“Eva, Alfa y Omega” de Aurora Venturini

La escritora innombrable llega a tiempo a nombrar a Esa Mujer

Aurora Venturini, la escritora proscripta y prohibida durante décadas por ser confesa militante peronista y amiga personal de María Eva Duarte de Perón, no se fue de este mundo (falleció el 24 de noviembre de 2015 a los 92 años) sin poner las cosas en su lugar. Lo hizo a través de “lo único que sé hacer: escribir libros”, tal su definición.

Un año antes de dejar este mundo publicó este libro que porta el filo de una cuchilla, y describe sin concesiones y con conocimiento de causa la personalidad, la infancia, los días y las noches de la mujer que fundió el tiempo a través de un accionar político que la dejaría por siempre viva en el corazón del pueblo argentino: Eva Perón.

Aurora nos invita a pasar y recorrer algunos días en la casa del pequeño pueblo de Los Toldos que comanda doña Juana Ibarguren, donde cría a los seis hijos que ha tenido con Juan Duarte.
Allí encontramos a la pequeña Evita llevándole chocolate a los niños mapuches de la zona mientras ya se pregunta el porqué de las injusticias que ellos padecen.

Cursando su adolescencia repleta de sueños en Junín recibirá la convocatoria de su hermano Juan, quien está haciendo la conscripción en Buenos Aires, para que arranque hacia la gran ciudad a cumplir sus deseos de intentar suerte y llegar a ser artista.

La prosa de Venturini no da concesiones, parece un machete impiadoso que va tumbando malezas, parece un abrazo profundo que conmueve a los propios. Testigo privilegiada, amiga de la mujer más importante de la historia argentina, Aurora nos deja en clave poética el arribo de Eva a la gran ciudad, su acercamiento a Perón y la elección de una vida peligrosa, definitiva.

No rendirse nunca será el lema que trae inscripto en su cuerpo la joven llegada una tarde a Retiro. “… Eva existiría treinta y tres años de fuego y desespero. Vela sutil se consumiría en sueños convertidos en realidad tangible. Aunque la consumieran, nunca fueron inútiles”. Con estas palabras, Aurora Venturini nos va introduciendo en aquellos días álgidos, febriles de actividad, que elegirá vivir la abanderada de los humildes.

Todo será rápido, como un relámpago que corta e ilumina de golpe la historia de nuestro país: la relación de pareja con Perón, la construcción del 17 de octubre, la campaña electoral, la llegada al gobierno, el accionar sin tiempo con el que se entrega a sus actividades en la Fundación.

Eva Perón: El huracán que pasó y quedó fijado en la memoria de la sangre del pueblo argentino

Todo será rápido, decíamos recién: se le ha escurrido la vida a la joven llegada desde Junín, transformada, abruptamente, en dueña de la historia. Miles, millones, la toman como propia agitando su nombre, su imagen, su sonrisa.
Un amor extremo hacia el prójimo, un accionar imparable durante los años que el físico le aguanta, fue acabando sus energías: “Darles vida, hasta la propia, la exterminó” sintetiza la escritora platense.

Aurora Venturini no es piadosa para contar lo que vio, lo que vivió –y padeció-, como argentina, como peronista, como amiga de Evita.

En las páginas de su libro desfila nombrado el odio extremo de los que festejaron la existencia de ese cáncer; la derrota y el llanto de quienes perdían la presencia física de su abanderada; el olor de la pólvora regada por las bombas que cayeron sobre Plaza de Mayo, soltadas por aviones “argentinos” en junio de 1955.

Aurora dinamita sus frases, se las deja incrustadas a los lectores, las pone en el texto secas y cortantes, como queriendo subrayar que los días que está narrando no pueden nombrarse de otra manera.

Allí está el golpe de estado, la fiesta de la oligarquía brindando con champagne en septiembre, y -perversión mayor- el cadáver de la mujer que apuntaló la mayor transformación social de la historia argentina, raptado de la casa de los trabajadores, ultrajado con saña y perversión, y finalmente escondido en algún secreto lugar de Europa.

Pero Eva vuelve, siempre Evita está volviendo. Aquí la trae el recuerdo, la crónica, de la escritora amiga, quien hace justicia por todo lo vivido: “Esa mujer, antes de asomarse al balcón no tenía discurso pensado. No obstante, cuando veía a los grasar alzar los brazos, fluía su lujosa locución original de indomable”.

Las memorias noveladas de Aurora Venturini dejan el mar picado, la memoria recobrada, el aliento agitado.

En sus páginas está Eva Perón retomando su andar humano, definitivo, arriesgado y ardiente, entre el odio de los poderosos y el amor eterno, indestructible, de sus grasitas.

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