Discutir el país que queremos

La crisis desatada por la pandemia nos presenta desafíos inmediatos y mediatos para el movimiento popular. En la inmediatez, debemos cuidar a los compañeros que viven en las barriadas populares, los “invisibles” de la sociedad. Sabemos que, si el virus ingresa en estos barrios, los estragos que produce son mayores. Y no lo estamos diciendo desde la teoría sino desde una realidad doliente que vemos, día a día, en las villas de la CABA.

Son los habitantes de estas barriadas a los que más ha golpeado la política económica y social del macrismo. Este terremoto neoliberal, que se montó sobre décadas de olvido y falta de políticas de infraestructura y mejoramiento del hábitat y las condiciones de vida, produjo una verdadera catástrofe social: el aumento de la pobreza estructural.

Sobre llovido, mojado. La aparición del COVID-19 no ha hecho más que profundizar esas desigualdades y poner en blanco sobre negro las injusticias del sistema. La cuarentena, el distanciamiento social, las prácticas higiénicas y hasta una buena alimentación parecen una quimera, allí, donde hay hacinamiento, falta de servicios esenciales y hambre.

En este sentido, las organizaciones sociales hemos planteado poner en marcha el programa “El barrio cuida al barrio” que, esencialmente, busca sumar, a la inmensa tarea contra el hambre que venían desarrollando desde los comedores y merenderos, la militancia para ir a detectar los casos más vulnerables, los que han sido atacados por el virus y poder desarrollar en conjunto con los organismos públicos de salud una estrategia que ponga en el centro el cuidado de la vida de los compañeros.

En lo mediato, en todo el mundo se empieza a discutir cómo será la post pandemia. Los cambios que operaran en el sistema capitalista. ¿Será el fin de la globalización o su profundización? ¿El poder se correrá del eje de los EEUU? Miles de preguntas surgen y, a diario, vemos como los científicos, filósofos, economistas, tratan de imaginarse ese mundo que se viene. Lo único cierto, por el momento, es la incertidumbre. Está claro que la burguesía intentará sacar rédito de esta situación y buscar en lo que viene que las injusticias y desigualdades sigan garantizándole su enorme rentabilidad.

El movimiento popular no puede quedarse fuera de esta discusión. Las organizaciones populares tenemos que ir, desde hoy mismo, pergeñando un modelo que ponga “la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación” por encima del consumismo vacío y la tecnología depredadora. Un modelo que –como dice Emilio Pérsico- sea para que “el hombre viva feliz, no para producir más autos”. Comenzar a sentar las bases de un sistema diferente y mucho más igualitario del que nos propuso el capitalismo es aquí y ahora.

En este marco vemos que uno de los principales problemas que afectan hoy a los sectores populares, y que también lo será en el futuro, es el trabajo. Nosotros hemos venido elaborando mucho sobre el concepto de la economía popular: los trabajadores que inventan su propio trabajo. Hemos logrado conquistas en la lucha como el Salario Social Complementario equivalente a medio salario mínimo vital y móvil que le garantiza el Estado a los compañeros integrantes de las distintas unidades productivas de los movimientos populares. Es un aporte que realiza el Estado en su rol de garante de derechos. Es complementario, porque se suma al salario directo que recibe el trabajador por su propia actividad, pero que siempre es insuficiente y no le permite acceder al salario mínimo o a todos los derechos laborales que le corresponden. Por eso sabemos que esto no alcanza.

La crisis actual acelera la necesidad de que el Estado construya nuevas institucionalidades. La lectura de las cifras del IFE demuestra que la AUH no cubre a la totalidad de los hogares, además de no definir pobreza. Creemos que el rol del Estado es fundamental en la Argentina que queremos construir. Es imposible resolver el problema del trabajo para los compañeros sin un Estado presente y apoyando las iniciativas de los sectores populares.

En ese sentido, estamos avanzando en algunas otras propuestas que venimos discutiendo con el gobierno, que se sumarían a la AUH y al SSC, y que podemos resumir en llamarlo Trabajo Social Garantizado. Ante una realidad donde la globalización expulsa trabajadores, se torna indispensable que intervenga el sector público creando la cantidad de puestos de trabajo que sean necesarios para alcanzar el pleno empleo o acercarse lo mayor posible a ese objetivo.

El TSG significa entonces que el Estado se compromete a ofrecer un trabajo a todo aquel que quiera trabajar. Hay muchas actividades que no se están desarrollando y muchos dispuestos a trabajar. Podríamos sintetizarlo en tres tipos de actividades:

  • Recuperar y fortalecer el sector público y la organización social: Placeros, mantenimiento de rutas, barrido, limpieza y desinfección. Trabajo en centros comunitarios, clubes de barrio. Promotores: de salud, de violencia de género, ambientales etc.
  • Remunerar y visualizar al sector de la economía comunitaria y elcuidado: Espacios de primera infancia en los barrios populares. Cuidadode la tercera edad y la infancia. Merenderos y comedores comunitarios.
  • Realizar nuevas actividades no rentables para el mercado: Actividades ecológicamente necesarias: limpieza de basurales y arroyos,plantación de árboles, forestación. Pequeña obra pública en barrios populares.

Además de estas propuestas específicas para el sector de la economía popular,hemos planteado “un gran desafío épico de justicia redistributiva” que podríamos sintetizar en:

  • La construcción de un millón de viviendas en un año. El mundo avanzó hacia un tremendo proceso de urbanización. La pandemia utilizó a estas urbes como campo para su extensión y contagio. La reforma urbana y la planificación son elementos esenciales del futuro de los pueblos. La vivienda fue construida por el ser humano para protegerse del ambiente, de los animales y de las pestes. No puede haber saludpara todos si no tenemos viviendas dignas, planificadas con un urbanismo popular, con saneamiento y vinculado a la producción. Esto generaría 4 millones de puestos de trabajo directos y otros tantos indirectos.
  • Un millón de chacras mixtas combinadas con la industrializacióndel campo, planificada y federal. Nos daría una soberanía alimentaria regional y una capacidad de exportación de alimentos sanos,saludables, con trazabilidad y artesanales, que es lo que el mundo está demandando y se va a profundizar esa demanda. Estas chacras generarían trabajo para un millón de familias campesinas de la agricultura familiar.
  • Mil fábricas, mil ciudades. Muchos países en las post guerras y en procesos de industrialización planificada, combinaron el esfuerzo privado con el esfuerzo público descentralizando la producción y construyendo ciudades pequeñas mucho más vivibles para el ser humano. El trabajo es la garantía del arraigo y ganamos como sociedad en calidad de vida.

Estas son algunas de las ideas sobre las que venimos trabajando desde las organizaciones populares para la salida de la emergencia. Hacer una sociedad más justa, que no produzca nuevas víctimas ni pobreza, implica dar protagonismo político a los movimientos populares en la construcción de la Argentina para Todos que queremos.

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