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Para comprender y dar cuenta de lo que acontece en el espacio de MEDIACIÓN

Al experimentar lo que sucede en el espacio de la mediación, en el que las partes se sientan a la mesa, muchas veces, con años de antagonismos (a veces judicializados), atemorizados, angustiados, confundidos algunas veces y luego de una o dos reuniones logran acuerdos sobre aspectos del conflicto y en varias ocasiones hasta modifican la pauta de interacción, o mejoran la relación,  realidad que me fue interpelando en mi formación académica y como persona. Con el correr del tiempo fui incorporando categorías, miradas, preguntas que me permitieran acercarme al entendimiento de lo que acontece en ese espacio. En primer lugar advertí, lo que luego pude categorizar, que necesitaba comprender lo que pasaba en ese espacio. Pero no desde la visión tradicional del conocimiento como una cosa, como una fortuna que se debe acrecentar, incorporando información, para relacionarla, esclarecer, sino acompañándola de la emoción, de los sentimientos que me generaba intervenir en ese ámbito, asociándolos a la historia personal.  “Comprensión transformadora” llama a esto, Llamazares, “sólo entonces el conocer dará lugar al saber y se producirá una forma más integral de conocimiento: la comprensión emocionada, la resonancia empática,…la incorporación definitiva de un conocimiento que quedará adherido a la memoria por la emoción que nos produjo su descubrimiento” (Llamazares, 2013). La bibliografía que en los cursos de mediación me generaba ciertas incomodidades, resistencias, haciendo ese proceso de comprensión, sintiéndome afectada por esas experiencias como mediadora, me llevo a reencontrarme y revisar esas categorías. Me encontré inmersa en lo que, diría Kuhn, la crisis de un paradigma, el paradigma cientificista clásico de la cultura occidental moderna, el de la visión parcializada y fragmentada. Lo que se ha dado en llamar, “crisis de la Razón” aquella racionalidad que se puso al servicio de un absolutismo excluyente, el racionalismo, quitando legitimidad a otras vías de conocimiento, pretendiendo encerrar la realidad dentro de un sistema coherente y todo aquello que lo contradiga, es descartado, olvidado, puesto al margen.

Rescaté la idea de transdiciplinariedad como un paso más que lo multi y lo interdisciplinario, que intenta trascender las fronteras estrictas de cada campo y generar un dialogo más allá de esos límites,  permitiendo una comunicación entre disciplinas y enfoques, lo cual en otra dimensiones también es lo que permite tender puentes para dialogar entre diferentes culturas, religiones, sexos, políticas, etc. Por ejemplo a tradiciones de pensamiento, históricamente relegadas como las filosofías orientales, las cosmovisiones de los pueblos indígenas. Es conocido como este modo de resolver conflictos estuvo y está presente en la cultura maya donde la figura del “palabrero” convoca, hace circular la palabra y acompaña a los integrantes de su comunidad que están atravesando un conflicto. Y como otro campo para crear puentes transdiciplinarios, Llamazares plantea el de las relaciones entre la ciencia, el arte y la espiritualidad, enfoque que permita considerar todas las formas de inteligencia humana, sin valorar excluyentemente la abstracción y la lógica por encima de otras lógicas de saber, estimulando los procesos de creatividad, revalorizando el papel de la intuición, la imaginación, la sensibilidad y el cuerpo en la generación y transmisión del conocimiento.  Todas estas otras formas de saber son las que vemos que se ponen en juego en la danza de la mediación, permitiendo a las sujetos involucrados resolver, afrontar el conflicto que los tiene inmersos. Ese conflicto que abordado desde la lógica del “saber” técnico del Derecho (expresado por abogados patrocinantes, operadores judiciales, Jueces), muchas veces no ha derivado en una gestión armoniosa del mismo. Algo de la espiritualidad se pone en juego cuando una mirada, una palabra, un gesto deja huella en las partes y permite destrabar, modificar posiciones frente a los problemas que los convocan.

