La relación Argentina-Brasil entre Fernández y Bolsonaro y el futuro de la región

La relación comercial entre los dos países es un hecho de la realidad, su interdependencia es independiente de la voluntad de un gobernante, más de 1000 ciudades brasileñas fabrican productos que son vendidos  directamente en el mercado argentino. El trigo, la leche, el vino y varios derivados argentinos ocupan las góndolas de los supermercados brasileños. Eso sin contar las grandes empresas multinacionales como las montadoras de autos y la línea blanca (heladeras, cocinas, etc) que extienden sus tentáculos al margen de las fronteras. Una ruptura de las relaciones entre ambos países seria inmediatamente catastrófica en términos económicos y sociales. No solo está en juego el lucro de los empresarios sino también los puestos de trabajo de sus operarios y consecuentemente la estabilidad social.

El intercambio de ofensas, ironías e insultos entre Fernández y Bolsonaro fue sabia e inmediatamente detenido por Fernández ya en la campaña electoral de Argentina. Fernández entendió que, por ahora, la disputa de posiciones políticas no debía entrar dentro de la agenda bilateral. El mismo entendimiento tuvo el vice-presidente de Brasil ex general Mourão (de neto corte derechista y liberal, pero no por eso ciego con relación a la realidad), que viajó a la Argentina el 10 de diciembre, se sacó fotos, sonrió y se reunió con Scioli (embajador argentino en Brasil) para mostrar señales de diálogo y disposición para una agenda de discusión.

El inicio tenso de las declaraciones de Bolsonaro y Fernández quedó atrás por lo menos para Fernández. Bolsonaro, aun siendo advertido de la situación, de vez en cuando continua eructando enunciados de una retórica de la época de la guerra fría pero al servicio del modelo neoliberal. De cualquier modo, hay condiciones materiales que determinan la relación entre ambos países y eso es entendido por el gobierno argentino y por sectores del gobierno brasileño. El obstáculo al avance y los resultados de las negociaciones no solo está en la posición geopolítica del gobierno de Bolsonaro, también se encuentra en el cuerpo diplomático y los empleados de la embajada y los consulados argentinos. La diplomacia argentina está tomada por individuos que responden a los ideales de la dictadura, la derecha radical y la derecha peronista, salvo raras y felices excepciones. En las últimas elecciones la mayoría de las embajadas y consulados del mundo se transformaron en comités de campaña de Macri. En términos cotidianos eso hoy transforma a la mayoría de las embajadas y consulados en oficinas burocráticas, perezosas, sin ninguna voluntad de cambio y mucho menos de trabajar para una Argentina que promueva la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. En ese escenario el trabajo que tiene el compañero Scioli es titánico. La democratización de las embajadas y los consulados es un elemento estratégico para integrar la Argentina no solo en relación con el pueblo brasileño sino también en el mundo y debería ser parte de la política del gobierno de Fernández.

El diálogo calculado entre Scioli y Mourão fue absolutamente inaccesible para el público, no hay ni especulaciones sobre lo que podrían haber hablado. Lo cierto es que después de ese encuentro la relación entre ambos países se apaciguó desde el punto de vista retórico y entró en el plano de la discreción diplomática. Eso es algo que económicamente conviene tanto a la Argentina como al Brasil. A partir de esos hechos, gestos y modos de actuar tanto de Scioli como de Mourão podemos pensar que la relación será de cooperación en el ámbito del comercio y de silencio en el ámbito de las posiciones geopolíticas. No será estimulado el intercambio cultural ni la cooperación científica. Aun así eso no imposibilita a la cancillería argentina a tener una política de difusión de la cultura y la ciencia que se hace en nuestro país. Desarrollar esa actividad, aun unilateralmente, cultivaría la posibilidad de cooperación futura, el encuentro entre las dos culturas y el avance conjunto en la investigación científica. Es importante destacar que la preocupación del sector castrense brasileño no es el sur ni la triple frontera y sí la entrada del rio Amazonas y la Amazonia. Desde el punto de vista del cuidado de la soberanía las preocupaciones se concentran en el norte del país y en el mar del Atlántico Sur, donde está el petróleo del presal. Brasil tiene un acuerdo con Francia para la custodia de esa región que desagrada a los EEUU e Inglaterra. Actualmente la relación con Francia fue congelada para agradar a Trump.

El viaje de Felipe Sola a México, los desvaríos psíquicos y las limitaciones cognitivas de Bolsonaro limitan la posibilidad de acción en política regional y al mismo tiempo es lo posible de ser hecho dada la configuración política de América del sur. México es el aliado estratégico de la Argentina en la región y eso no es poco. López Obrador tiene límites de acción muy concretos por ser la frontera del imperio. El subcomandante Marcos del EZLN supo decir una vez que México era la retaguardia de todos los combatientes exiliados de América Latina a condición de que en México no se promoviese nunca una fuerza revolucionaria. El margen de acción es limitado, Aun así Felipe Solá intenta resucitar la CELAC y tomar por asalto la OEA en acuerdo con México. Tiene todas las condiciones en contra. En caso de que  tenga un éxito mínimo como evitar guerras en América del Sur ya podemos festejar con sidra y pan dulce. La OEA es un organismo obsoleto que solo sirvió para hacer una política anti-cubana y ahora anti-venezolana. En plena guerra de Malvinas, cuando había un enemigo externo explícito la OEA no sirvió y el TIAR no se aplicó, no tenemos ninguna razón para pensar que esa institución sirva para otra cosa a no ser promover golpes de Estado como en Bolivia. Modestamente, para quien escribe este texto, la OEA es una pérdida de tiempo, esfuerzo y recursos.

