La piedra en el zapato del Imperialismo

Venezuela

En Venezuela, el año 2019 será recordado por mucho tiempo como un año de lucha y resistencia. Si bien esto no es algo nuevo, pues en 2014 y en 2017 fueron épocas de mucha tensión, presión externa y violencia social, lo particular de este año fue el nivel de organización de la oposición al chavismo, tanto interna como externa. A esta organización se le suma el ímpetu de la misma para lograr sus objetivos de desplazarlo del gobierno. Lo que en un primer momento parecía como inminente, a medida que fueron pasando los meses, la situación se descomprimió y la oposición a la par de perder iniciativa política se fue fragmentando hasta llegar completamente separada a diciembre.

Para hablar de lo que sucedió habría que dividirlo en dos partes; la primera que va desde enero a mayo y la segunda de junio a diciembre. El hecho bisagra fue el 30 de mayo con la llamada Operación Libertad donde la oposición terminó de desgastarse dado los continuos fracasos.

El primer semestre fue la época en donde se sucedieron los acontecimientos políticos más importantes. El objetivo desde el inicio fue generar un clima de desestabilización para forzar al gobierno de Nicolás Maduro a renunciar. Es así como en los primeros días del año, cuando Maduro debía asumir su mandato 2019-2023, comenzaron las presiones internas y externas para desconocer la legitimidad de los votos obtenidos en las elecciones presidenciales de 2018. Desde esos días se comenzó a fogonear la idea de que en Venezuela había un gobierno usurpador e ilegítimo. Esto creó el escenario propicio para que a los pocos días, el 23 de enero, el diputado de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se autoproclamara presidente encargado “hasta el cese de la usurpación” frente a una multitud de simpatizantes en una plaza céntrica en la ciudad de Caracas. Lo llamativo de esto estuvo en que al instante fue reconocido como presidente legítimo por varios gobiernos de la región, empezando por Estados Unidos, la OEA y los 13 países partícipes del Grupo de Lima. De esta manera se configuraba un escenario político en donde convivían dos poderes que respondían a dos sectores distintos de la sociedad en un clima de alta polarización. Luego con el paso del tiempo se verá que Guaidó jamás ejercería ningún tipo de facultad o poder al interior de su país. Lo único que pudo hacer fue nombrar embajadores en los países que lo reconocieron y hacerse con los activos que EEUU embargó a Venezuela por medio de las diferentes sanciones económicas.

Ese clima de desestabilización fue exacerbado aún más en los meses siguientes a la autoproclamación. Es así que en febrero y marzo se llevaron a cabo dos hechos que pusieron a prueba a Maduro. El primero de los hechos, sucedió en febrero. Fue el recital que se organizó la frontera colombo-venezolana. Este festival contó con la participación de diversos artistas internacionales y también con la presencia de las cámaras del mundo. Venezuela AID Live supuestamente tenía como finalidad juntar fondos para destinarlos a la ayuda humanitaria al pueblo venezolano. Pero en realidad este recital tenía como verdadero objetivo obligar al chavismo a aceptar la ayuda humanitaria proveniente de EEUU y sus aliados, pero eso no sucedió. El caballo de troya revestido de ayuda humanitaria no ingresó a Venezuela y de esa forma Guaidó no pudo cumplir con sus promesas de hacerla ingresar “a como dé lugar” como declaró en aquella jornada. Ninguno de los objetivos propuestos se logró en esa jornada. Lo único redituable en ese día fueron las imágenes de un grupo de soldados venezolanos desertando y uniéndose a la oposición en el lado colombiano, y las imágenes de los camiones de ayuda humanitaria prendidos fuego. Estas  fueron utilizadas un tiempo para acusar al gobierno de Maduro de ser un dictador por no querer recibir ayuda humanitaria para su pueblo y que esas deserciones militares eran las primeras de muchas otras que vendrían. Se utilizaron grandes cantidades de recursos y las ganancias terminaron siendo magras. Como consecuencia de estos hechos Venezuela rompió relaciones con Colombia por considerar dichos acontecimientos como injerencia en los asuntos internos de un Estados Soberano.

