El héroe indispensable

El héroe indispensable

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Pablo Lobato

En las revoluciones no hay espacios para tibios, indecisos o gente que carezca de valor.

Recordemos cómo describe Tomás Guido un hecho en el cual, según él, Belgrano perdió su habitual compostura.

Las discusiones sobre cómo responder a las maniobras contrarrevolucionarias se acaloraron sin que se lograse un acuerdo; ocurrió entonces tal incidente. En estas circunstancias el señor Manuel Belgrano, mayor del Regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión, observando la indecisión de sus amigos se puso de pie súbitamente y a paso acelerado poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: “juro a la patria y a mis compañeros que sí a las tres de la tarde del día inmediato, el virrey no hubiera sido derrocado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas”.

Está ocasión sirve para mostrarlo tal cual era, un hombre de coraje y de ideales.

Pero Belgrano fue un intelectual brillante y un impulsor de la educación, entre otras cosas propuso el primer proyecto en nuestra historia, y con pocos antecedentes a nivel mundial de una educación estatal, gratuita y obligatoria. Creó las escuelas de dibujo y de náutica, proyectó las escuelas de comercio y agricultura y fomentó el estudio de idiomas entre muchas otras cosas.

Es interesante también repasar en su vida militar algunas de las misiones “imposibles” que se le encomendaron; como por ejemplo la expedición al Paraguay llevada a cabo con tropas que carecían prácticamente de instrucción militar y con un cuadro de oficiales que demostraba escasa preparación. El armamento era poco eficaz y el vestuario incompleto.

Con estos deficientes elementos, Belgrano debió iniciar una operación que lo llevaría a más de mil kilómetros de distancia, a través de una ruta difícil, sin caminos y erizada de dificultades.

Así y todo se hizo tiempo para fundar dos localidades la de Mandisoví y la de Curuzú Cuatiá.

Su designación como jefe del Ejercito del Norte, constituyo otra proeza, encontrando allí un panorama desolador, con soldados enfermos, hambrientos sin temple ni disciplina.

Logro reorganizarlo, levantar la moral de sus soldados y el espíritu patriótico de los pobladores.

Al tener noticias de una invasión juzgó prudente iniciar una retirada hacia Tucumán, y llevar a cabo lo que en nuestra historia se conoce con el nombre de “Éxodo del pueblo jujeño”, dejando al ejército realista sólo campo de silencio y desolación para que no puedan hallar otra cosa que tierra arrasada.

Una vez en Tucumán, asumiendo la responsabilidad de su “desobediencia debida”, decide impedir el avance del enemigo, y al frente de unos mil quinientos hombre, libró la batalla el 24 de septiembre de 1812 venciendo al ejército del General Tristán.

Quedaron en poder de los patriotas tres banderas, dos estandartes, siete cañones, setenta y un cajones de municiones y cuatrocientos fusiles. Podríamos seguir enumerando acciones de este tipo pero creo que alcanza con destacar que Belgrano fue un héroe auténtico, un realizador de lo imposible, un hombre indispensable para el camino de la independencia.

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