Roberto Maurino

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David Sinclair

Voy a hacer un relato de la experiencia que me tocó vivir durante el Golpe de Estado del veinticuatro de marzo. Ese golpe cívico militar y religioso que azotó Argentina durante siete largos años, que todos sabemos los resultados y las consecuencias desde todo punto de vista. Yo en esos días hacia tres meses que trabajaba en la fábrica de dulce de leche San Ignacio que estaba ubicada en calle Tres de Febrero, su entrada principal entre Alvear y Santiago hacía una L porque tenía otro pabellón que salía por Alvear.

Ya hacía varios meses que todo el mundo  anunciaba el Golpe de Estado, los medios de prensa a todos los medios de comunicación y sectores políticos empresariales industriales y religiosos, que fogoneaban el Golpe de Estado de una manera o de otra. Viendo como única salida la solución militar para la Argentina con un gobierno que se derrumbaba y que estaba prácticamente inmovilizado por una crisis económica y política terrible, aparte de las bandas paramilitares que asolaban la Argentina, las tres AM Buenos Aires y Rosario Comandos Libertadores de América en Córdoba, CNU en La Plata y Mar del Plata, etc. Todos los días las fuerzas populares revolucionarias perdían buena cantidad de militantes asesinados de una manera salvaje y terrible. El 16 de Marzo, por ejemplo, un cable de “United Press” una agencia noticiosa informa que ya se ha terminado y puesto en marcha el plan Aries, esa era la orden de batalla cuando se emitía la consigna o la clave Aries las fuerzas armadas iniciaban el Golpe de Estado que a parte decía la agencia de qué Aries se iba a emitir a partir del día 21 de marzo. El día 22 de marzo fuerzas militares ocupan el hospital Posadas y les ocupan todas las camas posibles mandando enfermo no tan graves a sus casas para dejar lugares libres por las dudas que existiera un enfrentamiento. Esa noche del 23 de marzo como siempre fui a trabajar, un ratito antes de llegar a San Ignacio, en la esquina del Automóvil Club ubicado en Tres de Febrero se había apostado un batallón de soldados, eso era a las 23 hs aproximadamente.

Entré a trabajar a la fábrica a las 23, trabajé del 23 al 24 hasta las seis de la mañana, estaba con la radio prendida y a eso de las 2:30 de la mañana cesaron todas las transmisiones de las radios y silenciaron todas por completo, solamente se escuchaba radio Colonia de Uruguay eso duró unos quince a veinte minutos hasta que luego en forma unísona todas las radios comenzaron las marchas militares y los comunicados. Yo trabajaba en San Ignacio, consideraba una fuente de seguridad porque era lugar muy grande con portones inmensos que solamente corrían sobre rieles con una puertita pequeña con pasadores internos para acceder ya sea para entrar o para salir. El día del 24 al 25 voy a trabajar de nuevo con mi auto, el auto lo dejo adentro, trabajo normalmente, salgo el 25 a la mañana y me voy a mi casa. Vuelvo a trabajar del 25 para el 26, sí no me equivoco era de un viernes a la noche para el sábado, me parece que era así…

Pero es de esas cosas que uno tiene una intuición un sentimiento, algo que va a ocurrir o una precaución que toma por si las dudas. No entré el auto, lo dejé por calle Alvear casi esquina Mendoza y le puse llave. A las 3 empecé a trabajar, a eso de las 12:30 tocan el timbre, voy por la mirilla y observó que había dos falcón negro parados afuera con varios tipos todos vestidos de distintas maneras, algunos con trajes, saco y corbata. Preguntan por mí, preguntan por Roberto Maurino, entonces uno en esos momentos tiene esos reflejos extremos y le digo «ya lo voy a buscar». Entonces agarro un bolso que tenía con la radio, me voy por el ala que sale por Alvear, veo que por la puerta chiquitita no había nadie y despacito salí caminando sin hacer mucho ruido. Recuerdo que pudo haber sido  media cuadra que caminé, agarré el auto y me fui hasta el automóvil club. Ubiqué a mi hermano que inmediatamente se unió conmigo, de inmediato nos fuimos a la casa del gerente de la fábrica porque el acceso a la fábrica había quedado cerrado. Iban a llegar los operarios a las seis de la mañana y nadie iba a abrirles desde dentro, entonces le entregue la llave y le expliqué que me tenía que ir urgente.

Esta es la experiencia que yo quería contar de esas noches del golpe y días previos como experiencia personal y que hoy por suerte las puedo narrar…

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