imperialista, lograban avanzar sobre territorios de alto valor geopolítico a través de la libre navegación del estuario del Río de la Plata y de los ríos interiores.

 El fracaso de las negociaciones diplomáticas fue la excusa para bloquear el puerto de Buenos Aires y las costas de la Confederación Argentina, para capturar la escuadra comandada por el Almirante Brown y para desembarcar y ocupar la isla Martín García. En noviembre de 1845,

la flota anglo – francesa pretendió abrir por la fuerza la navegación del Paraná, pero fue interceptada en la Vuelta de Obligado por las tropas de la Confederación. La resistencia fue terrible (20 de noviembre), pero las escuadras invasoras lograron avanzar, custodiando un centenar de buques mercantes que llegaron hasta puertos correntinos y paraguayos. Sin embargo, las poblaciones ribereñas hostilizaron continuamente al convoy, y la resistencia opuesta por las baterías terrestres de Tonelero, San Lorenzo y Angostura del Quebracho hicieron desistir a los invasores de nuevas expediciones (Pérez Amuchastegui, 1968:305).

La intervención armada de Francia y Gran Bretaña y la consiguiente resistencia ofrecida por las fuerzas militares locales tuvieron gran repercusión en los más diversos círculos políticos europeos y americanos. Abundaron las condenas a las acciones prepotentes perpetradas por los estados imperialistas europeos. En este sentido, la carta enviada por San Martín dirigida al cónsul general de la Confederación Argentina en Londres, George Frederick Dickson, en diciembre de 1845 y posteriormente publicada por el diario londinense “The Morning Chronicle” el 12 de febrero de 1846, confirma que

el objeto que se han propuesto (…) según mi íntima convicción, desde ahora le diré a usted que no lo conseguirán (…) el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América (sobre todo en Argentina) la misma influencia que lo sería en Europa: el sólo afectará un corto número de propietarios, pero la masa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países, le será bien indiferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante las hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo un momento podrán apoderarse de Buenos Aires con más o menos pérdidas de hombres y gastos, pero estoy convencido que no podrán sostenerse por mucho tiempo en posesión de ella: los ganados, primer alimento, o por mejor decir, el único del pueblo, pueden ser retirados en muy pocos días a distancia de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte; los pozos de las estancias inutilizados, en fin, formando un verdadero desierto de 200 leguas de llanuras sin agua ni leña, imposible de atravesarse por una fuerza europea, la que correrá tantos más peligros a proporción que ésta sea más numerosa, si trata de internarse. Sostener una guerra en América con tropas europeas, no sólo es muy costoso, sino más que dudoso su buen éxito para tratar de hacerla con los hijos del país; mucho dificulto y aun creo imposible encuentren quien quiera enrolarse con el extranjero (…)   

José de San Martín tenía razón. Para concluir el conflicto los tratados de paz se firmaron por separado. Con Inglaterra se concretó en 1848 cuando el gobierno inglés se hizo eco de la opinión pública que, en general cada día hallaba más antipática esa intervención por considerarla arbitraria e inconducente.

Con Francia, se efectivizó el acuerdo de paz en 1850, luego de un arduo e intenso debate en la Asamblea Nacional que se clausuró cuando unos de los funcionarios de la Segunda República Francesa, leyó ante los presentes un memorándum elaborado por José San Martín en el que planteaba, de forma contundente, que Francia estaba imposibilitada de imponerse militarmente en el Plata y que aconsejaba una rápida solución al conflicto para evitar a Francia un vergonzoso fracaso.

Así, la Batalla de la Vuelta de Obligado tuvo gran repercusión debido al enfrentamiento en sí mismo, por las estrategias utilizadas para enfrentar a adversarios con una vasta experiencia en guerras navales y por la convicción que sostenía a los soldados para defender los territorios nacionales frente a la intervención armada a las dos potencias imperialistas de mayor prestigio.

Además, este episodio fue importante, por sus consecuencias. La invalorable participación de Felipe Arana, a quien Rosas había designado como Ministro de Relaciones exteriores de la Confederación, y de José de San Martín que llevaron adelante las acciones diplomáticas para lograr la resolución del problema con una eficiencia poco común por aquellos años, invistieron  a estas  negociaciones de una jerarquía política excepcional que lograron colocar a la Confederación Argentina y al Gobierno de Juan Manuel de Rosas en un importante lugar de honorabilidad internacional.

No es extraño entonces, leer en una publicación francesa de 1850, que

el general Rosas personifica hoy, incuestionable y absolutamente, la política interior de la Confederación Argentina, y se puede decir lo mismo respecto de la política exterior, en la que se hallan en juego idénticos elementos y en la que igual fin se persigue obstinadamente. Esta política está colmada de incidentes y de querellas, pero no se puede negar que tiene el sello de un notable vigor y se apoya en una singular fuerza de opinión. Es la expresión de un sentimiento nacional robusto, hasta extremo si se quiere, que se ha robustecido y extremado todavía más, sin duda alguna, a raíz de los conflictos que desde hace varios años han venido agitando las márgenes del Río de la Plata. (Annuaire de deux mondes, París, 1850)

Epílogo mínimo para un nuevo prólogo

No hay dudas que el relato de la defensa de la soberanía simbolizada en la batalla de la Vuelta de Obligado comenzó a construirse y legitimarse casi simultáneamente al momento en el que produjo. Sin embargo, habría que esperar la decisión política de gobiernos que, aunque en distintas épocas y a pesar de las diferencias, coincidieran en la necesidad de sostener los principios constitutivos de la nacionalidad. Esta concurrencia ideológica, habilitó primero a convertir a este acontecimiento en un episodio fundamental para la construcción de la identidad nacional y luego, a transformarlo en una celebración de la argentinidad.    

Así, para finalizar este ensayo y como invitación para continuar reflexionando respecto de la necesidad permanente de reconstruir, desde el presente, los sentidos políticos de las efemérides, resulta pertinente recuperar las palabras dichas por la entonces presidenta en el acto realizado en el espacio de memoria donde se produjo la batalla, el 20 de noviembre de 2010. Entre otras cuestiones destaco que “hoy, más que nunca, debemos resignificar lo que es la lucha de la soberanía, que ya no pasa por ocupaciones territoriales y acciones militares, sino por el campo de las ideas y en la decisión de construir un proyecto de nación”.

No será una tarea fácil, pero es necesaria. En esta época de pasiones tristes -como anuncia Francois Dubet- es indispensable reconstituir el significado de aquellas palabras apasionadas dichas en 1845 por Martiano Chilavert, al enterarse del resultado final de la batalla: “el estruendo del cañón de Obligado resonó en mi corazón; desde este instante un solo deseo me anima: el de servir a mi patria en esa lucha de justicia y de gloria”. Ojalá.


Bibliografía

A.A.V.V, (1968). Crónica histórica argentina. Tomo 3. Editorial Códex. Buenos Aires.
Font Ezcurra, Ricardo, (1961). La unidad Nacional. Editorial theoría. Buenos Aires.
Goldman, Noemí (directora del tomo), (1998). Nueva historia argentina. Tomo 3. Revolución, república, confederación (1806-1852). Editorial Sudamericana. Buenos Aires.
Hernández, Pablo (1978). Conversaciones con José María Rosa. Editorial Colihue/Hachette. Buenos Aires.
Zelmanovich, Perla (1994). Efemérides, entre el mito y la historia. Paidós. Buenos Aires.

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