El segundo de los hechos, y a mi entender el más grave, fueron los apagones masivos a lo largo y ancho del país. Esta estrategia de desestabilización se encuadra dentro de lo que se denomina Guerra de Cuarta Generación. Este nuevo tipo de guerras se caracteriza por el uso de nuevas técnicas, tácticas, estrategias y armas. A los instrumentos de la guerra convencional, se les suma los ciberataques, la guerra de guerrilla, la guerra económica, la guerra propagandística (por medio de las fake news), entre otros. La finalidad de esto era llevar al pueblo venezolano al límite de la resistencia, generar enojos contra el gobierno por parte de la sociedad y que la gente saliese a la calle a pedir la cabeza de Maduro y todo el chavismo. Esos apagones fueron posibles gracias a la alta tecnología proveniente de Norteamérica (EE.UU. y Canadá) y a la participación de miembros de la oposición que llevaron adelante los distintos sabotajes a la infraestructura energética. Guaidó y sus aliados comenzaron a acusar a Maduro y al gabinete de no haber invertido nunca en infraestructura y de violar los derechos humanos de la población. Es en ese marco que se comenzó a hablar tanto dentro como fuera del país de la posibilidad de una intervención militar. Incluso en el Foreign Affaire – revista donde aparecen los principales lineamientos de política exterior de los EE UU- apareció para esa fecha una nota donde hablaba de los pro y contra de intervenir militarmente y de los escenarios posibles que se abrirían. En los círculos decisorios de Estados Unidos se hablaba de que Maduro estaba perdiendo en control en su país y que sobre la mesa se barajaban todas las opciones, incluida la opción de la incursión militar. 

En esas jornadas las condiciones de vida de la población venezolana sufrieron un fuerte golpe dado que las sanciones económicas se volvían cada vez más severas. El bloqueo económico, el congelamiento de los activos venezolanos en el exterior, la prohibición de comprarle crudo al país caribeño, la restricción de llevar adelante operaciones bancarias, entre otras. De esa manera se volvía imposible para el país caribeño comprar alimentos, medicamentos e insumos provenientes del exterior, pues cualquier empresa o banco que hiciera algún tipo de transacción con ese país sería duramente sancionado también. A eso se le sumaban los cortes de luz que obligaron al gobierno a tener que actuar rápidamente y a generar una organización que pudiera paliar la situación, por lo menos de manera momentánea hasta recuperar totalmente el suministro energético. Esos meses no fueron fáciles, no solo para los actores políticos en pugna, sino para la población en general que se encontraban frente a una guerra no convencional, donde los disparos no son de armas de fuego, sino que son económicos o tecnológicos. Estos ataques demostraron a su vez la vulnerabilidad de un país periférico frente a estos ataques de alta tecnología que solo una potencia mundial puede llevar adelante. 

El bloqueo económico, el congelamiento de los activos venezolanos en el exterior, la prohibición de comprarle crudo al país caribeño, la restricción de llevar adelante operaciones bancarias, entre otras. De esa manera se volvía imposible para el país caribeño comprar alimentos, medicamentos e insumos provenientes del exterior…

A medida que pasaban los meses, y viendo que Maduro seguía firme en el poder, la presión externa por parte de Estados Unidos se redobló. Es así como en abril el congreso norteamericano emitió una ley donde consideraba como una amenaza para su seguridad nacional los vínculos de cooperación entre Venezuela y Rusia, a la par que le pedía a Moscú que se alejara de Caracas por ser un impedimento para la “transición pacífica” del gobierno a manos de Guaidó. Con esto Estados Unidos mostraba que aún consideraba al país caribeño como su patio trasero y por lo tanto, que podía imponerle la forma y los modos de como relacionarse con la comunidad internacional. Parecía que Trump se olvidó de que Venezuela es un Estado Soberano y no una colonia. A esto hay que agregarle el atropello que se sucedió en mayo cuando la policía metropolitana de Washington ingresó a la fuerza a la embajada de Venezuela y desalojó a los activistas que estaban allí desde mediados de abril. Este episodio se da en un contexto en el que la embajada se encontraba asediada por Carlos Vecchio, embajador designado por Guaidó, y simpatizantes de la oposición que demandaban entrar por la fuerza. A tal punto fue el asedio que en esos días no dejaban entrar alimentos y que en una oportunidad le cortaron la luz a todo el edificio. El 14 de mayo la policía de Washington ingresó al edificio diplomático con una carta sin firmar, por lo que dio la pauta de que nadie se hizo responsable de los hechos. Ni el gobierno de EE UU, ni Guaidó, ni Vecchio. Después de ingresar por la fuerza, la policía se retiró inmediatamente. Con esto se vio como en Estados Unidos violó el derecho internacional sin ningún problema. En base a la Convención de Viena los edificios de este tipo poseen inmunidad diplomática, por lo que son inviolables. Es el estado receptor el encargado de proteger estos lugares contra la intrusión o daño. Esto poco y nada le interesó al presidente Trump que desconoció el estado de derecho internacional, demostrando que estaban dispuestos a todos con tal de lograr una reacción por parte del gobierno y así justificar una intervención o golpe de Estado.

