Golpe de estado contra el gobierno constitucional de Evo Morales

Bolivia

El corriente año culminó con un hecho muy triste en el Estado Plurinacional de Bolivia: un golpe de Estado violento y con características similares a los del siglo pasado terminó con el gobierno de Evo Morales el cual había conseguido un triunfo en primera vuelta en elecciones calificadas como irregulares por la oposición y por la OEA.

Durante el siglo XXI se produjo el denominado “giro a la izquierda” en América Latina: una oleada de gobiernos populares fue copando el escenario político latinoamericano. Y, por supuesto, se generaron resistencias por parte de  los sectores tradicionales. El primer atentado violento se dio en el año 2002 contra el gobierno del fallecido Hugo Chávez, el cual logra recuperar el poder unas horas más tarde. Luego, se sucedieron crisis que pusieron en peligro la institucionalidad de algunos países, como es el caso de Ecuador. Y también se dieron los denominados “golpes parlamentarios” contra Dilma Rousseff y Fernando Lugo.

Pero ninguno de estos casos tuvo características propias del siglo pasado (si bien en el caso de Venezuela hubo muertes). Eso cambió este 10 de noviembre de este año, día en el que cayó el mandatario indígena Evo Morales Ayma. 

Bolivia es una de las economías más prósperas de la región. Se trata de un país sin salida al mar que desde la llegada al poder del Movimiento al Socialismo (MAS) comenzó a crecer de forma continua. Según este partido, el principal motivo de esta bonanza es la nacionalización de los hidrocarburos.

A continuación, un pequeño repaso de los hechos.

Bolivia es una de las economías más prósperas de la región. Se trata de un país sin salida al mar que desde la llegada al poder del Movimiento al Socialismo (MAS) comenzó a crecer de forma continua. Según este partido, el principal motivo de esta bonanza es la nacionalización de los hidrocarburos. Sea este análisis cierto o no, lo concreto es que las cifras de este país son envidiables, incluso las mismas fueron buenas en contextos de duras crisis económicas mundiales.

Sin embargo, un conflicto político comenzó a prosperar desde que Evo Morales perdió un referéndum en el año 2016 el cual le permitía modificar la Constitución Nacional para buscar una reelección, y, entonces, optó por validar su candidatura por medio de la justicia, lo cual sucedió.

En octubre de este año se realizaron las elecciones con participación de la oposición (con varias fórmulas), y en las mismas el entonces oficialismo alcanzó un triunfo en primera vuelta. Los detractores no reconocieron el triunfo, acusando al gobierno de hacer fraude y con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) comenzaron el llamado “paro cívico” que tuvo como desenlace el golpe de Estado.

Si bien se detectaron irregularidades, principalmente en la carga de los resultados provisorios y algunas falencias en un grupo de mesas, los mismos no son suficientes como para poner en dudas el triunfo del MAS, ni justifican las acciones violentas desatadas tras no reconocer los resultados. Las mismas consistieron en persecución a dirigentes y/o a sus familias para forzar sus renuncias, quema de casas, de instituciones, etcétera.

También se sumó a toda esta situación un motín policial en varias ciudades, incluyendo en La Paz (a metros del palacio de gobierno), el cual complicó aún más el panorama. El tiro de gracia fue la “sugerencia” de las fuerzas armadas al presidente para que presente su renuncia.

Luego de presentada la misma, se generó un vacío de poder que derivó en la autoproclamación de Jeannine Añez Chavez como presidenta, la cual no cuenta con un total reconocimiento a su mandato. Entre quienes no reconocen se encuentra el gobierno argentino de Alberto Fernández (Frente de Todos), que le brinda actualmente asilo a Evo Morales, quien tiene mandato constitucional hasta enero del 2022. Entre quienes apoyan, cabe destacar a la OEA, quien jugó un papel importante legitimando este cambio.

Asumido el gobierno de facto, comenzaron a tomarse diversas acciones que son cuestionables por la misma esencia de esta administración (ya que se supone que lo único que debe hacer es convocar a nuevas elecciones). Por ejemplo, en el ámbito internacional se produjo la entrada al Grupo de Lima, el cual está integrado por gobiernos de tinte conservador que buscan principalmente un cambio de gobierno en Venezuela.

Un punto muy grave a considerar durante el desarrollo de las crisis es el de los derechos humanos: se sucedieron dos graves masacres en El Alto, bastión del MAS, y Cochabamba, las cuales resultaron en muchas personas muertas en manos de las fuerzas armadas, lo que valió la condena de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Perspectivas

El fin de este año fue demasiado conflictivo para el país andino, pero el problema aún no está resuelto. Falta el desarrollo de las nuevas elecciones presidenciales, las cuales se harán en el primer trimestre del 2020, ya que las anteriores fueron anuladas y, por ende, hay que convocar nuevamente.

Hay mucho en juego. Los años de gobierno de Evo Morales fueron muy beneficiosos para los sectores populares, especialmente para el movimiento indígena el cual vio reconocidos muchísimos derechos, pero también implicaron una pérdida de privilegios, sobre todo para los sectores concentrados que tienen su epicentro en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, desde donde surgió el llamado “comité cívico”, liderado por Luis Fernando Camacho.

La situación política a fines de este año se encuentra muy tensa. Hay divisiones dentro de los detractores del MAS, sobre todo por diferencias entre sus dirigentes, las cuales dificultan llegar a una fórmula de unidad. Por el lado del evismo, la simple ausencia de su líder y las persecuciones, asilos y exilios dificultan la conformación de una estrategia electoral.

Lo cierto es que uno de los modelos económicos más prósperos y dignos de admirar de los últimos tiempos termina de una forma muy trágica. Esto da pie a repensar el rol de los organismos internacionales latinoamericanos que rigen en la actualidad y su eficacia en la resolución de crisis políticas, eficacia que ha tenido UNASUR años atrás. Es una lástima que esta última haya sido destruida por los gobiernos conservadores que son mayoría en la región actualmente y que no haya sido reemplazada por una organización similar.

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