El Frente Amplio dejará el poder luego de 15 años

Uruguay

El pasado 24 de noviembre, en el vecino país se desarrollaron las últimas elecciones latinoamericanas del año. Uruguay decidía en segunda vuelta si apostaba por la continuidad del Frente Amplio en el poder mediante la candidatura de Daniel Martínez o si elegía a Luis Lacalle Pou del Partido Nacional. Finalmente los uruguayos decidieron darle su confianza a Lacalle Pou que resultó triunfador del ballotage tras imponerse por 50,79% contra un 49,21% de Martínez. Apenas 37 mil votos fueron la diferencia.

Los resultados que habían dejado las elecciones de la primera vuelta el 27 de octubre fueron los siguientes: Daniel Martínez (Frente Amplio) 39,17%, Luis Lacalle Pou (Partido Nacional) 28,59%, Ernesto Talvi (Partido Colorado) 12,32%, Guido Manini Ríos (Cabildo Abierto) 10,88%. Al no lograr ninguno de los candidatos la mayoría absoluta, esto es, más del 50% de los votos afirmativos, la Constitución Uruguaya estipula que debe realizarse una segunda vuelta por lo que Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou fueron los protagonistas en el último domingo de noviembre.

Al no lograr ninguno de los candidatos la mayoría absoluta, esto es, más del 50% de los votos afirmativos, la Constitución Uruguaya estipula que debe realizarse una segunda vuelta

La escena política uruguaya tradicionalmente estuvo enmarcada en un escenario de bipartidismo entre el Partido Nacional y el Partido Colorado hasta que en 2005 el Frente Amplio logró romper con el histórico bipartidismo uruguayo. Más allá de haber sido fuerzas históricamente enfrentadas, para la segunda vuelta, Ernesto Talvi, el candidato colorado, expresó su apoyo a Lacalle Pou y de la misma forma lo hizo el exgeneral Manini Rios de Cabildo Abierto. No fue un detalle para nada menor, teniendo en cuenta que entre estos dos partidos sumaron aproximadamente el 23% de los votos y la diferencia entre Martinez y Lacalle Pou fue de 10%.

Pero el traslado de votos no siempre es automático, simple o lineal. Si esto hubiese sido así la diferencia entre Lacalle Pou y Martínez sería mucho más grande. No fue lo que ocurrió, llegando al punto de que el ganador de las elecciones no pudo ser anunciado ese mismo domingo a la noche sino que hubo que esperar al pronunciamiento de la Corte Electoral uruguaya 4 días después. La diferencia contabilizada en el primer escrutinio era menor a la cantidad de votos observados, que debían ser revisados para poder oficializar al próximo presidente uruguayo. Mientras en otros países de la región hay golpes de estado, presidentes autoproclamados y crisis institucionales, la escena uruguaya siguió su camino en la vía de la legalidad y lejos de la turbulencia regional.

Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional y abogado de profesión pudo convertirse en el mandatario uruguayo en su segundo intento. En las elecciones de 2014 había sido derrotado a manos de Tabaré Vázquez. Al igual que Martínez, hombre de la política, ha sido Diputado y Senador. Es más, es hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle (1990-1995), último presidente uruguayo del Partido Nacional, también conocido como Partido Blanco. El ingeniero industrial Daniel Martínez, integrante de la fuerza oficialista Frente Amplio (coalición de partidos de izquierda y centroizquierda) intentó ser el cuarto presidente consecutivo perteneciente de esta línea, que desde 2005 gobierna Uruguay con Tabaré Vázquez en dos mandatos (2005-2010 y 2015-2020) y José “Pepe” Mujica (2010-2015). Daniel Martínez no es un hombre ajeno a la política sino todo lo contrario, ya que fue Intendente de Montevideo desde julio de 2015 hasta abril de este año; Senador de la República; Ministro de Industria, Energía y Minería y Presidente de ANCAP (Empresa pública uruguaya que comercializa derivados de petróleo).

Es importante también destacar la altísima participación electoral tanto en la primera como en la segunda vuelta. Los ciudadanos aptos para votar contabilizaban una cifra de 2.699.788 electores y 2.433.196 emitieron sufragio. 90% del padrón electoral uruguayo hizo uso de su derecho al voto, el porcentaje más alto de todas las elecciones presidenciales latinoamericanas realizadas este año. En Uruguay, al igual que en Argentina, el voto es obligatorio y no optativo.

