“Confesión” de Martín Kohan

La memoria, ese animal que no descansa y suele moverse debajo de la tierra

Por las páginas de la última novela de Martín Kohan (Buenos Aires, Anagrama, 2020) desfilan hechos aparentemente disímiles y aislados pero que con el transcurrir de la historia se irán trenzando entre sí, según vaya avanzando la trama. Puentes invisibles se irán transformando en vasos comunicantes.

Así, iremos internándonos en la vida de una adolescente de una pequeña ciudad de la provincia de Buenos Aires –Mirta- que empezará a experimentar la llegada del amor adolescente y el despertar de su sexualidad.

Por otro camino, conoceremos los detalles de la organización de un atentado que buscaba terminar con la vida del máximo responsable político de la última dictadura cívico-militar.

Seremos testigos, en el tercer momento de la novela, de la relación de un nieto con su abuela -que no es otra que aquella adolescente que se había enamorado en la ciudad de Mercedes del hijo más grande de la familia Videla al comienzo del libro-, a quien visita periódicamente en el hogar donde ella habita. Abuela y nieto, mientras comparten una de sus tradicionales partidos de truco, irán recordando–quizás descubriendo- momentos familiares que fueron marcando sus días de una manera definitiva.

Además de la relación entre las personas, Martín Kohan va dejando en distintos lugares del texto mensajes, señales, imágenes de lo que sucede debajo de la gran ciudad. El subsuelo de Buenos Aires –como en el subsuelo de la historia que el libro narra, como el subsuelo de toda nuestra historia argentina- está surcado por numerosos arroyos, por numerosos misterios difíciles de conocer, difíciles de prever sus movimientos.

El entubamiento de esos hilos de agua invisibles que recorren los sótanos de la gran capital, no puede evitar las consecuencias de su pertinaz presencia, sino tan solo mitigarla momentáneamente para que la ciudad, olvidándolos, logre continuar con su trajín diario.

No obstante, el olvido es siempre a plazo fijo y esa presencia latente –la memoria- subsiste, sobrevive, respira y aspira a alcanzar la superficie ante el menor descuido. Confesión nos extiende su mano para que, al tocarla, florezca la memoria, desborden las aguas aparentemente invisibles, aparentemente olvidadas.

Abril 2015. En el marco de la 41a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Foto: Antonio Nava / Secretaria de Cultura

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