Otro concepto que me apropie fue el de Dialógica, como una práctica de apertura y encuentro profundo entre lo propio y lo diferente. Dialogo, como “significado fluyendo a través de”, a través de apertura, la escucha activa, la exploración casi lúdica de los problemas, puede dar lugar al encuentro de algo nuevo e inesperado. En el  espacio  de  mediación,  las  personas  llegan con una “posición” frente al conflicto, y en un porcentaje que oscila entre un 70 % y un 75 %, encuentran una solución consensuada con el otro, elaborada por ellos mismos y sin la  intervención  de  una  autoridad,  fortalecidos  en  su  condición  de  personas  capaces  de reflexionar y hacerse cargo de sus deseos, necesidades. Lo  que  nos  aporta  estas  nuevas ideas,  es  la  posibilidad  de  trascender  esta  mirada  lineal  de  la  comunicación,  de  emisor  a receptor  que  tiende  a  considerar  que  existen  verdaderos  significados  de  las  cosas  y  de  los hechos que podría implicar la disputa por lo que es real o lo que es verdad. El  lenguaje  concebido  no  como  la  representación  del  mundo,  sino  como  su construcción. Esto se traduciría en que no existen nombres o significados verdaderos por su correlación con el mundo externo, sino por el nivel de consenso social al nombrar las cosas o los acontecimientos de determinada manera. La comunicación no es un proceso digital lineal sino  de  causalidad  circular,  desde  esta  perspectiva  las  propiedades  o  axiomas  de  la comunicación enriquecen la exploración de nuevos significados. Las  personas  que  participan  de  una  mediación,  atribuyen  significados  a  un  significante (cosa,  hecho,  personas)  en  función  de  sus  marcos  de  referencias  y  de  su  contexto.  Como consecuencia de sus condicionamientos perceptivos, conceptuales y contextuales, sienten y se comportan de un modo o de otro, por lo tanto sus conductas y emociones serán un reflejo de los significados que se atribuyen a los hechos y a las cosas. Los mediadores, desde estas ideas, intentan trabajar en problematizar esos significados, reencuadrar miradas de situaciones, incorporando sobre todo la mirada del otro sobre los mismos significantes para convertirlas en más beneficiosas u operativas en la búsqueda de acuerdos consensuados. Como se verá el mediador también interviene desde su sistema de percepciones, marcos de referencias, supuestos, etc. por lo cual el trabajo con “uno mismo”, sabiendo  cuales  son  dichos  marcos  y  que  resonancias  generan  es  fundamental  para  que  el trabajo sea óptimo y no sólo una escucha activa en el mejor de los casos. Dicen  Diez  y Tapia, “si en  el  proceso  de  mediación  se  pueden generar  nuevas  historias para esa disputa o nuevos aspectos de esa historia, que incorporen porciones positivas que en el proceso de armado de la historia del conflicto se cayeron del relato (o que desplacen algunos elementos negativos de la historia original) entonces quizá puedan comenzar a estructurarse otras pautas de interacción entre las partes, menos conflictivas, que den espacio a un tipo de relación que permita el acuerdo” (Diez – Tapia, 1999). Es interesante rescatar las posibilidades que brinda el dialogo que se favorece a través de la mediación. Llamazares dice “al producirse, se manifiesta algo imprevisible, que trasciende las voluntades particulares; lo que sucede es la emergencia de un hecho de conocimiento…al hacerse presente en la relación interpersonal tiene un efecto numinoso para los que lo viven y al  suceder  algo  de  este  orden,  el  encuentro  dialógico  se  convierte  en  una  experiencia cognoscitiva trascendente, que modifica existencialmente a los que participan”.  La cualidad creativa del dialogo es algo que está más allá de cualquiera de estas  dos  formas  de  intercambio  verbal  al  que  estamos  acostumbrados  (conversación amistosa,  discusión confrontativa, sus frutos provienen de “la sinergia del encuentro, del habitar conjuntamente un espacio que se abre infinito, más allá de nosotros y  sin embargo, gracias a la singularidad de cada uno” (Llamazares, 2013)

Y otra idea necesaria de tener presente y desarrollar es la de la escucha. Cuando pensamos en habilidades de comunicación generalmente hacemos énfasis en la manera de realizar una exposición clara, de expresar lo que pensamos o sentimos. Pero para lograr un intercambio más rico necesitamos prestar atención a lo que nos dicen, interpretarlo antes de responder, apreciando el sentido de los gestos y los silencios tanto como los enunciados. Richar Sennett, por su propia experiencia como músico nos hace ver esto poniendo como ejemplo lo que ocurre en la música de cámara, “en ésta necesitamos oír a los individuos expresarse en diferentes voces, que a veces entran en conflicto, como la utilización del arco y el color de la cuerda. Entremezclar estas diferencias es como producir una conversación interesante” (Sennett, 2012).

Estos conceptos abonan este campo de la mediación en construcción, alentado por las experiencias en la implementación que nos afectan profesional y personalmente y nos invitan a seguir explorando, entendiendo y significando lo que ocurre en ese espacio. No sólo como decíamos con afán academicista sino especialmente para hacerlo más cercano y efectivo para la gente.

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