Vicentín: apuntes de una estafa

Avellaneda es una localidad del norte santafesino que recién ahora cobra notoriedad en los medios de difusión; muy poco sabíamos de su historia y la ligazón del Grupo Vicentín con esa ciudad. El profesor Pablo César Rolón escribe desde Avellaneda, su lugar de residencia y nos revela la trama del despojo económico y cultural que han sufrido los habitantes de esa región. Una mirada ineludible desde el lugar donde comenzaron los hechos.

Vicentin en los 90, no pensó en los intereses de la región y las familias de Avellaneda. Se fue al sur provincial con el argumento que aquí daba pérdidas. Cientos de familias quedaron en la calle. No hubo movilización ni tampoco escuché a los funcionarios del estado Municipal de Avellaneda levantar la voz con vehemencia. Siempre sostuve que estos popes del capitalismo no tienen moral, son amorales, tienen un libro contable bajo el brazo. Deben dar gracias los vecinos de la región, con respecto a lo que intenta hacer el gobierno nacional «salvar las papas» a un grupo económico que nos estafó a todos/as los argentin@s. Pregúntenle a los pequeños productores y a los acreedores, entre otros, qué opinan. Quieren cobrar y seguir produciendo. No se dedican a fugar los millones de dólares a paraísos fiscales. A esto debemos sumarle la estafa fraudulenta que han hecho al Banco Nación, una millonaria deuda que no tiene parangón en la historia económica Argentina. Deben agradecer, porque si esta empresa va a manos extranjeras no van a poder cacerolear, porque los van a indemnizar en el mejor caso, y en el peor a la calle esperando que la lenta justicia se expida. Nuevamente el Estado presente sostiene al sector privado, viene financiando el 50% de los sueldos de la empresa. Vergüenza e indignación me genera esta situación como vecino de Avellaneda. Hace mucho tiempo mi barrio Port Arthur, conocido popularmente como barrio fábrica dejó de serlo. Hace más de 20 años que el overol y los cascos amarillos entre algodones desaparecieron, los obreros no están más en el barrio, tampoco las filas de camiones con algodón y las desmotadoras. Hoy la capital del oro blanco, ya no existe, porque este cultivo fue reemplazado por otro: la soja. Tal vez persiste en el imaginario social de algunos nostálgicos el recuerdo de Don Pedro y los primeros fundadores. Pero esta empresa familiar en sus orígenes nada tiene que ver con la fuga de capitales de hoy. Sí, me acuerdo ver lágrimas y lamentos de familiares, amigos que quedaron sin nada y pasaron a engrosar la larga lista de   desocupados/as, en la triste historia neoliberal de los 90.

«Si tengo que elegir un “padre” elijo al Estado»

LA MANIPULACIÓN DEL PASADO
 
Ante el caso Vicentín… nos quieren robar la Historia

Avellaneda fue fundada en 1879, y pareciera que la historia comienza con la llegada de los inmigrantes. Lamento decirles que la historia no comienza allí, sino que esta tierra estaba habitada por la gran Nación abipona, mocovíes… entre otros pueblos de cazadores recolectores que no conocían de alambrados y propiedad privada. Gracias a las campañas del General Obligado fueron exterminados

¿Cuál es el ADN de Avellaneda? 

Es muy subjetivo y complejo responderlo, pero decirles que mi ciudad no sólo lleva la impronta de los inmigrantes: también fue forjada por criollos, cosecheros, hombres de piel oscura, descendientes de aborígenes, los otr@s actores invisibilizados  por el discurso del poder.

Existieron y existen muchos protagonistas sociales silenciados y/o negados que colaboraron en el crecimiento de esta ciudad. Tal vez no figuren en los anales de la historia de Avellaneda, por ser pobres, explotados que con sus manos callosas y rostros curtidos, venían a caballo desde la colonia a levantar ladrillos para las escuelas “privadas”.