Por último, para concluir con la primera parte del año, hay que remontarse al 30 de mayo cuando Guaidó y sus aliados internacionales iniciaron la “Operación Libertad”. El objetivo de dicha operación era generar levantamientos en diferentes cuarteles militares de Caracas y alrededores para obligarlo a Maduro a renunciar. La oposición convocó a una movilización a la base aérea “La Carlota”, pero fue reprimida por las Fuerzas Armadas, que desde los primeros días de enero se habían mantenido leales a Maduro. Lo curioso de esta operación es que mientras se daban los movimientos en el terreno por parte de la oposición interna al régimen, también se daban movimientos a nivel externo. En ese día, donde parecía que el golpe era inminente, varios mandatarios regionales como Iván Duque, Sebastián Piñera, Mario Abdo Benítez, Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Donald Trump o el secretario general de la OEA, Luis Almagro, vía Twitter mandaban mensajes de apoyo a la oposición, exhortando al pueblo venezolano a salir a la calle para “conquistar la libertad y la democracia”. De esta manera dicha operación no solo demostró ser interna, sino que también externa. Una operación de dos frentes.

A pesar de contar con todo este apoyo no se lograron las expectativas. Los militares no desertaron masivamente, la gente salió a la calle, pero no lo que se esperaba y los apoyos externos nada pudieron hacer frente a este panorama desalentador para sus planes. La única victoria que tuvieron fue que liberaron a Leopoldo López, el líder opositor que había sido condenado a 13 años de prisión por los disturbios acontecidos en 2014. Viendo que la Operación Libertad no tenía ninguna posibilidad de éxito, tanto López y su familia, como varios militares acudieron a la embajada de Chile y Brasil respectivamente a pedir asilo diplomático. De los militares que acudieron a pedir asilo diplomático ninguno era un general o pertenecía a la cúpula del ejército. Esto dejó entrever que dicha intentona fue marginal al interior de las FF.AA. Maduro días después calificaría estos hechos como una “escaramuza golpista” ya derrotada.

…después de haber pasado 5 meses de la autoproclamación sin ningún resultado favorable, muchos sectores de la oposición comenzaron a ver con buenos ojos la opción del diálogo.

Después de estas jornadas donde la oposición y sus simpatizantes pusieron mucha energía y expectativa, al no lograr ninguno de los objetivos propuestos comenzó a generarse en el interior de estos sectores un sentimiento de desilusión y descontento. Los habían hecho movilizar constantemente, les habían dicho que el cese de la usurpación estaba a la vuelta de la esquina, los habían convencido que terminarían el año sin Maduro. Pero los acontecimientos les demostrarían otra cosa. El chavismo seguía firme en el gobierno en tanto que Guaidó perdía credibilidad al interior de la misma oposición. De esa manera es como fue perdiendo ímpetu e iniciativa política. Luego de haber prometido que el camino era fácil y que estaba a unos días de lograrse, y después de haber pasado 5 meses de la autoproclamación sin ningún resultado favorable, muchos sectores de la oposición comenzaron a ver con buenos ojos la opción del diálogo.

En este momento es que se inaugura la segunda parte del año. En esos días Maduro convocó a negociaciones que se materializaron en el Mecanismo de Diálogo de Oslo, en Noruega, que sentaba a la oposición y al oficialismo para encontrar una salida conjunta. Esta instancia de diálogo con el tiempo generaría la semilla de la fragmentación de la oposición. Es que desde antes de haberse iniciado estas negociaciones la oposición se encontraba dividida en dos sectores. Los dialoguistas, que eran acusados de colaboracionistas por sus aliados, y los anti dialoguistas, que consideraban que esto era una estrategia del oficialismo para ganar tiempo y que nada bueno podría salir de esas instancias. A esta discusión se agregaría más adelante otra, que tenía que ver con el llamado a elecciones legislativa que propuso Maduro. Acá el debate se dividía en dos. Por un lado estaba la discusión del llamado a elecciones o no. Y en esta hubo cierto consenso en torno a la idea de participar, de que había que llamar a elecciones dado que era necesario destrabar la situación de conflicto que seguía sin rumbo luego de tantos intentos frustrados. Por otro lado estaba la discusión de la participación de Maduro o no, y ahí fue donde más rispideces se generaron. Estaban los que querían elecciones pero sin el chavismo, pues consideraban que mientras estén en el poder era imposible que las elecciones sean libres y transparentes, y los que pensaban que la participación de Maduro daba lo mismo, que lo principal era que el antichavismo defina su propia ruta electoral para aumentar su cantidad de votantes. Estas discusiones marcaron esta segunda parte del año en el que la oposición se encontraba con poca iniciativa política, y para colmo en septiembre Trump pidió la renuncia de Jhon Bolton, el asesor de seguridad nacional, que era considerado el ala dura y el más acérrimo antichavista del gobierno. La causa de esto fue los constantes fracasos a lo largo del año.

