“Vida del Chacho” de Fermín Chávez

El Olimpo liberal expulsa de la historia a los fieles a su pueblo

Fermín Chávez se fue transformando a lo largo de su extensa carrera como historiador y escritor, en una de las principales plumas puestas a desnudar las mentiras y lo vacíos ex profeso generados por la historia de raíz liberal-mitrista.

Tapa del libro

Comienza esta biografía política del líder llanista yendo al grano: “El general Ángel Vicente Peñaloza es uno de los grandes infamados de nuestra historia oficial. Sabido es que el Olimpo liberal argentino no admite más que aquellas figuras protagónicas en un todo ortodoxas, es decir, las enteramente aceptables a la fórmula implícita en el slogan ‘Civilización o Barbarie’. Peñaloza, como López Jordán después, tuvo de adversario a un poderoso y vengativo vencedor, que se llamó Domingo Faustino Sarmiento, cuya fecunda y prodigiosa pluma rindió más victorias que su cargo de Director de Guerra contra los montoneros. Ella clausuró la entrada al Olimpo de la historia oficial a muchas vidas argentinas, cuya falta más grave había sido ser fieles a su pueblo, oponiéndose a los desbordes y a las jactancias de las minorías. El que proclamaba que ‘las ideas no se matan’, ordenaba el exterminio de quienes las encarnaban”. 

No solo el Chacho Peñaloza, sino cada uno de los caudillos provinciales argentinos, fueron víctimas de las plumas –y las armas- liberales, que habrán de mostrarlos como forajidos e incultos, bautizándolos bajo el concepto sarmientino de la Barbarie. Por el contrario, el capital extranjero, sus agentes desembarcados en el puerto de Buenos Aires y los siempre presentes “socios locales” serán los elegidos para denominarlos como los portadores de la Civilización. “Vida del Chacho”, cuya primera edición data del año 1962,  enfrenta y contradice esa falsa y deformada visión de nuestra historia. Forma parte de las más de cuarenta investigaciones que nos legara Fermín Chávez, centradas la mayoría en el análisis de nuestra historia nacional, aunque también extendidas a otras esferas del conocimiento como la filosofía y la teoría política. Sus poemarios completan la obra de este gran escritor nacional nacido en El Pueblito, provincia de Entre Rios, en 1924.

El caudillo, un referente de su terruño.De la formación militar del Chacho junto a Facundo Quiroga a la traición urquicista al proyecto de la Confederación Argentina

Después de hacer un repaso del surgimiento del Chacho, primero como guerrero al lado de las fuerzas comandadas por el general Facundo Quiroga y luego como caudillo provincial riojano, Fermín Chávez pone hincapié en la permanente lealtad de Peñaloza al proyecto de la Confederación Argentina conducido por Justo José de Urquiza. Destaca el carácter central que tendrán los diez años posteriores a la batalla de Pavón (1861) para la suerte política de ese proyecto de país.

Ángel Vicente Peñaloza
Ángel Vicente Peñaloza

A posteriori a esa extraña contienda militar, vendrán tiempos de resistencias heroicas para los pueblos del interior. Dice Chávez: “La guerra de guerrillas que nace a consecuencia de Pavón y de la defección urquicista constituye uno de los capítulos más apasionantes de la historia argentina. Es un ciclo en que las masas campesinas del interior, encabezadas por sus numerosos jefes, enfrentan como pueden, con escasísimos recursos, a los invasores que van a imponer more leonis los principios triunfantes en Pavón”.

La “unión nacional” publicitada desde el poder porteño se debía plasmar bajo el accionar de un ejército de línea que se iría imponiendo gracias a la tecnología de su armamento y los recursos nacionales que lo sostenía. Mediante una política que combinaba la cooptación de sectores dirigentes provinciales con el exterminio de las los numerosos focos resistentes, el proyecto de ligar el país a la economía mundial como proveedor de materias primas avanzaba en medio del olor a pólvora y la traición urquicista. Los intereses del gran puerto de consuno con los del capital inglés, se iban imponiendo ante la sospechosa pasividad del entrerriano. Huérfanos de contención política nacional, los hombres del Chacho seguirán recorriendo el territorio y haciendo frente a las fuerzas nacionales hasta la salvaje muerte de su caudillo el 12 de noviembre de 1863. Al respecto, dirá el gran pedagogo sanjuanino: “…. he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses”. Ni la piedad ni la dignidad han sido nunca valores propios de los sectores de poder en la Argentina.

