Celeste, 32 años, traductora

Mi experiencia personal  con la pandemia y su consecuente cuarentena y aislamiento me agarra en mi 6to mes de mi primer embarazo.

Afortunadamente, en cuanto a lo económico soy de un reducido porcentaje que no debe preocuparse, tengo un trabajo en el rubro de la traducción y la localización que me permite seguir con mis responsabilidades de forma remota desde mi casa, por lo cual en nuestra empresa no se han visto reducidos los sueldos.

Lo que más se siente, en estos días tan particulares, es la sensación de querer compartir pequeños momentos de lo propio de un embarazo, con familiares y amigos. Eso sumado a la incertidumbre que hace que cada visita al obstetra y cada análisis sea vivido como una aventura hacia “el mundo externo hostil” en lugar de algo perfectamente normal y rutinario.
Por suerte, puedo compartir con mi pareja estos momentos, pero se siente un retraso impuesto a la fuerza de actividades que serían placenteras como ir consiguiendo y comprando lo necesario para la llegada del bebé o sencillamente hablar de cara a cara con los allegados sobre las cosas lindas que una va viviendo.

Se intenta no leer tantas noticias alarmistas (las cuales abundan lamentablemente) y enfocarse en que por ahora va todo bien y todos los de mi círculo tienen salud.
Personalmente, es decir en lo particular de mi situación, ansío e imagino un regreso a la “normalidad” donde poco a poco la amenaza de este virus mundial vaya quedando como anécdota y pueda disfrutar de mi hijo y que él también disfrute de su familia que lo espera con mucho amor.

En cuanto a lo económico, no veo una mejoría a corto plazo. Entiendo que esto ha sido un golpe muy duro para amplios sectores, más de los que podemos imaginar tal vez. Desearía que no sean olvidadas las respuestas que dio el estado, en mi opinión acertadas,  en su mayoría, y que nadie vuelva a creer que depende solo de sí mismo. Todos necesitamos ayuda y asistencia en algún u otro momento. Esta interrupción inesperada de la vorágine diaria del “sálvese quien pueda lo ha demostrado.”

Por otro lado, y esto es opinión totalmente personal, no creo que vaya a haber un cambio considerable en las formas de la gente (no me excluyo de esta reflexión). Creo que hay una falsa sensación de que hay un antes y un después en cuanto a lo afectivo y de que todo será puesto en perspectiva. En ese sentido, me parece que es muy difícil conmover el carácter de la gente y y si hay algún cambio será en casos aislados en la intimidad y no se producirá una “revolución solidaria”.

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