“Un fusil y una canción” de Tamara Smerling y Ariel Zak

Se descubre el manto del olvido que pesaba sobre Huerque Mapu

«Un fusil y una canción» es un libro necesario, un libro que viene a llenar una ausencia persistente a través de los años: la historia y el reconocimiento del quinteto de música folclórica Huerque Mapu.

Famosa por haber compuesto y grabado la Cantata Montonera, la formación ya tenía en ese momento más de un año de vida y llegará a grabar a lo largo del tiempo varios discos. Sin embargo, el manto del olvido había cubierto durante esta nueva etapa demócratica argentina inaugurada en 1983, la historia del grupo.

Surgidos en un contexto sociopolítico en el que la participación y el compromiso de los sectores medios urbanos iba en ascenso, la historia del debut artísticos los iba a marcar para siempre. Aún buscando nombre propio, e invitados a tocar en la Facultad de Arquitectura de la UBA para un festival que reunía fondos para los presos políticos, el primer concierto de los proto Huerque Mapu aconteció el día que la dictadura militar encabezada por Alejandro Agustín Lanusse decidió fusilar dieciséis militantes de distintas organizaciones armadas quienes, después de la frustrada fuga de la cárcel de Rawson, se había entregado en el aeropuerto de Trelew a las autoridades judiciales, previo compromiso del respeto de sus vidas.

Con esa terrible noticia recién llegada a Buenos Aires, subieron a cantar al escenario esa noche de agosto de 1972 Hebe Rosell (voz, vientos y percusión), Naldo Labrín (guitarra, tiple, charango), Lucio Navarro (voz, charango, guitarra), Ricardo Munich (violonchelo, vientos) y Tacún Lazarte (guitarra, charango, percusión).

A partir de ese momento, como tantas cosas del acontecer político que se sucedían durante ese comienzo de la década del setenta en nuestro país, todo fue vertiginoso: los encuentros diarios en las casas de los integrantes para planificar cómo seguir, la decisión de llamarse Huerque Mapu (Mensajeros de la Tierra, en idioma mapuche), el comienzo de los recitales que se irán multiplicando rápidamente, el primer disco llamado con el nombre del grupo y editado en 1973, el conocimiento creciente entre el público que irá teniendo la formación.

Los músicos de Huerque Mapu sentían que su actividad, su quehacer cotidiano, no podía estar al margen de la marea de cambios profundos que se agitaban en la sociedad argentina. Era necesario decir, cantar, instalar en la gente, lo que estaba pasando en toda América Latina, y consecuentemente era necesario poner su arte al servicio de la transformación necesaria y urgente que debía llevarse a cabo.

La identificación con Montoneros: la convocatoria para producir la Cantata

La banda debutó en el teatro Payró de la ciudad de Buenos Aires el 22 de mayo de 1973, tres días antes de que Héctor Cámpora asumiera la presidencia de la nación obtenida tras el triunfo en los comicios del 11 de marzo.

En su repertorio estaba presente gran parte del folclore latinoamericano, especialmente andino, y la referencia específica a lo que estaba pasando en nuestro país en esos días, como el tema instrumental bautizado “Trelew (Requiem)”.

En el año 1973 el grupo fue contactado por la Organización Montoneros de gran ascendencia en el conjunto de las fuerzas que engrosaban el peronismo revolucionario para que produzcan y graben la Cantata Montonera, un disco que debía contar en capítulos el proceso de resistencia del pueblo argentino al accionar de las distintas dictaduras que se habían sucedido en la Argentina desde 1955. No obstante, la narración histórico-musical debía comenzaría a partir del secuestro y posterior ejecución a manos de Montoneros a del ex dictador Pedro Eugenio Aramburu, a mediados de 1970.

El enlace entre Huerque Mapu y Montoneros, lo llevo a cabo el escritor y militante peronista Nicolás Casullo, quien en ese momento había comenzado a trabajar en el Ministerio de Educación y Cultura del gobierno de Cámpora. Así se fue generando la Cantata Montonera, con las letras de las canciones que recibían la supervisión de los jóvenes conductores de la organización político-militar. Muchas de esas letras fueron elaboradas por el propio Nicolás Casullo.

La Cantata fue presentada ante un estadio Luna Park repleto el 28 de diciembre de 1973. Quince mil personas adentro y varios miles afuera llenaron de carteles y de cantos eufóricos el centro porteño. Pronto, el disco estuvo en la calle, pasando de mano en mano de los militantes de la tendencia revolucioanaria peronista. Contaba con diez temas que relataban no solo el secuestro de Aramburu, sino también otros hechos fundacionales para Montoneros como las muertes de Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus (Fernando y Gustavo), la toma por parte de las FAR de la ciudad bonaerense de Garín (Garín), el recuerdo de militantes señeros para la organización como José Sabino Navarro (Negro Sabino) o el combate en la ciudad cordobesa de Ferreyra donde muriera Carlos Olmedo (El combate de Ferreyra).

Tamara Smerling y Ariel Zak relatan también en su investigación las vicisitudes de los años siguientes que vivieron los miembros de la formación. Sus presentaciones iban en aumento a lo largo y ancho del país y el segundo disco llegó a mediados de 1974 con una carta de presentación –y elogio- que firmaba nada menos que Alfredo Zitarrosa.

No obstante, la realidad política local se enrarecía día a día. Los choques de Perón con Montoneros, su muerte en julio de 1974 y el pase a la clandestinidad de la organización poco tiempo después, empezó a repercutir en la vida cotidiana del conjunto de la militancia peronsita. Los miembros de Huerque Mapu no fueron la excpeción.

Amenazas anónimas, mensajes, persecuciones en la vía pública, escraches en los lugares de trabajo y allanamientos ilegales a sus casas particulares, fueron prácticas que empezaron a sufrir. En ese marco las dudas acerca de continuar o no con la actividad artística se multiplicaron y así fue que se alejo Naldo Labrín del grupo a fines del ’74.

La gira que el grupo logró concretar por España a fines de 1975 permitió darle continuidad por un tiempo al proyecto y conseguir los escenarios que en el país se le cerraban a diario.

El golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976 cambió drásticamente las reglas del juego para los integrantes de Huerque Mapu. Como se relata en “Un fusil y una canción” cada uno partió hacia distintos horizontes, insistiendo en algunos casos con este proyecto o encarnando otros que les permitiesen trabajar, aunque siempre dejando en claro que el compromiso en la lucha por una sociedad justa -en el caso de ellos a través de la música como fuente de expresión- irían siempre de la mano.

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