Pasemos al ámbito legislativo. De un total de 99 bancas en la Cámara de Representantes, el Frente Amplio obtuvo 41 escaños y el Partido Nacional 31. En el Senado, sobre la totalidad de 30 asientos, 13 corresponderán al Frente Amplio y 10 al Partido Nacional. A diferencia de la escena argentina donde tuvimos las elecciones más polarizadas desde el retorno a la democracia, en Uruguay ninguna de las fuerzas del ballotage controlará por si misma al Congreso uruguayo. Mientras que en Argentina Mauricio Macri que resultó segundo obtuvo el 40% de los votos, Daniel Martínez que había sido ganador en el primer round del otro lado del río no alcanzó ese nivel de aceptación. No es dato menor el hecho de que en los dos únicos distritos donde fue ganador el Frente Amplio fuesen Montevideo y su vecino Canelones. En el resto del país, la ciudadanía optó por Lacalle. Así como en Argentina el mapa electoral se configuró en una región centro que apoyó a Mauricio Macri y el resto del país hizo lo mismo con Alberto Fernández, en Uruguay fue muy clara la línea trazada entre la capital y el interior del país.

Comenzó en 2005 con Tabaré Vázquez, terminará en 2020, con Vázquez también y con una presidencia de Pepe Mujica en el medio. El ciclo del Frente Amplio de 15 años ininterrumpidos nos deja los siguientes avances: crecimiento del salario real en un 55%, reducción de la pobreza e indigencia. El Frente Amplio recibió un país con un 39% de índice de pobreza y lo deja con una cifra del 9%. Según datos de la CEPAL, el vecino país es el que cuenta con el menor nivel de pobreza en toda la región. El crecimiento económico fue en promedio, de un 4,3%. En este período, Uruguay hizo del gasto público un instrumento para lograr sus objetivos.

Derechos laborales y derechos en materia de igualdad de género también fueron parte de la agenda frenteamplista que transformó al país. Regularización de trabajadores rurales y del sector doméstico, fertilización asistida, aborto legal, extensión de licencia por maternidad y paternidad, matrimonio igualitario, cuota femenina en el poder legislativo son muestras de ello. Respecto a la salud, el Uruguay alcanzó el nivel más bajo de mortalidad infantil en toda su historia (6,6/1000 nacimientos); se garantizó la vacuna contra el virus del papiloma humano, mediante programas estatales se mejoró la salud bucal de niños y por último, se registró una caída histórica del índice de embarazo adolescente. La educación también tuvo su lugar. Los niños uruguayos fueron provistos de una netbook, se estableció la obligatoriedad del idioma inglés en los tres últimos años de la escuela primaria, el ingreso a la Universidad de la República aumentó un 631% en relación al año 2000, programas de contención escolar para chicos en situación de vulnerabilidad fueron puestos en marcha. El Frente Amplio incrementó los recursos destinados a la educación.

Entre continuidad o cambio, mantener una línea u optar por un giro, los uruguayos decidieron lo segundo. La política exterior uruguaya no será ajena a este proceso y en ella se van a poder observar nuevos lineamientos. Respecto a la situación de Venezuela, Uruguay ya no formará parte del Mecanismo de Montevideo y pasará a las filas del Grupo de Lima, ello implica una condena hacia el gobierno de Maduro ya que este grupo manifiesta que se ha perdido el orden democrático e institucional en el país caribeño. En el plano comercial, desde el Partido Nacional manifestaron que el Frente Amplio hizo muy poco por cerrar nuevos acuerdos comerciales y que será prioridad en su gobierno firmar acuerdos de esta índole.

Entre continuidad o cambio, mantener una línea u optar por un giro, los uruguayos decidieron lo segundo. La política exterior uruguaya no será ajena a este proceso y en ella se van a poder observar nuevos lineamientos.

Un nuevo mapa se configura en la región, Uruguay es un país pequeño pero que suma su granito de arena en la correlación de fuerzas en América Latina. Argentina quedará rodeada –por el momento- de gobiernos de tendencias derechistas. Pero más allá de las diferencias políticas, tanto Lacalle Pou al asistir al traspaso de mando en nuestro país y las palabras de Alberto Fernández de destacar la estrecha relación con Uruguay, se ve predisposición de ambos países de tener relaciones amistosas. Basta destacar que uno de los momentos de mayor tensión en el vínculo argentino-uruguayo fue bajo dos gobiernos de mismo signo político (la instalación de pasteras de celulosa en Fray Bentos en tiempos de Vázquez y Kirchner). La similitud o diferencia ideológica no dice nada por si misma acerca de la relación bilateral.

Uruguay fue uno de los pocos países latinoamericanos que durante el retorno de la derecha a la región siguió bajo el mando de un gobierno progresista. Pero ahora los uruguayos decidieron dejar atrás esa experiencia. El 1ro de marzo de 2020, Luis Lacalle Pou entrará en funciones y será el nuevo presidente de la otra república rioplatense.

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