Seguimiento de Deuda: estado de situación y futuro de las negociaciones

10 de diciembre de 2019, un nuevo gobierno.

El 10 de diciembre de 2019, la formula encabezada por Alberto Fernández, y Cristina Fernández, asumen la presidencia de la nación habiendo ganado en las elecciones nacionales generales por el 48.2% de los votos. En administración saliente abandonaría la gestión dejando un panorama fiscal, financiero y social en extremo complejo. El “por qué” se encuentra en el  eje de su programa: obtener financiamiento externo debido a la imposibilidad económica (ya crónica y estructural) de generar dólares genuinos.

Brevemente repasemos: durante 2016 y 2017 (fundamentalmente durante el primero), se tuvo acceso al mercado de crédito externo como pocas veces en la historia argentina, gracias a la previa negociación con los holdouts (hedge funds). Es claro, y de público conocimiento, que este fue el método de financiamiento (fundamentalmente mediante capital especulativo rentístico) durante la primera etapa de la administración Cambiemos, y que frente al riesgo de incobrabilidad y las sucesivas inestabilidades internacionales (acentuada por la vulnerable apertura económica) dicho mercado quedaría cerrado. Por tal motivo, la gestión debió recurrir al FMI, en calidad de prestamista de última instancia frente a una persistente sangría de la balanza comercial y de pagos. “(…) Los dólares prestados por el organismo multilateral no sólo se han utilizado solo para pagar deuda contraída por el propio gobierno sino también para vender divisas en el mercado de cambios con el aparente objetivo de contener el tipo de cambio (sin éxito). En la práctica las ventas en el mercado de cambios no han servido más que para habilitar la fuga de capitales de los tenedores de deuda en pesos. (…)En el 2015 la deuda pública sobre PBI era del 52%. No obstante, al segundo trimestre del 2019 el ratio alcanza el 81%, casi 30 % más de lo que había en el 2015.”[1][2]

¿Cuáles fueron los resultados inmediatos de este proceso?

– Un déficit cuasi fiscal extorsivo para el BCRA
– Altas tasas de interés referenciales del BCRA agobiantes (monetarismo)
– Alta fuga de capitales
– Imposibilidad de acceso al crédito externo (contradictoriamente lo que se había fijado como “agenda prioritaria”)
– Incapacidad de honrar sus compromisos de deuda en moneda local, lo que devino en un “reperfilamiento”

De esta forma, el nuevo Ejecutivo Nacional, asumiría con un objetivo claro: reestructurar la deuda externa y evitar el virtual default.

El imperativo en materia financiera, obligo al Presidente de la Nación a realizar, durante su segundo mes de gestión, una gira por Europa donde mantendría entrevistas con los máximos dirigentes de Estado de varias nacionalidades, entre ellas: Alemania, España, Francia, Italia, y el mismo Vaticano (donde realizaría una conferencia a puertas cerradas con la Máxima Entidad Pontífice, la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, entre otros). El fin de dicha gira fue obtenido, garantizar un apoyo diplomático de la región respecto a la reestructuración de la deuda que el país mantiene con el FMI y acreedores privados.

La pasada gira por el viejo continente se vio coronada con dos informes publicados por el propio Fondo Monetario.

El primero, fruto de la declaración conjunta de una misión económica que visito al país del 12 al 19 de Febrero del corriente año declaro:

(…) “A la luz de estos desarrollos, y sobre la base del análisis de la sostenibilidad de la deuda de julio de 2019, el personal del FMI ahora evalúa que la deuda de Argentina no es sostenible. Específicamente, nuestra visión es que el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública y las necesidades de financiamiento bruto a niveles consistentes con un riesgo de refinanciamiento manejable y un crecimiento del producto potencial satisfactorio no es económicamente ni políticamente factible. (Declaración del equipo técnico del FMI sobre Argentina-19 de febrero de 2020.)

Mientras que el segundo informe técnico, concerniente al 20 de marzo del corriente año, estima que la quita de deuda deberían rondar los 85.000 millones de dólares para garantizar sustentabilidad de pagos, lo que representaría un alivio enormemente sustancial en los compromisos a saldar en los próximos años:

“Cuidar a las personas más vulnerables en Argentina y abordar la difícil situación económica del país han estado entre las prioridades más altas del presidente Alberto Fernández desde que asumió su cargo. (…) el análisis del equipo técnico muestra que, teniendo en cuenta la capacidad de servir deuda y el peso actual de la deuda del país, será necesario un alivio substancial de los acreedores privados para restablecer la sostenibilidad con alta probabilidad de la deuda.” (Declaración de la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, sobre Argentina. Marzo 2020.)