San Martin, Perón, Néstor, el comandante Hugo y Lula pensaron y actuaron en relación con la conformación de una comunidad regional en la diversidad como propuesta civilizatoria. La cuestión geopolítica hoy está determinada por el modo de relación entre (quien detenta) capital (financiero y especulativo transnacional) y (los que dependen existencialmente de vender su fuerza de) trabajo. La cuestión es que esas formas de relación capital/trabajo están dadas en términos de alternativas civilizatorias. EEUU tiene una propuesta civilizatoria muy clara y explícita que lleva a cabo desde la segunda mitad del siglo XIX con la conformación de un Estado con un fuerte poder militar y vocación de invasor. El modelo basado en la invasión fue creado en la época en que las guerras eran lucrativas y el espolio del perdedor aumentaba las arcas del ganador. Ese modelo acabó con la guerra de Vietnam. A pesar de los esfuerzos de MacNamara en tornar autosuficientes y lucrativas a las fuerzas armadas yanquis las guerras se tornaron más costosas que el espolio que podían obtener. Desde aquella época las guerras yanquis favorecen a unos pocos, son financiadas por todo el pueblo y el proletariado desempleado pone los muertos. Europa tiene otra propuesta civilizatoria que solo benefició a Alemania, el capital financiero holandés y algún otro banco. Por eso enfrenta problemas internos y se limita geográficamente a un territorio semejante a Brasil y Argentina juntos. Europa es el pasado, sería un error proyectar estratégicamente una alianza con esa región. China tiene otra propuesta civilizatoria y es la que domina el escenario internacional. Ellos consiguen planificar centralizadamente a corto, mediano y largo plazo desde el secretariado del partido comunista. Son la envidia de cualquier grupo económico porque el directorio decide sin necesidad de consultar a la asamblea de accionistas. Con la entrada de China en el mercado mundial se acabó cualquier ilusión de competitividad del libre comercio. Es imposible competir con China. Ellos pueden vender cualquier producto abajo del precio de costo hasta hacer fundir a los competidores y después quedarse con el mercado. Estados Unidos precisaba guerras para destruir las economías competitivas bombardeando sus fábricas, China solo precisa un acuerdo de compra y venda de mercaderías. China, en vez de combatir la economía de mercado a nivel internacional la tomó y extrapoló la ejecución de su lógica. Estados Unidos sabe de eso, por eso recurre a sus últimos coletazos usando las operaciones de inteligencia en alianza con los cipayos locales y operaciones militares de bajo costo y sin muertos propios.  África tiene otra alternativa civilizatoria condenada a fracasar en las guerras internas y la explotación imperialista. Y ¿América Latina? No tiene ninguna. El único capaz de pensar esa articulación en términos de infraestructura en los últimos años fue Hugo Chávez. Después de la guerra revolucionaria contra el colonialismo español en el inicio del siglo XIX pasaron 200 años para que un esbozo de emancipación fuera diseñado en la primera década del siglo XXI. Tuvo logros, está explicitado, pero el avance ideológico de la elite local sobre las masas interrumpió el proceso. Los movimientos emancipatorios de América Latina entendieron que la confrontación era entre el pueblo y la elite y no entre vanguardias político-militares e instituciones estatales. En una guerra gana quien tiene más poder de fuego y esa ventaja está del lado del imperialismo, aun con todas las limitaciones. Ese entendimiento fue un gran avance, pero limitado. Como dice García Linera, la oleada reaccionaria tuvo su momento de predominio y los proyectos de emancipación democrática perdieron el apoyo mayoritario en algunos países de América Latina. La victoria del peronismo en Argentina no es apenas un fenómeno local, es el ejemplo de que se puede revertir la situación en cada país de América Latina. Ese es el peligro y la chance de renovación de la región. “Peronizar” la región puede ser una alternativa posible de emancipación. Para eso la gestión de Fernández debe ser exitosa económica, política y socialmente y mostrarse como ejemplo. La actitud de Cristina ya es tomada como ejemplar para muchos movimientos sociales de América Latina y, especialmente, de Brasil. No obstante, como cada país tiene su historia es difícil de realizar. Argentina tiene dos narrativas históricas, la de la oligarquía y la del pueblo, la mayoría de los países latinoamericanos y fundamentalmente Brasil solo tienen la versión oligárquica de la historia como hegemónica, eso impide construir un sujeto colectivo emancipatorio. La elite intelectual y política brasileña, inclusive de izquierda, aun piensa con categorías europeas, con excepción de Lula. Sin querer repetir el determinismo marxista me arriesgaría a decir que su extracción de clase (burguesa) no le permite entender a los movimientos de masas. Es por eso que la gestión de Fernández tiene una doble responsabilidad. Una es con el pueblo argentino, la otra es con la construcción de la Patria Grande como querían San Martin y Perón. Tarea difícil, complicada, en medio de la adversidad, pero necesaria. Del éxito de esa tarea depende el destino a corto y mediano plazo de nuestros pueblos.

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