De esta manera el tema Venezuela comenzó a perder importancia en los medios de comunicación, al ver que la oposición no hacía absolutamente nada y que estaba enfrascada en una pelea interna que a la larga terminaría separándola. A la par de esto, la agenda política en América Latina, en los meses de octubre y noviembre, se encontraría sumida en masivas movilizaciones en Ecuador, Chile y Colombia – países aliados de los Estados Unidos – elecciones presidenciales en Argentina y Uruguay y el golpe de estado contra Evo Morales en Bolivia. Estos temas hicieron que Maduro, Guaidó y compañía quedarán en el olvido para la prensa y la gente. Tanto para las agendas de las derechas como de las izquierdas, de la región y del mundo, Venezuela dejó de ser una preocupación.

Solo digiriendo sus diferencias internas Guaidó podrá ser líder de la oposición y presidente autoproclamado un año más. La política se mide por sus éxitos, y claramente el autoproclamado aún no ha cosechado ninguno, por lo que está en duda el futuro político de él y la oposición.

Así es como Maduro llegó a fin de año más cómodo de cómo lo empezó, con mayor estabilidad política y tranquilidad social. En cambio, por otro lado, la oposición terminó el año al revés. Lo empezó unida y organizada, con un objetivo claro y con expectativas de cumplirlo, pero lo termino sumamente fragmentada, desilusionada, sin iniciativa y con acusaciones cruzadas de corrupción. A tal punto que Guaidó aún no sabe si cuenta con el apoyo suficiente para renovar la presidencia de la Asamblea Nacional para el periodo 2020-2021. En enero deberán votar nuevamente. Solo digiriendo sus diferencias internas Guaidó podrá ser líder de la oposición y presidente autoproclamado un año más. La política se mide por sus éxitos, y claramente el autoproclamado aún no ha cosechado ninguno, por lo que está en duda el futuro político de él y la oposición. 

Porque entienden que lo que está en juego aquí no es la continuidad del mandato de Nicolás Maduro, sino la Soberanía e Independencia de su país.

De esta manera podemos concluir que, a pesar de todos los intentos de desestabilización que vivió este año Venezuela, los Estados Unidos y sus aliados locales no lograron sus objetivos. La oposición no se afirmó en el gobierno y el chavismo no se debilitó. A pesar de las sanciones económicas, del aislamiento internacional, de los constantes saboteo y de la injerencia externa en sus asuntos internos, el pueblo venezolano sigue firme en defensa del legado de Hugo Chavez. Porque entienden que lo que está en juego aquí no es la continuidad del mandato de Nicolás Maduro, sino la Soberanía e Independencia de su país. Venezuela no acepta ni aceptará a rajatabla los designios de la potencia mundial y regional que son los Estados Unidos, y que por el contrario, los pone en discusión. Aun siendo un país periférico Venezuela cuenta con los apoyos externos de China y Rusia. Esto es lo que aún hacen recapacitar a Washington a la hora de llevar adelante sus planes más ambiciosos. Es este un proceso de lucha, un proceso histórico que continúa, que está lejos de resolverse a corto plazo. Quedará ver como se ordena la oposición y que nueva estrategia planteara la potencia del norte frente a un Gobierno que no está dispuesto a ceder y que cuenta con el apoyo firme y decidido de los sectores más humildes de su país. El 2019 nos demostró que en Venezuela hay un pueblo que no traiciona y que tampoco se rinde. Porque al final son los pueblos libres, a la larga o a la corta, los que escriben la historia. 

*Días después de cerrado este informe, la Asamblea Nacional se dividió nuevamente. La mayoría de la AN esta vez eligió a Luis Parra como nuevo presidente, y frente a esto Guaido se autoproclamó nuevamente, pero esta vez en la sede del diario “El Nacional” frente a un puñado de legisladores afines. Pero esto es otra historia que será retomada más adelante en otros documentos.


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