Hablemos de descentralizar el país: la ocupación del suelo

Rosario y Río Tercero capital de la República

El 6 de julio de 1869 en el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación, reunidos en congreso, se sanciona la ley que decide que la ciudad de Rosario será la capital de la República Argentina. En ocho breves artículos se determina que el espacio comprendido entre el arroyo Saladillo y el arroyo Ludueña, al oeste del río Paraná será la nueva capital federal. Era un paso decisivo para la descentralización del poder político con relación al puerto de Buenos Aires y los condicionamientos económicos que eso imponía.

Sin perder tiempo, el 15 de julio de 1869, el presidente Domingo Faustino Sarmiento,en un extenso relato de neto corte unitario, veta la decisión tomada por el congreso. Sarmiento cita la batalla de Pavón, cita Lincoln y la experiencia de los Estados Unidos de América, país que nuestro presidente admiraba con encanto, cita cuestiones de economía y aconseja no apresurarse para tomar una decisión tan importante. Así, con el pretexto de no tomar una decisión rápida toma la rápida decisión de mantener el poder político en Buenos Aires, junto con el poder económico.

En el año 1873 el senador santafecino Joaquin Granel vuelve a sancionar la ley que determina a la ciudad de Rosario como capital de la República. Inmediatamente el presidente Sarmiento vuelve a vetar la decisión parlamentaria. Parece que después de cuatro años el maestro de la Patria no había conseguido tiempo para meditar sobre tan importante acontecimiento y vuelve a pedir cautela. Veta.

En 1875 la cámara de diputados insiste en tratar la ley de Rosario como capital de la República, pero el gobierno central consigue frenar la discusión en la cámara de senadores. También hubo tentativas de establecer la capital en Río Tercero, pero Sarmiento fue consecuente con su mesura centralizadora.

En los años 1880 Bartolomé Mitre continuó con la misma política de Sarmiento: la capital no se mueve del puerto de Buenos Aires. Esta política implicaba mantener la proximidad entre las instituciones fundamentales del Estado, la administración del puerto, la clase oligárquica porteña, la residencia de la herencia del partido unitario y la manutención de las grandes estancias originadas a partir de la guerra de exterminio contra los pueblos originarios. La formación del Estado se consolidó con esa base y así,el proyecto federal se disolvió en una dependencia mecánica de las provincias,productoras de bienes primarios, con la comercialización de la salida al exterior por Buenos Aires. El excedente del lucro le permitió a la provincia de Buenos Aires desarrollar el pacato parque industrial que solo va a tomar fuerza en los gobiernos de Perón. De este modo se creó un polo de atracción para todos los trabajadores del país que anhelaban acenso social.

Viedma como sueño

El 16 de abril de 1986 el presidente Raúl Alfonsín presenta su anteproyecto de traslado de la capital federal para la ciudad de Viedma. “Hay que crecer hacia el sur, hacia el mar, hacia el frío” fueron sus palabras. Tal vez pensaba en esa Patagonia llena de estancias y lagos escondidos con acceso a ricos extranjeros pero no a trabajadores argentinos. El Papa Juan Pablo II y el presidente brasileño José Sarney visitaron Viedma. Brasil ya había pasado por la experiencia, veinte años antes, al trasladar la capital de Río de Janeiro, ciudad portuaria, para Brasilia, ubicada en la meseta central del país. El costo del proyecto argentino se estimó en 2.300 millones de dólares. Pero como sabemos el capital financiero boicoteo tanto los proyectos económicos del alfonsinismo que hizo con que mucho más que aquella suma se gastase en parar corridas bancarias y especulaciones con el dólar. Más tarde Menem enterró el proyecto.

