Cómo sorprende a Rosario la pandemia del Covid-19

La Pandemia del Covid-19 ha llegado a nuestro planeta, generando una crisis global, en los sistemas de salud y en el contexto de la economía, en los diversos países.
Se observan distintos posicionamientos en las decisiones que toman los presidentes y líderes mundiales, para afrontar esta situación, que podríamos considerar inédita en el mundo.
En Argentina, gracias a la concepción de Estado presente del Gobierno Nacional, y al acatamiento de cuarentena en aislamiento del pueblo argentino, se está evitando que se disparen los números de muertes e infectados.

A nivel local, en nuestra ciudad de Rosario, nos encontramos, dentro de ese marco nacional tranquilizador, con problemas sociales y económicos, que padece una amplia franja de población, que obstaculizan la posibilidad de que todos los habitantes de esta ciudad puedan cumplir con las normas sanitarias y de aislamiento.

Rosario es una ciudad donde las desigualdades son más agudas, en principio por ostentar en los últimos años el primer o segundo lugar, en el país, en desocupación y desempleo.
Por lo tanto, la pobreza es más profunda, los excluidos aumentan, y los barrios carenciados crecen, con condiciones de vida cada vez más críticas.
Se calcula que alrededor de un 20% de la población total de Rosario, vive en Barrios Populares, y no tiene resuelto el problema de la vivienda.

Villa Banana

En estos barrios, según el RENABAP – Registro Nacional de Barrios Populares, relevamiento realizado en todo el país por varias organizaciones sociales en el año 2017, existen en la ciudad de Rosario 112 Barrios populares, en condiciones de hábitat donde peligra la vida y la salud, desde antes de la llegada del Covid-19.

Cordón Ayacucho

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Un 96% de esa población, no tiene acceso a la red de agua potable y segura, un 99% no accede a la red cloacal, usando pozos absorbentes (pozos ciegos), un 99,1% no cuentan con red de gas natural (usando garrafas, leña o carbón), y el 81% no posee una conexión reglamentaria a la energía eléctrica.

Estos barrios no poseen apertura de calles, no pueden ingresar ambulancias, transporte público, camiones de bomberos, policía, etc.

Siguiendo en la línea de reflexionar sobre los más castigados que encuentra la Pandemia en Rosario, es necesario mencionar que en las calles de Rosario, viven centenares de adultos mayores, familias y niños, que no poseen techo.

El Gobierno Municipal ofrece, desde hace años, un solo refugio municipal, en la calle Grandoli 3450, para 40 hombres entre 18 y 50 años. El resto de algunos refugios y albergues, son atendidos por ONGs, por entidades religiosas, clubes de barrio, etc.

Con lo cual podemos llegar a expresar una conclusión:

En nuestra ciudad de Rosario hay 2 tipos de impedimentos importantes, para cumplir la cuarentena, en aislamiento, permaneciendo en sus domicilios, para evitar el contagio del Covid-19:

  • Los habitantes que viven en barrios populares, hacinados en pequeñas viviendas precarias.
  • Las personas sin techo, que viven en la calle.

Esta Pandemia entonces ha levantado el velo que ha cubierto durante tantos años, tanta miseria en la que viven gran parte de los habitantes de Rosario.

Ha llegado la hora de reflexionar cómo construir una ciudad con empleo y trabajo, con inclusión real, con igualdad de oportunidades para todos, con alimentación sana, con viviendas dignas para todos, con servicios básicos para todos, con acceso a la Salud y la Educación, en todos los niveles.

Frente a esto, es fundamental el rol del Estado.

Un Estado presente, que atienda prioritariamente a los sectores sociales en condiciones críticas de vida y salud.

Un Estado que se proponga lo más urgente: combatir el hambre, Hambre Cero, generar trabajo y empleo, habitar en una vivienda digna, acceso en todos los barrios de servicios básicos (agua potable y segura, desagües cloacales, gas natural, energía eléctrica), acceder a buenos servicios de salud y educación, etc., para todos, en una sociedad más justa.

Nuestras ciudades latinoamericanas, al igual que Rosario, con problemáticas similares, de desigualdad, de fragmentación social y urbana, requieren de gobiernos populares, que ayudados por el cooperativismo, organizaciones sociales, juntas vecinales, colectivos de autoconstrucción, puedan trabajar en la construcción de su hábitat, y de esa manera lograr una integración real de la ciudad.

Esa transformación del hábitat, con vida digna para todos, implica un largo proceso, por lo cual debieran ser Políticas de Estado, que se mantengan a través de los años.

Lo importante, es que hoy frente a la Pandemia no olvidemos a nuestros hermanos de Rosario, que no pueden cuidarse, no pueden aislarse, no pueden alimentarse bien, debido al alto nivel de pobreza que poseen algunos sectores de nuestra ciudad.

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