“Crisis y resurreción de la literatura argentina” de Jorge Abelardo Ramos.

La obra de Jorge Abelardo Ramos comienza a valorarse en su justa dimensión. Las razones son varias, a la calidad de su escritura, se le debe sumar la necesidad de una reflexión profunda sobre nuestra identidad latinoamericana y no ha sido ajena tampoco a esta revalorización en los ámbitos académicos la afirmación de Ernesto Laclau de que Ramos fue el pensador político más importante de la segunda mitad del siglo veinte argentino.

Ramos es conocido por libros como “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina” fundamentalmente, y por su historia de la nación latinoamericana cuya lectura recomendó en varias oportunidades el Comandante Hugo Chávez. Sin embargo, su producción intelectual integral que iba de la mano de su brega política fue importante y extensa. Libros como “Ejército y semicolonia”, su historia del estalinismo en la Argentina, etc., son obras remarcables, pero hay una de singular brillantez que responde a su juventud. Se trata de “Crisis y Resurrección de la literatura argentina”, editada en 1954, y reeditada varias veces, que es una verdadera joya del pensamiento nacional. Este libro es un profundo análisis de la literatura de la semicolonia, vale decir de un país con aparente soberanía pero dominado por el imperialismo, donde debate contra la interpretación del Martín Fierro que hicieron en su momento las luminarias de la inteligencia cipaya: Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada. La valoración del Martín Fierro era para nuestro escritor fundamental, así como el conocimiento de la vida de José Hernández, dilucidación que ese mismo año, otro hombre de la Izquierda Nacional, Enrique Rivera, hiciera en su libro “José Hernández y la guerra del Paraguay”.

“El poema de Hernández –dice J.A.R.- canta el réquiem de los vencidos por la oligarquía pro-británica de la época, eliminados por el Remington y el ejército de línea, expulsados hasta más allá de la línea de fronteras. Fueron los lingüistas posteriores y los profesores universitarios a la Capdevilla los que cubrieron el rostro de Martin Fierro con su erudición de diccionario para volverlo irreconocible. La interpretación del Martin Fierro parece establecer la prueba decisiva para situar a un escritor adentro o afuera de la tradición nacional. El divorcio que generalmente se realiza con respecto al poema y la vida de José Hernández (sus luchas políticas de federal democrático), es una notable prueba suplementaria del espíritu de cálculo de la oligarquía y sus sacerdotes europeizantes”.

Ramos analiza con escalpelo las obras de los escritores satélites del imperialismo, y los compara con la obra de José Hernández, esto lo lleva a reflexionar sobre la cultura dependiente y el aparato cultural que en las semicolonias reemplaza la dominación militar directa. Dice Ramos: “Si para Spengler toda gran unidad de cultura es la expresión de un alma cultural, para nosotros, ese alma cultural, se traduce, básicamente, en la aparición de un impulso hacia una conciencia nacional autónoma”. Para él, y luego para Arturo Jauretche, un conjunto de nociones establecidas, “la colonización pedagógica”, hacen innecesaria la dominación violenta reemplazada por un sistema de dominación ideológica, que bien analizó Marx al decir que la ideología dominante en una sociedad es la ideología de la clase dominante.

La Argentina productora de cereales y ganado e importadora de bienes industriales, contaba con una superestructura ideológica que impedía la floración de una autentica literatura nacional latinoamericana. Este orden producía refinados bienes culturales como la Revista Sur, en medio de la desconexión con el medio circundante. “Nuestra literatura no es argentina, sino que prolonga hasta aquí las tendencias estéticas europeas. Su misión es traducir al español el desencanto, la perplejidad o el hastío legitimados por la evolución de la vieja Europa”. Bien decía Ramón Doll, en los años treinta, que Borges era un gran talento, pero que nunca iba a producir una obra auténticamente argentina. Ramos, en la senda del escritor nacionalista, reflexiona sobre esta cultura satélite, que le cantaba por la pluma de Leopoldo Lugones a los ganados y a las mieses, buscando remotos anclajes griegos para comprender nuestro gran poema nacional. Dice J.A.R. del autor de “Ficciones”: “Borges pertenece a esa clase de escritores, tan frecuente en nuestro país, que posee el secreto de todos los procedimientos y combinaciones, pero les falta el soplo elemental de la vida”. Para Ramos, en los versos del Martin Fierro se encontraba la clave de bóveda para pensar en una cultura autónoma con sensibilidad nacional, que dialogara de igual a igual con las grandes creaciones del intelecto humano. “Los seudointelectuales de nuestro país, educados en esta escuela de imitación, expresan inevitablemente su aversión a una teoría de lo nacional, que los explica y los niega. De ahí que acepten el nacionalismo de los europeos, esto es el nacionalismo imperialista de Eliot, cuyo tema constante es la averiguación de las hazañas culturales de su propio país. Pero rechazan el derecho a reivindicar o desarrollar nuestra propia tradición nacional, sin cuya afirmación no puede probarse el derecho de un país a pertenecerse. No se los puede acusar de una actitud contradictoria: la formación de la gran parte de nuestra ‘intelligentsia’ fue dirigida desde el extranjero.”

Nuestro autor no niega el valor de la cultura universal y sus implicancias positivas, pero el cosmopolitismo debe servir para renovar nuestra sensibilidad estética, que parte de la relación concreta con la cultura nacional de masas. Antes de las lúcidas reflexiones de Juan José Hernández Arregui en “Imperialismo y Cultura”, de 1957, Jorge Abelardo Ramos marcaba un camino para poder pensar en un verdadero pensamiento nacional y popular, que abreve en los veneros profundos de nuestra América difícil.

Zeen is a next generation WordPress theme. It’s powerful, beautifully designed and comes with everything you need to engage your visitors and increase conversions.