En Brasil, el cambio de lugar de la capital, llevada adelante por la dictadura militar,estuvo asociado a otro movimiento no menos importante. Mientras la dictadura militar argentina avanzaba en las fronteras con destacamentos militares completamente inútiles,los militares brasileños avanzaron con frentes de colonización agrícola y urbanización. Ellos ocuparon los territorios con población civil, nosotros con villas militares de alguna decena de casitas. El plan de defensa argentino se parecía más con un control policial interno que con la defensa de la soberanía nacional. No parece que ese deba ser el papel de las fuerzas armadas en la defensa de la Pátria.

Densidad poblacional y grandes estancias

Con el fenómeno de la pandemia quedó evidente que la densidad poblacional del AMBA genera graves problemas sanitarios, inseguridad social, especulaciones inmobiliarias que derivan en enormes problemas habitacionales, aglomeraciones de personas que carecen del mínimo espacio para desarrollar una vida digna, dificultades logísticas de transporte, abastecimiento y defensa. Además de eso, en todas las crisis económicas, los ejércitos de desempleados bonaerenses producidos por el capital concentrado en esa región favorecieron el recorte de derechos y la disminución del salario en todo el país. Todos sabemos como el desarrollo de las economías regionales fue dificultado por la dependencia política e económica con Buenos Aires una vez que el proyecto agroexportador fue dominante en el siglo XX.

Fue vocación de la revolución de mayo de 1810 de Moreno y Saavedra, de la guerra revolucionaria emprendida por San Martín, Belgrano, Güemes y tantos militares que defendieron la liberación de la patria delante de la dependencia colonial, de la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata realizada en la reunión de Tucumán el 9 de julio de 1816, del proyecto de una Argentina federal del siglo XIX, de Perón y de Nestor y Cristina Kirchner oponer al proyecto agroexportador de la Sociedad Rural Argentina el proyecto de desarrollo de economías regionales y mercado interno con comercio exterior. Esa vocación tal vez deba poner en pauta la desentralización política, económica y social del país.

Una nueva forma de ocupar el suelo urbano y rural

Según divulgó Telam, de acuerdo con la información difundida por la revista Humero en Homero.net.ar, los cuadros técnicos del colectivo “Los cayetanos” (CCC, CTEP,Darío Santillan, Barrios de pie, Somos) habrían elaborado un plan de los movimientos sociales para salir de la crisis agravada por la pandemia. Este plan, presentado al presidente Alberto Fernández constaría de “La construcción de mil fábricas, un millónde viviendas, la creación de un millón de chacras, un salario mínimo complementario universal, y un registro de los trabajadores de la economía popular” con un “Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (ReNaTreP); inscripción fiscal,regularización impositiva y acceso a la jubilación para estos trabajadores y la creación del monotributo productivo”, “la instrumentación de un fondo de 200 mil millones de pesos para sostener la iniciativa que apunta a la reactivación de la economía en los barrios”, “un diseño «urbanístico planificado», que permitiría la creación de «cuatro millones de puestos de trabajo directos y otro tanto de indirectos», además de la participación de pymes y cooperativas”.

Tal vez esta idea pueda ser abrazada por el ministro Daniel Arroyo para que se pueda tornar técnicamente viable, y recuperando la vocación descentralizadora, federal y popular de 200 años de historia se puedan ocupar las tierras del interior del país,creando nuevas organizaciones territoriales, nuevas conformaciones político-sociales,dando dinámica a las economías regionales unidas por medio de la malla ferroviaria ylos ríos del país, integrando y favoreciendo la actividad de las comunidades interioranas ya existentes, especialmente las de los pueblos originarios en el norte y el sur de la Argentina y los trabajadores rurales que no son “el campo” que defiende un dólar alto y libre de tasas de importación de soja. Esa idea presentada por las organizaciones sociales pensada urbanística y ruralmente en todo el territorio no solo iría resolviendo el problema de la aglomeración del AMBA sino que también disolvería feudos que se mantienen en el aislamiento, integraría comunidades que se mantienen marginalizadas y echaría a andar el proyecto de San Martín, Perón y Alfonsín.

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