Reflexiones sobre el General

Reflexiones sobre el General

En vísperas del 250 aniversario del nacimiento del general Belgrano y a doscientos años de su muerte, consideramos oportuno analizar de una manera lo más clara y concreta posible la relevancia de su figura dentro de la historia nacional y efectuar un análisis preciso y pormenorizado de su carácter y de su personalidad. Nace un 3 de junio de 1770 y fallece, como sabemos, el 20 de junio a los 50 años de edad.

Belgrano, se dirige a España y estudia en las Universidades de Salamanca y Valladolid, lugares donde tiene acceso a lecturas de la Ilustración y de los grandes revolucionarios franceses luego de pedir autorización al Santo Oficio que le concede esa posibilidad, siempre y cuando no difunda el contenido de esos libros y por ende no los comparta con otras personas. Una vez finalizados sus estudios, regresa a Buenos Aires donde es designado como secretario del Consulado que era una especie de ministerio de economía de la colonia. Ese nombramiento se realiza en el año 1793, año que marca el comienzo de una prolífera labor ya que además de sus funciones específicas relacionadas con la presentación de memorias anuales se dedica a reflexionar y planificar cuestiones de ganadería, agricultura y educación pública para el pueblo.

Sin lugar a dudas, dentro del contexto revolucionario donde le toca actuar, se puede caracterizar a Belgrano como revolucionario y además como conductor. En efecto, es revolucionario porque participa activamente en los acontecimientos previos a la Revolución de Mayo y durante su desarrollo pero a su vez se destaca como conductor; así lo demuestra cuando se hace cargo del Ejército del Norte y lleva a cabo dos brillantes batallas, la de Tucumán y Salta que permitieron asegurar la frontera norte contra la invasión realista. Su condición de conductor se manifiesta de modo superlativo cuando ordena al pueblo de Jujuy y zonas aledañas emprender el éxodo hacia la ciudad de Tucumán; éxodo que todo el pueblo, pero en especial, el común, el orillero, el originario, obedece para partir con sus pocas pertenencias dejando tierra arrasada a fin de que las tropas realistas no encontraran recursos en su intento de llegar a Tucumán.

A su carácter revolucionario y de conductor, Belgrano va a añadir su condición de estadista, como tal, se destaca por ser un precursor de la igualdad entre hombres y mujeres como también por su militancia a favor de la educación del pueblo y su defensa de los habitantes originarios. Pero, qué implica ser un estadista: Un estadista es un experto sobre cuestiones del Estado y de la política a través de la cual explicita un saber sobre el Estado. Podemos afirmar que fue un revolucionario y un conductor profundamente consustanciado con el sentir de su pueblo porque como militante de una causa popular tenía profunda conciencia nacional. Y ¿qué significa tener conciencia nacional?; evidentemente significa tener conocimiento de la realidad de un país, de su pueblo, de la sociedad, de su cultura de sus costumbres y por lo tanto considerarse parte integrante de ese pueblo.  

Trataremos de formular algunos interrogantes para desarrollarlos:

En primer lugar: ¿cuál fue la participación de Belgrano en los sucesos de la Revolución de Mayo?

Durante los primeros meses de 1810, eran frecuentes las reuniones secretas en la famosa jabonería de Vieytes. De ellas participaban Belgrano, su primo Juan José Castelli, Moreno y Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, que va a tener un rol fundamental en los días de mayo. También podemos mencionar, entre otros, a Domingo French y Antonio Berutti. En esos días de mayo había llegado, primero a Montevideo, la noticia de la caída de la Junta de Sevilla, a pesar de los esfuerzos del Virrey y de las autoridades españolas para que no se divulgara pronto llega a oídos de los participantes de esas reuniones que encomiendan a Belgrano y Saavedra la urgente convocatoria a un Cabildo abierto. Ambos se encuentran con el alcalde de primer voto, Lezica, y acuerdan dicha reunión para  el 22 de mayo con el objeto de definir si se aceptaba o no la autoridad de la Junta de Sevilla que había caído y determinar el reemplazo del Virrey.

Durante ese Cabildo, surge la posibilidad de formar una junta local, pero por maniobra de los españoles se conforma una entre los días 23 y 24 de mayo, presidida por el virrey, dos españoles y dos patriotas, Castelli y Saavedra, quienes al tomar conocimiento renuncian de inmediato. El día 24, Belgrano tiene un papel decisivo para rechazar esa junta, y expresa textualmente: “juro a mi patria, mis compañeros que si el día de mañana a las tres, el virrey no ha renunciado, lo arrojaremos por la ventana de esta fortaleza”, no fue necesario, Cisneros renuncia y se forma la Primera Junta Revolucionaria, presidida por Cornelio Saavedra; Mariano Moreno como secretario y Belgrano vocal.