La necesaria mirada social para comprender el fondo de la disputa política entre el interior y Buenos Aires: la figura del gaucho matrero

Trascendiendo el caso puntual del caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza, Fermín Chávez extiende su análisis de los acontecimientos que se fueron dando desde el comienzo de la segunda mitad del siglo XIX, al  conjunto del contexto que se vivía en el territorio nacional: “Bajo la faz política las dos guerras de la montonera chachista constituyeron cruentos testimonios de una fidelidad a las banderas federales. Pero bajo la faz social y económica, fueron testimonios de realidades más complejas, que trascendían nuestras fronteras nacionales para gravitar en latitudes y continentes diversos. Y en ese sentido las guerras de la montonera chachista fueron también guerras sociales y económicas”.

 Al inaugurarse las obras de la construcción del ferrocarril inglés que uniría Buenos Aires con Córdoba, Mitre dirá en Rosario el 20/4/1863 ‘este es un feliz acontecimiento que inaugura la extinción completa del caudillismo bruto’. “El General Peñaloza fue el abanderado de ese caudillismo que el ferrocarril venía a liquidar, pero era también el líder natural de unas comarcas que habían conocido sus horas de esplendor y riquezas e industrias que eran su medio de vida indispensable. He ahí la doble faz que representaba el ferrocarril, en ese momento de expansión del comercio británico en el mundo”.

 Continúa Fermín Chávez: “La expansión del gran mercado capitalista necesitaba el ferrocarril, los postulados del libre cambio y la eliminación de toda barrera proteccionista, fuera de orden legal, fuera de orden político –la montonera, por ej-. Se volvía indispensable eliminar cualquier modo de anarquía, las contiendas civiles, y el caudillismo,  factores que siempre serían amenazas para la propiedad del inversor o del prestamista”. La penetración del comercio inglés en el Plata trajo aparejada la deformación de las economías regionales y el empobrecimiento del interior. Había que eliminar las perturbaciones a cualquier precio.

Dominados los pueblos pastores y agricultores del Oeste, el ferrocarril podría unir cómodamente el Puerto con el interior y tendiéndose en forma de mano abierta aniquilar las producciones competitivas y promover el monocultivo hasta convertir al interior en mero abastecedor de materias primas. Tal fue el proceso que vivieron esas provincias argentinas que hoy se conocen bajo la denominación de “pobres” -pero  que habían visto florecer sus economías comerciando con Chile y  el Alto Perú en la primera mitad del siglo XIX-, víctimas de una nefasta deformación económica cuyos beneficiarios últimos vivían proclamando las virtudes del libre comercio.

La síntesis precisa del historiador entrerriano acerca de la penetración económica inglesa y su alianza estratégica con los sectores dominantes porteños, encuentra un nuevo reajuste conceptual a través del abordaje de la figura del gaucho matrero. Sostendrá la necesidad de estudiar con atención el proceso social en el que el gaucho, que venía ejerciendo un lugar protagónico en aquella sociedad criolla, es perseguido y derrotado a manos del proyecto político que ya había asomado en la década del ‘20 de la mano de Rivadavia.

Considera necesario pensar que “…. el gaucho matrero no es una calificación jurídica, de derecho penal, sino sencillamente una categoría política. (…) El gaucho matrero nace y se propaga como rebelión ante una filosofía de genocidio que, por boca de Sarmiento, proclama ‘no hay que economizar sangre de gauchos’. El gaucho matrero (llámese Guayama, Calandria o Martín Fierro) es la contrapartida de los criollos sin tierra a la arbitrariedad de las ordenanzas antinacionales contenidas en la fórmula ‘vagos y malentretenidos’, que arrastra nuestra historia desde los tiempos del Directorio portuario hasta la presidencia de Nicolás Avellaneda, en que pueden regresar a sus distritos patrios los últimos gauchos matreros: los jordanistas”.

Despojados de las tierras por la alianza iberal-británica, el gaucho ha pasado a representar un “abono útil”: “Después de Caseros el gaucho fue rápidamente marginado de la vida nacional en la que había sido uno de los principales protagonistas sociales. Los vencedores, conscientes del escollo que representaban los hijos de la tierra, impondrían una política capaz de hacer que el gaucho, en el menor tiempo posible, diese lugar al ferrocarril que la expansión del comercio inglés venía exigiendo en distintas partes del mundo. Fue una operación fría y bien calculada, perfectamente instrumentalizada y manejada. Los criollos que en la década de 1840 habían conocido uno de los niveles de vida más altos entre las clases populares del mundo, se vieron pronto perseguidos y  menos preciados, acorralados y obligados a servir en una milicia que les repugnaba, porque la consideraban un instrumento del puerto y no del país”.

El gauchaje que tenía al Chacho Peñaloza como uno de sus caudillos naturales. La prosperidad de esas sociedades del interior del país, empezaban a ser arrasadaas por la presencia de la máquina a vapor llegada desde Londres.  La alianza estratégica del capital inglés con los liberales porteños, comenzaba a plasmar ese proyecto de país dependiente centrado en la exportación de las materias primas que la corona británica precisaba, a cambio de la importación de las manufacturas inglesas que herían de muerte las economías regionales criollas.

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