“El Enviado” de Gustavo Abrevaya y Martín Killian

El horror de la violencia que destilan los poderes de facto

Tapa «El enviado»

Lo primero que se va a preguntar, a cuestionar, quien termina la lectura de El Enviado es si la historia que acaba de entrar a su vida “es verdad”.

Seguramente pensará algo confundido, algo confundida: ¿Pero esto pasó ciertamente en nuestro país? ¿Los hechos que narra este libro “de ficción” transcurrieron así como acá se describen? Lamentablemente esas preguntas no podrán hallar una respuesta definitiva, cortante, ya que en la historia contemporánea argentina tanto les calzaría un si como un no.

Ubicada dentro del género de “novela negra”, este texto escrito a cuatro manos nos transporta a la histórica jornada del 25 de mayo de 1973: el Peronismo rompía 18 años de proscripción, persecuciones y represión y se hacía nuevamente del poder en las primeas elecciones presidenciales en las que lograba participar después de las de 1951. Ante el desborde multitudinario y la alegría juvenil, una sombra buscaba impedir el brillo de ese día único: veremos a el enviado ingresar a la casa de gobierno con un bulto misterioso que porta un explosivo buscando abortar la fiesta popular y producir un claro mensaje mafioso hacia el nuevo gobierno.

¿Pero enviado de quién? y ¿buscando concretar qué venganza? Poco se sabrá de este hombre que había sido resguardado días antes en una casa del gran Buenos Aires hasta el momento preciso en que debía entrar en acción. Sorprendido al intentar ingresar a la casa rosada será remitido esa misma tarde a la Unidad 20 del Hospital Psiquiátrico Borda, no sin antes recibir “las atenciones” de una policía represiva que no se retiraba del escenario político sino que simplemente se sentaría a esperar el desgaste del gobierno entrante.

En la habitual vida del psiquiátrico el enviado del que solo se sabe (¿se sabe realmente o solo se intuye?) que se llama Vittorio, que sería oriundo de Italia, entrará en relación con uno de los profesionales que lo atienden, el dr Arancibia, y con el enfermero Malvassi, quienes cometerán un grave error en un país que rápidamente descendía al infierno de los años de plomo: pretender saber la verdad de las cosas, intentar conocer en este caso quién era este hombre extraño que no encajaba en la institución, cómo había llegado al hospital, por qué permanecía silencioso, sumiso, por momentos alerta, por momentos sumamente manso.

Imbricando ficción y realidad Gustavo Abrevaya y Leonardo Killian nos sumergen en este callejón que nos derivará, inclusive, hasta la increíble y perversa amputación de las manos del cadáver del gral Juan Domingo Perón en pleno gobierno alfonsinista: ¿era el enviado un hombre remitido desde Europa con el objetivo de concretar una venganza a un pacto preexistente?  ¿formaba parte del ejército de hombres al mando de Licio Gelli el capo italiano de la P2?

El Enviado desnuda algunos de los hechos fundamentales que han ido dándole forma a la historia argentina contemporánea, plagada de secuestros, desapariciones, represión y sangre derramada; aunque también atravesada por gestos valientes, compromisos irrenunciables, corazones abrazados a un ideario de justicia social, sueños alcanzables, alegrías colectivas.

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