Cuando será ese cuándo: Evo Morales Ayma, el regreso

…esa pre-patria donde quedó enterrada nuestra verdad, y que cierto renovado afán de pulcritud nos impide escarbar”

(Kusch, 2012, IV: 25)

Ocurre que hay casualidades, ocurre que cuando en ese buscar quiénes somos, en ese indagar también de dónde venimos para ver hacia dónde vamos, sin planificarlo todo, en un mero estar, estaba yo por estos días leyendo al compañero Gunter Rodolfo Kusch. También estaba la casualidad de que había pensado viajar a Bolivia este verano y no pudo ser: el brutal, sangriento golpe de estado perpetrado por la “nórdica” (así se autopercibe en estos tiempos donde respetamos la autopercepción) Jeanine Añez Chavez y sus secuaces complicó las cosas. “La ira de dios fue reemplazada por la ira del hombre” (Kusch, 2007, II, 138), diría Rodolfo. Caemos en la cuenta de cuán bien nos hacía seguir temiendo a los dioses, porque nuestres congéneres son más crueles, más cíniques cuando siguen los mandatos del dios único: el dios dinero, el dios mercado, el que todo lo que toca lo destruye (la naturaleza, la vida, todo). De pronto, esta oportunidad de festejar “en casa” el decimocuarto aniversario de la creación del Estado Plurinacional de Bolivia. Allá fuimos.

Una tarde tórrida de enero, el Inti implacable cayendo sobre nuestras cabezas y nuestros cuerpos. Llegando al estadio Nueva España (comentario reiterado de todes: ¡qué contradicción, venir a festejar la Patria Grande en un lugar con ese nombre!) en el Bajo Flores, la sensación era de estar transitando una calle de La Paz, o Tarija, o Cochabamba: las cholas con sus coloridos trajes típicos y sus sombreros variados, los aromas desconocidos de recetas que no son el habitual chori, los marcianos de frutas, las Whipalas más numerosas que la gente, las banderas de Bolivia, esos rostros con rasgos ancestrales y expresivos. Y el hedor kuschiano que intentaron e intentan que sigamos despreciando, como una categoría de todo lo que estaría mal en estas tierras: no es solo una sensación olfativa porque se han encargado de que sea una percepción en todo el cuerpo, un rechazo, el odio. Siendo optimista, espero que nunca puedan convencernos del todo pero me llega el comentario desafortunado de una cumpa progre: había más “negros que blancos”; en verdad, había más bolivianes que argentines, eso sí. Los rostros de Nuestramérica profunda junto a los rostros de cumpas de muchas, muchas organizaciones sociales y políticas que bancan y acompañan los procesos multiversos que insisten en construir el buen vivir para todes. ¿Y acaso no es tan nuestro también el hedor? Nuestras militancias se hacen al rayo del sol, sin medir los tiempos, ni el polvo, ni las mugres, ni el esfuerzo… muchas de nuestras marchas y reuniones por la memoria, verdad y justicia tienen lugar en veranos ardientes: ni un paso atrás por eso.

Hubo festival, hubo música, baile y festejo. Hubo mangueras mojándonos cuando el calor se hacía insoportable, hubo hermandad, fraternidad, sororidad, hubo mates amigos, hubo miradas cómplices: acá estamos, somos parte, no nos tragamos el discurso pulcro y limpio de un Occidente que se cree vencedor, estamos les vencides, les humillades, pero estamos de pie: acá no se rinde nadie y es con todes.

Mucho más tarde de lo previsto, apareció en el escenario ese a quien queríamos ver y escuchar: Evo Morales Ayma nos habló largo. Ese indio, cocalero, sindicalista y pobre que le devolvió a su pueblo la dignidad perdida hace siglos, que le permitió a su pueblo, como al jornalero peronista, mirar a les poderoses a los ojos, la frente alta, la historia recobrada.  Mi impresión fue que estaba inaugurando para nosotres la sesión del congreso que le fue vedada cuando le arrebataron su última victoria electoral. No era momento para pensar en los posibles errores políticos de los que tanto se habló cuando fue desplazado aquél aciago 11 de noviembre de 2019. Era un momento de esperanza de retomar fuerzas y mirar hacia adelante. “Hemos demostrado que sin el capitalismo es posible un nuevo mundo, una nueva Bolivia”, nos dijo Evo. Describió, sin mirar nunca los papeles que tenía en la mano, cómo era su país antes y después de su gobierno: la recuperación de los recursos naturales, la reducción a más de la mitad de los índices de pobreza, el acceso a la salud, a la educación, la negociacíón con países poderosos de la explotación de la vedette que es el litio. Dejó en claro que es innegable la intervención del gobierno norteamericano que quedó fuera del negocio. De acuerdo, ahí está el capitalismo, lo sabemos (es más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo dijo Frederic Jameson) no hemos derrotarlo, pero le seguimos dando pelea: recuperar para nosotres los derechos innegociales a nuestra salud, nuestra educación, la soberanía sobre nuestros recursos naturales, recuperar nuestra historia, nuestra cultura, nuestro ethos. Sabemos que tarda en llegar, pero también sabemos que al final hay recompensa. Evo enumeró cifra por cifra el antes y el después; también nos dijo que el MAS no volvería por la violencia sino por los votos. Allí estaba su nuevo candidato para las elecciones del próximo 3 de mayo Luis Arce, recientemente elegido “en casa” también para liderar el regreso de un proyecto esperanzador. Sabíamos, sin duda, que nada será fácil. La derecha no abandona así porque sí su proyecto de muerte, pero Evo nos mostró que sus convicciones están intactas, que su esperanza es más fuerte que la experiencia vivida en estos días terribles. El proyecto, intacto, está presente en el Preámbulo de la galeana Constitución del Estado Plurinacional que convidamos a leer completa (https://www.oas.org/dil/esp/Constitucion_Bolivia.pdf) : “Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos”. Como en nuestro propio artículo 14 bis, heredado de la Constitución de 1949, si pudiera materializar una vez más esos postulados, arrancados por el golpe de estado reciente, otra sería nuestra vida, otro nuestro porvenir, porque no se trata solo de Bolivia sino de la Patria Grande en su totalidad, en su sentido comunitario.

Evo no habló de venganza, no habló de violencia, pero no fue cualquiera la arenga final de su discurso: “¡Patria o muerte, venceremos!”, del mismo modo que instó Fidel Castro a su pueblo, vencidos los imperialistas yankis en Playa Girón en 1961. Y ésta sí, creo, no fue ninguna casualidad. Es desde ese subsuelo negro, indio, revolucionario que Nuestramérica profunda encontrará su modo de estar siendo en este mundo. Volveremos (y venceremos).

Nota de la autora: las citas de la bibliografía de Gunter Rodolfo Kusch corresponden a la edición de sus obras completas por Editorial Fundación Ross, Rosario.

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