Matriz eléctrica, agenda global y proyecto nacional

Cuando hablamos de matriz eléctrica, hacemos referencia a las fuentes primarias y secundarias utilizadas para producir electricidad en un espacio geográfico determinado. Esa idea discrimina por tipo y cantidad -expresada esta última en forma de proporciones- de las citadas fuentes.

Por fuente nos referimos  al recurso utilizado cuya transformación genera electricidad.

Una clasificación de dichas fuentes es entre renovables y no renovables según su posibilidad de agotamiento o no.

A grandes rasgos, la conformación actual de esta matriz es 60 por ciento térmica (hidrocarburos – no renovables), 30 por ciento hidroelectricidad, (renovable) 4 por ciento nuclear y el resto las llamadas renovables (fotovoltaica, eólica y biomasa). Perdónese la falta de precisión en este análisis pero sirve para formarnos una idea de la cual partir.

Ahora bien, tanto la política energética de los países desarrollados, como la estrategia de las multinacionales de la energía muestran un persistente despliegue de fuentes renovables y un incremento de la participación de la electricidad en el balance energético global. Estas tendencias están fundadas en acciones de mitigación del cambio climático y son exportadas a los países en desarrollo como expansión del negocio armado en los Centrales. Es la llamada Transición energética de la cual se habla en distintos ámbitos.

Una primera visión de tal fenómeno nos permite observar entre otros análisis, que en definitiva terminamos importando tecnología y mano de obra desde el centro y en desmedro de la local. Este fenómeno dolariza gran parte del negocio que por distintos medios es trasladado a la tarifa final. Como bien señala Diego Roger, el desarrollo de proyectos en esta lógica es más un problema de financiamiento que de capacidades.

Va de suyo que a mayor aporte de industria nacional, menor necesidad de divisas para su financiamiento. Una divisa que por cierto no nos sobra sino que es escasa. En otras palabras el componente nacional es clave para destrabar el desarrollo del sector energético.

Nuestro país cuenta en su haber con todos los tipos de recursos y podemos afirmar que no existe potencial que no podamos desarrollar. Se trata entonces de efectuar una planificación a la medida de nuestras posibilidades y de nuestras necesidades de dicho desarrollo. Ahora bien, no estamos ajeno a este clima global y de la mano de un gobierno adicto al endeudamiento financiero internacional, hemos asistido a una incipiente aumento de la capacidad de generación eléctrica de fuentes renovables (eólica y solar), que no parece guiarse por nuestros intereses sino por aquellos de la industria de los países centrales y el oportunismo de empresarios cercanos al ex Presidente.

Como contrapartida la política oficial del macrismo colocó en el freezer los potenciales aprovechamientos hidroeléctricos y aquellos del sector nuclear. Los primeros, diseñados en el ámbito público y ejecutados por intermedio de las desaparecidas Empresa de Agua y Energía Eléctrica e Hidronor, venían llevándose a cabo conforme una agenda que fue abandonada en el proceso de privatización que caracterizó los años 90. Tal vez confiando en que la inversión privada motorizada por la lógica del mercado, se iba a hacer cargo de ellos. Pues bien, eso no ocurrió.

Existe consenso en los ambientes técnicos ligados al proyecto del nuevo gobierno que apuestan al desarrollo nacional, de rever esta agenda e impulsar el potencial hidroeléctrico y nuclear con que cuenta nuestro país sin que ello signifique el olvido de aquellos eólicos, fotovoltaicos y de biomasa que pueden hacer su aporte complementario en el balance general en el marco de un proceso de desarrollo de la industria local que permita a ésta, hacerse cargo de la ejecución de ellos.

También existe consenso en torno a la posibilidad de convivencia de desarrollo de de la industria hidrocarburífera con el de fuentes renovables, reservando la primera a generar divisa por medio de la exportación y las segundas a reemplazar en el mercado interno básicamente a las primeras liberando esos recursos para la exportación.  El requerimiento o no de mano de obra argentina y el desarrollo o importación de tecnología son alguna de las ideas que vuelcan la balanza a favor de la transición citada. La escasez de divisa es otro dato a tener en cuenta.

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