¿Significa esto que el FMI ha cambiado? Más allá de los parciales indicios que uno pueda extraer de la pronta práctica de la nueva presidencia (recordemos que Kristalina Gueorguieva es Directora Gerente desde el 1 de octubre de 2019), y de las apreciaciones subjetivas respecto a las declaraciones previamente citadas, tenemos que entender en cuenta un simple hecho: el FMI (Fondo Monetario Internacional), como su mismo nombre lo indica, es un Fondo. Es una organización financiera compuesta por el aporte de cuotas en distintas divisas de ni más ni menos que 189 países. Si bien su objetivo final no es la obtención de ganancias rentables, si hay una pretensión lógica de obtención redituable de los fondos prestados para su re-utilización en otros Estados en forma de préstamos para mantener estabilidad y “statu quo” en el mapa internacional. Ósea que, amén de sus recientes declaraciones de soporte al país, el FMI persigue intereses (no la salud especifica de un Estado en términos idealistas), ergo, los Estados persiguen intereses  (garantizar el retorno de su préstamo). De forma que para el escritor de estas líneas, y en términos políticos, el FMI no “cambio su cara” ni es un organismo “benévolo”, simplemente es un aliado circunstancial.

¿Hay alguna urgencia? Actualmente somos preso de un determinante clave (e imprevisto): una pandemia mundial que ha generado un escenario económico caótico e inviable, con baja brutal en los mercados, estrangulaciones externas vía importaciones- exportaciones, aumento de la capacidad ociosa, etc. El FMI, como “subsanador” de desequilibrios en balanza de pagos, tendrá un papel central en el “pos” de garantizar estabilidad en  esta crisis. Ahora, para lograr corregir problemas económicos y proveer algún grado de liquidez, debe recuperar cada centavo para poder reinsertarlos en una economía que, reiteramos, será caótica. En ese sentido Argentina, compromete ni más ni menos que el 7% (aproximadamente) de las reservas del Fondo (valoradas estimativamente a en 750.000 millones U$S a 2010)[3]. En un escenario tan complejo, no podría permitirse que un país que compromete a semejante monto de capital propio caiga en default y ponga en riesgo semejante suma. El compromiso que actualmente posee la Argentina respecto a los bonistas privados durante los próximos años (20.000 millones de U$S anuales por los próximos 8 años), pondrían poner seriamente en jaque la capacidad de reembolso al organismo multilateral de pagos por parte de nuestro Estado, por lo menos durante varios años.

¿Es que el FMI “cambia de cara”, o es una disputa de intereses contra los bonistas privados por ver “quien cobra primero” y en mejores términos?

Volvemos… ¿Se han reflejado las declaraciones de febrero y marzo en la pronta práctica?

No sería prudente realizar prematuras afirmaciones en el área, pero se podrían citar como ejemplos el apoyo político a determinadas medidas tomadas por el Estado Argentino: los parcialmente exitosos canjes con tenedores de bonos locales; la posterga de 10.000 millones de dólares de deuda bajo legislación argentina (que en la práctica sería un virtual default técnico, pero estarían, claramente, dentro de las permisibilidades de la actual coyuntura mundial); la posterga de pagos de 2.100 millones de U$S al Club de Paris en mayo; licitación de letras con una colocación por más de 70.000 millones de pesos lo que permite un refinanciamiento de deuda local a mediados de mayo; y sin lugar a duda, lo que quizás sea la primera movida clara de la administración Fernández en materia de deuda: la reestructuración de títulos en dólares bajo legislación extranjera, que representan 66.000 millones U$S (17 de los 21 bonos reestructurados, fueron tomados bajo la administración 2015-2019 [4]). Esta última no tuvo la aprobación de los acreedores más poderosos y con más capital per cápita, a saber: Allianz, Fidelity, BlackRock, Northern Trust, AllianceBernstein, HSBC, etc. De todas formas sabemos, por experiencia como país, que las negociaciones se proyectaran por un buen lapso (más allá de los 20 días de iure). Como prematura respuesta desde la comunidad internacional a la propuesta soberana argentina, Stephanie Blankenburg, directora de deuda y financiamiento del desarrollo de la Unctad (ONU), expresó que la propuesta de Argentina «debe tomarse como un ejemplo en la futura reestructuración soberana«. [5]

Proyecciones

La Republica Argentina está inmersa hoy, en un mundo en constante reformulación, y replanteamiento de sus estructuras de financiación e interconexión internacional; a su vez dicho mundo es parte de un juego ajedrecístico de poder e intereses entre sus respectivas potencias económicas disputantes (entiéndase, EEUU y China); y por ultimo dicho escenario está siendo mermado por una pandemia viral donde la vida humana y los mercados se ven seriamente afectados[6]. Con esto dicho, la caída de nuestro PBI para 2020 se ve proyectado en 6.5 puntos.

El país, a la vez, está preso de un saldo extorsivo en materia de intereses de deuda, producto (en parte) de una gestión (2015-2019) que entendió la economía bajo los principios de la desregulación, el monetarismo interno, y el financiamiento especulativo externo.