La activa participación de Belgrano en la gesta de Mayo, obedece a un largo camino donde va sedimentando sus ideas; desde el año 1801 participa en el periódico “El telégrafo mercantil” que es clausurado a principios de 1810 por Cisneros. Lejos de abandonar sus principios funda otro, “El correo mercantil”, donde publica en agosto de ese año, un destacado artículo sobre la libertad de expresión, es decir que su figura es la síntesis de acción y pensamiento.

En segundo lugar: ¿Cuál fue la causa por la que es enviado en misión militar a Paraguay?

El reconocimiento de la Primera Junta, en otras regiones del Virreinato, implicaba la sobrevivencia del proceso revolucionario, aunque ya había sido reconocida por la Colonia de Sacramento, en la Banda Oriental, Corrientes y Santa Fe; en Córdoba había sido rechazada -aunque por poco tiempo- , a su vez  el Alto Perú y Paraguay constituían importantes focos de resistencia. Debido a esta situación Belgrano va a ser convocado para ponerse al frente de una misión militar al Paraguay. Cabe destacar que antes de tomar a su cargo esta misión, Belgrano ya había sido designado como comandante de operaciones de Santa Fe, Entre Ríos y parte de la  Banda Oriental que ya se había plegado a la revolución, acontecimiento que va a consolidarse con el pronunciamiento de Artigas.

Al frente de la gobernación de Paraguay, se encontraba Velazco quien junto a un numeroso grupo pro monárquico se oponía al nuevo gobierno. En este territorio, al momento de la revolución había tres sectores sociales perfectamente identificados; en primer término, estaban los pitaguas que apoyaban sin reparo a la dominación española, en segundo lugar, los porteños que eran minoría y partidarios de la junta y por último, los paraguayos, que representaban la amplia mayoría del pueblo que pretendía desprenderse de la colonia pero desconfiaba de Buenos Aires.

Previo al inicio de la Campaña del Paraguay, se había enviado un delegado de apellido Espínola quien portaba una circular enviada por la Primera Junta, con el objetivo de dar a conocer al gobernador Velazco el inicio del proceso revolucionario, la conformación del nuevo gobierno y solicitar su adhesión. Velazco rechazó de plano la propuesta; Espínola a duras pena logró salvar su vida y regresar a Buenos Aires. Cuando llega sugiere que se envíe, con una visión optimista, una expedición militar a Paraguay de no más de doscientos hombres. Ese informe totalmente infundado no tomó en cuenta el ejército de ocho mil hombres que obedecía a Velazco y subestimó la desconfianza del pueblo paraguayo  hacia Buenos Aires.

Es así como Belgrano, al mando de las tropas, parte a fines de 1810 con un poco más de 200 hombres. Ya en Santa Fe cruza a la bajada de lo que es actualmente Paraná y va logrando en Entre Ríos y Corrientes adhesiones del pueblo que le permite reunir novecientos milicianos y acrecentar la logística con la suma de caballos, carretas y vituallas. Esta expedición, en ese momento, va a resultar un fracaso, tras la primera derrota de Paraguarí, dentro del territorio paraguayo , el posterior revés de Tacuarí será el golpe definitivo para que Belgrano decida replegarse y regresar a Buenos Aires.

No obstante, su voluntad civilizatoria no decae, en su trayecto funda la localidad de Curuzú Cuatiá y dicta un reglamento para los pueblos originarios que habitan las treinta misiones guaraníes, este reglamento significa un avance en lo social, en lo político y económico.

En agosto de 1810, se decide la expedición al Alto Perú, al mando de Castelli secundado por Balcarce y Viamonte como jefes militares; en ese momento también se designa a Belgrano para ir a Paraguay. ¿Por qué va Belgrano? Mucho se ha discutido sobre el tema. José María Rosa expresa “Posiblemente Moreno quiso alejar a Belgrano de Buenos Aires para manejar con más libertad a la Primera Junta”, a su vez Belgrano en su autobiografía dice “Me fui, porque entreveía  una semilla de desunión que yo no podía atajar”, por otro lado, Felipe Pigna sostiene “puede considerarse por parte de Moreno, uno de sus principales errores tácticos, sin Castelli y sin Belgrano su posición en la junta se iría debilitando, hasta que la concordancia de los sectores más conservadores representados por Saavedra y los diputados llegados del interior terminarían forzando su renuncia a fines de 1810”. Es evidente que las necesidades militares por el  rechazo del Alto Perú y del Paraguay por parte de los pitaguas obligó a Moreno a enviar a dos de sus mejores hombres.