Muchos/as no somos Vicentín, por suerte, en Avellaneda, y jamás estaremos reivindicando las banderas de las injusticias. Sí vamos a sumarnos a defender causas justas porque somos los de abajo, y siempre nos apechugamos como pudimos, y el poder nunca fue solidario, ni va ser solidario con nosotros. Si dan, como lo hicieron aquellas primeras generaciones, son migajas como lo hacía la Forestal. Y por otro lado  habría que preguntarse ¿por qué?… ¿Lo hacían de bondadosos, filántropos?…  ¿o para construir la imagen del amo bueno y así aumentar privilegios?

¿Por qué todavía no sabemos los millones que deben a Unión Agrícola Avellaneda, Municipio y Cooperativa de Servicios Públicos? ¿Casualidad? En la historia sabemos cómo se maneja el poder con impunidad. “La justicia es como la serpiente” diría Galeano, “muerde a los que están descalzos”. Habría que explicar a socios y ciudadanos el trasfondo de la estafa.
Haciendo memoria debemos decir que la primera escuela primaria fue pública y se fundó en 1884 Esta escuela fue cambiando de lugares, nombres; conocida popularmente como “Escuela Nacional”, hoy provincial N° 6104 “Presidente Nicolás Avellaneda”.  

Ella se caracterizaba, en los primeros pasos históricos del pueblo, a albergar a los pobres, hijos de  cosecheros, peones de campo, los “tapes” como  suelen llamar despectivamente a quienes pertenecen a esa franja social. Ahí estaba el Estado, lo público, para garantizar derechos, mientras que las familias de inmigrantes iban a colegios religiosos.

La plaza central no solo era la división geográfica, sino también étnica y cultural. Esos criollos, lo popular, los “negros”: del lado Oeste alejado del centro.
Hablando de barrios populares de la ciudad, me acuerdo de pequeño cuando mi madre era catequista “manzanera” y me llevaba a un barrio que estaba situado al final Este del pueblo en las inmediaciones del “camino viejo”, periferia de la ciudad. Paradoja de la vida que estaba a metros de la Fábrica Vicentín; recuerdo era una zona de rancheríos mucha pobreza y marginalidad. El barrio se llamaba San Ceferino, pero en el “pueblo” era conocido popularmente como “Rincón del Diablo”. Luego con los años ese barrio se erradicó gracias a la presencia de Estado, lo público, en lo que hoy es barrio Belgrano. Aquel entonces fue trasladado a la periferia Oeste de la ciudad a metros del Cementerio Municipal.

Avellaneda está apenas a 5 km de otra ciudad cabecera departamental Reconquista.  Cualquier persona que no conoce la región o los medios nacionales, afirman ingenuamente que sólo nos separa un arroyo. Desde lo geográfico es acertado, pero desde lo social, cultural existen diferencias muy marcadas entre una comunidad y otra. Como por ejemplo la concepción de lo público y privado.

El Estado nunca llegó aquí y por qué sí en la vecina ciudad… ¿qué raro no? Cómo puede ser que desde sus orígenes los reconquistenses tuvieron fuerte presencia de colegios secundarios públicos, mientras que en mi ciudad  por varias décadas sólo existían colegios “privados” religiosos. ¿Casualidad? ¿Ausencia del Estado o poder de los privados? ¿Control ideológico? ¿De dónde salen los fondos para pagar los sueldos de los docentes de esas instituciones educativas?

Es tan fuerte lo privado aquí que la primera  escuela “pública” técnica surgió en 1984, y fue construida por mano de obra del municipio y aportes privados entre ellos Vicentín, quien donó el terreno. Orgullosos los detractores de lo público afirmaban e inflaban sus pechos «construir la escuela sin aporte del estado Provincial y Nacional». Hasta el momento no fue traspasado al Ministerio de Educación de Santa Fe, figura como escuela dependiente del municipio. Qué terrible y triste a la vez lo que debería ser público en su totalidad no lo es. Si tengo que elegir un “padre” elijo al Estado, y no al gran capital, porque el sector privado sólo privilegia sus intereses. Vicentín en los 90 cuando era una empresa aceitera llegó a tener 1200 empleados directos y de un día para otro se olvidó de nosotros y priorizó su bolsillo dejando en la calle a miles.

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