¿Cuál es nuestro norte? A decir verdad, el futuro se plantea incierto y complejo, pero entiéndase que deben vislumbrase, al momento, dos objetivos:

1. Lograr reestructurar y refinanciar lo más urgente posible la composición de deuda externa más condicionante (bajo jurisdicción neoyorquina y en divisas extranjeras).
2. Priorizar el “cuidado de lo propio”. En ese sentido continuar solidificando nuestro sistema sanitario para lograr contener la propagación del COVID-19 y lograr evitar la mayor cantidad de pérdidas humanas.

Retomar el viejo imperativo “los muertos no pagan deudas” (que nos condujo al exitoso canje de 2005 y al pago “cash” al FMI en 2006 sin ir a costa de la vida de nuestros habitantes), será fundamental para gestionar negociaciones acordes al bienestar de la población. Nuestras obligaciones deberán ser afines a nuestra capacidad de pago, de allí que el Presidente de la Nación declaró el pasado 23 de marzo: “si el dilema es la economía o la vida, yo elijo la vida”. La prolongación de la cuarentena nacional obligatoria y la facilidad de créditos a pymes, más los refuerzos en materia de ayuda social, entre otros, son claros reflejos de una concepción solidaria de la salud y la sociedad.

Bajo nuestra compleja coyuntura, y al compás de lo expresado anteriormente, debemos revalorizar y retomar en vigencia el concepto de “Defensa Nacional” como nuevo rector organizativo de nuestra comunidad en vista de cumplir los objetivos enunciados; entiéndase a esta como:

“La puesta en juego de todos los habitantes, todas las energías, todas las riquezas, todas las industrias y producciones más diversas; todos los medios de transportes y vías de comunicación, (…) movilización y el máximo aprovechamiento de las industrias del país, al servicio de la nación y su pueblo.

(…)Todas las naciones en contienda, movilizan la totalidad de sus industrias, y las impulsan con máximo rendimiento, hacia un esfuerzo común para abastecer (…) Durante la guerra es necesario poner en marcha este grandioso mecanismo; regular la producción de acuerdo con las demandas específicas, (…)asegurar los abastecimientos necesarios a la población civil; adquirir la producción de materias primas y productos industriales necesarios en los países extranjeros (…) Todo lo cual exige una dirección enérgica; y la contribución de buena voluntad y esfuerzos comunes de industriales y masas obreras. (…) La defensa nacional es así, un argumento más, que debe incitarnos a asegurar la felicidad de nuestro pueblo.” (Compi. Ejército y Revolución Industrial, Perón y otros, 1964.)

Algunas preguntas para nuestro lector y que dejaran este artículo en un claro impasse abierto: ¿Está la Argentina en un escenario político propicio para la negociación de su deuda externa? ¿Sera esta, la “crisis perfecta” para lograr sustanciales quitas de intereses onerosos? ¿Es factible en este marco, una condonación absoluta de la deuda? ¿Intercederá el Fondo Monetario Internacional a favor de la soberanía política Argentina?

Estas y otras preguntas serán parte de un intenso debate en los próximos meses, pero de algo estamos seguros: el futuro no será igual después de esta crisis. De allí que ciertamente habrá una demarcada bifurcación donde: o devendrá una mayor cooperación internacional, o devendrá una agresiva política de empobrecimiento al vecino propio de la década de 1930.

Como sea, deberemos estar preparados, como Nación y como Pueblo, para afrontarlo.

Nota del Observatorio Internacional de la Fundación Igualar, para Pensar Futuro.


[1] Extraído de “Infografía Deuda Publica UNDAV Noviembre 2019”.

[2] ¿Cuáles fueron los motivos de que nunca hubiera un “stop” en el proceso de endeudamiento? Básicamente la reproducción de patrón basado en un “efecto espiral”, es decir:

1. Hacer frente a obligaciones financieras.
2. Financiar balanza de comercio.
3. Hacer frente a recurrentes corridas cambiarias en un marco de apertura comercial y desregulación de capitales.
4. Tomar deuda por falta de financiamiento.

[3] Frente a los prestamos realizados a Grecia en 2010 y a Portugal en 2011 (ambos acumulan montos superiores a los 240.000 millones de U$S) podemos decir las reservas se mantuvieron en una constante o, inclusive, a la baja.

[4] Propuesta de Reestructuración de la Deuda Externa Pública- Bonos Globales Trust Indenture 2005 y 2016.

[5] La contrapropuesta de los principales bonistas, se dio en la semana del 11 de mayo, generando (entre otros factores) la frenética desestabilización de la moneda local.

[6] Más información en: “Política Exterior Argentina: Respuestas al COVID 19. Re-definiendo esquemas y paradigmas de inserción internacional”- Pereyra.

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