En tercer lugar: ¿Por qué Belgrano decide crear la bandera?

A fines de 1811, había llegado a Buenos Aires la noticia de la declaración de la Independencia en Venezuela, acaecida el 5 de julio de 1811. Pazos Silva, el 17 de diciembre de 1811, publica el acontecimiento en el Censor. Al conocerse esa noticia, surgió en distintos sectores sociales, políticos y culturales una ola de entusiasmo independentista, de la que se hizo eco, de manera relativa, el Triunvirato.

Esa noticia, llegada de Venezuela, no agradó a Rivadavia y a sus seguidores, por los notorios vínculos que tenían con Inglaterra  y en tal sentido Lord Stranford, embajador inglés ante la Corte de Portugal, en Río de Janeiro, le informa a Rivadavia que “una declaración prematura de la Independencia, sería cerrar la puerta de la intervención amigable de la Gran Bretaña, mientras duren sus relaciones actuales con España” (en F. Pigna  Pág. 255- Manuel Belgrano El Hombre del Bicentenario).

Así las cosas, Belgrano había sido designado Jefe del Regimiento de Patricios que luego de la Rebelión de las trenzas, pasó a denominarse Regimiento N° 5.

En tanto, Vigodet, capitán General y Gobernador de Montevideo, reanuda las hostilidades con ataques de su flota fluvial por las riberas del Paraná, por lo cual el Triunvirato ordena a Belgrano que con su regimiento avance sobre la Villa del Rosario e instale allí  dos  baterías. En cumplimiento de esa orden, parte el día 24 de enero de 1812 al frente del Regimiento N° 5 y se instala en la Villa del Rosario el 10 de febrero del mismo año. Allí recibe el refuerzo de las milicias lugareñas y levanta las baterías que denomina  Independencia y Libertad.

De los hombres de Mayo, Belgrano es quien impulsa desde el comienzo la independencia y en tal sentido propone el día 13 de febrero de 1812 la creación de la escarapela, haciéndose eco el Triunvirato de tal pedido y por decreto de fecha 18 de febrero de 1812 autoriza la creación de la escarapela “de dos colores, blanco y azul celeste”.

Belgrano, con gran entusiasmo le informa al Triunvirato que el 23 de febrero había entregado las escarapelas a sus soldados y dice en su carta que lo hizo para que “acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América”. (F. Pigna pág. 264, Manuel Belgrano el hombre del Bicentenario).

Belgrano, totalmente ajeno a las maniobras pro británicas del Triunvirato, y con un gran espíritu independentista, el día 27 de febrero bautiza la segunda batería Independencia y hace enarbolar en ella una bandera confeccionada por una dama rosarina, doña María Catalina Echeverría, con los mismos colores de la escarapela y ordena a sus soldados jurarle fidelidad de la siguiente forma “Juremos vencer a los enemigos interiores o exteriores, y la América del Sur será el templo de la independencia y de la libertad” (F. Pigna, misma obra citada ut supra  pág. 254).

Parece ser que la primera bandera tenía dos franjas verticales, una blanca y una azul celeste, igual a la que utilizaría el Ejército de Los Andes,  y que el Gran Capitán usará en toda su campaña libertadora.

Dice Felipe Pigna que “En Buenos Aires y el Litoral, a partir de 1813, la bandera cambiará su forma y su color. Comenzará a usarse una con tres franjas horizontales: celeste, blanca, celeste” (F. Pigna, misma obra citada pág. 255).

La decisión de Belgrano de enarbolar una bandera surge para diferenciar a las fuerzas patriotas de las realistas. En efecto, hasta ese momento los ejércitos de la Patria seguían usando las mismas banderas y los mismos estandartes de la época anterior a la Revolución de Mayo.

Es indudable que Belgrano, al izar la bandera, intentó poner al Triunvirato ante un hecho consumado y en tal sentido José María Rosa dice: “Pero izar una bandera significa una virtual declaración de independencia, y ese debió ser su propósito, poner al gobierno ante el hecho consumado que lo movería a otras declaraciones que acabasen de confirmar la resolución en que estamos de sostener la independencia de América” (José María  Rosa pág. 354 Historia Argentina, tomo 2). De ello, en definitiva, resulta con claridad la vocación independentista de Belgrano.

Belgrano, revolucionario, conductor, estadista fue el primero de los hombres de Mayo de hablar e impulsar la independencia. Por todo esto, hoy más que nunca, debemos difundir su figura porque fue uno de los hombres más valiente, honesto, coherente y brillante de su generación; en definitiva es uno de los fundadores de nuestra nación.

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