fbpx

Nostalgias de un maestro peronista

El Profesor Alberto Neirot me invita a escribir un artículo y de inmediato me pregunto cuál es la temática que pueda unirme a los lectores de Homero y a mis recorridos por la escritura. Seguramente, aquella que cruza mi vida profesional en estos momentos de esperanza expectante -la educación- será la adecuada. Especialmente ante la inminencia de volver con un proyecto de gobierno provincial y nacional que nos represente como pueblo.

No tengo duda de que la educación es el tema que nos convoca. Estoy convencida que es una preocupación común luego de 12 años de gobierno de la oposición en Santa Fe. Como abuela doy fe de las angustias a la hora de salida de la escuela de los nietos, y cada día me pregunto: dónde está esa adoración por el pedagogo Francesco Tonucci que tantas veces han traído a nuestra provincia, cuando una de sus banderas es No se puede hacer una buena escuela sin escuchar a los niños”, o “¿Por qué los adultos tendemos a menospreciar la voz del niño, a no tomarlo como una palabra autorizada?”; como ha dicho muchas veces: “Nosotros desde hace mucho tiempo pensamos que la escuela obligatoria no puede tener repitencia. Lo que la ley debe garantizar a todos los ciudadanos es un recorrido largo de 8 años de escuela, con los compañeros de su edad. Qué vamos a ver al final: no lo que ha conseguido ese niño, si no lo que ha sido capaz de hacer la escuela con ese niño. Porque casi siempre los fracasos de los niños, son fracasos de la escuela ya que la repitencia de niños de primaria normalmente no consigue un resultado de recuperar; por el contrario, los chicos que repiten tienen más probabilidades de volver a repetir que los demás. Con lo cual la repitencia es un castigo que no consigue resultados educativos; significa que es inútil”.

Si miramos el sistema educativo vemos los resultados de una educación fragmentada en cientos de proyectos pocas veces con conexión entre ellos, vemos desidia en las instituciones educativas, falta de compañerismo, y una carrera desenfrenada por aumentar los CV con cursos, congresos y jornadas.

Cuando no existe un proyecto común a los docentes, a las instituciones, a los niveles, al sistema educativo en su plenitud, se da este estado actual de cosas donde lo más importante de lo que nos preocupa es si aplicaron la cláusula gatillo en nuestros salarios. No está mal que así sea entre las/los colegas cuando desde el Estado provincial se han propuesto llegar a este estado de cosas donde la escuela casi ha dejado de ser un agente privilegiado de la sociedad, para ir hacia un polo de anomia, impotencia y pérdida de sentido.

Entonces me retrotraigo a los gobiernos peronistas durante los cuales me tocó trabajar, y recuerdo que las preocupaciones giraban en torno a buscar el camino que nos permita nutrirnos de los imprescindibles valores humanos. Aquellos que hablan del amor al trabajo y el respeto a los demás. Creíamos que los contenidos escolares se debían construir desde los valores en la vida, que son los que conforman la base de la educación democrática.

Nos movían grandes metas relacionadas con la escritura y la lectura, seguíamos a grandes pedagogos que también sostenían entre otros las ideas de Tonucci en relación a la no repitencia,  como Irene Kit: en algún momento nos perdimos el colectivo de la enseñanza de la lectura y la escritura. En los últimos 20 o 30 años se perdió la sistematización que teníamos. Los maestros actuales no están formados con un sistema sino con la idea de que hay que “acompañar a los alumnos”. Tampoco se los forma en la idea de que todos pueden aprender, o como otra pedagoga, Marta Zamero cuando nos dice: “Los niños asumen la culpa, es un gran golpe en su autoestima y no recuperan la mayor parte de esa culpa en toda la trayectoria escolar. Infligimos un daño innecesario e inútil y estamos dando señales a los niños de un modelo de sociedad: hay ganadores y perdedores”

Hoy, tanto en los medios de comunicación como en las escuelas, el discurso con respecto a los niños que no aprenden está “naturalizado”. En relación a la evaluación y promoción, por ejemplo, se dice “el alumno no promociona”, frase utilizada en lugar de “repetir”, que es lo que verdaderamente pasa: el niño repite una y otra vez lo mismo.

Me pregunto dónde quedaron aquellas metas de la Pedagogía de la Presencia que tan bien nos enseñó Gomes Da Costa para aplicar principalmente en los adolescentes de la escuela secundaria, cuando decía: “hay que tener en cuenta la relación de ayuda en los programas socioeducativos a adolescentes en dificultades”, o cuando decía: “ninguna ley, ningún método o técnica, ningún recurso logístico, ningún dispositivo político-institucional puede reemplazar la frescura y la inmediatez de la presencia solidaria, abierta y constructiva del educador ante el educando”.

Otra meta importante fue trabajar con los especialistas del área de la salud en relación a la prevención del VIH y ETS en las escuelas, de allí recuerdo muy bien al Dr. Rolando Martiñá cuando sugería implementar una educación emocional basada en una ética del cuidado donde se trata de preparar a los jóvenes para tratar de modificar la sociedad o tratar de sobrevivir, o ambas cosas a la vez. ¡Una gran pena que aquellas grandes ideas sostenidas en relación a la importancia de las tutorías que planteaba Emilio Tenti Fanfani, Marcelo Urresti y tantos otros!!!

¡Pensar que José Martí planteaba estas cosas a principios del siglo XX, en relación al educador con alas (sus ideas), y con sentimientos (el rumbo) y hoy, aún estamos discutiendo si preparamos o no a los futuros docentes para la promoción y sostenemos la importancia de la autosuficiencia erudita como excluyente para valorarlos! Lidia Turner Martí nos visitó varias veces también en Rosario pregonando su pedagogía de la ternura basada en estos principios martianos. Su pensamiento se sintetiza en esta fórmula…” el amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo, que se completa con la conocida alusión: La enseñanza ¿quién no lo sabe? es ante todo una obra de infinito amor”; bien lejos como ven de la carrera por multiplicar títulos académicos como única expresión del saber.

Este breve recorrido por la nostalgia de pensar la escuela parada en otro lugar y a los maestros disfrutando de la tarea de educar, ojalá nos sirva para pensarnos como educadores y para situarnos en la esfera social más importante: no estamos en el aula para hacer partidismo político. Estamos para guiar a las nuevas generaciones hacia una idea más solidaria de país, estamos para enseñar a querer la Paz, para incorporar la vida comunitaria a nuestra vida cotidiana, para poner en práctica la idea de Patria, que siempre es el OTRO. Siempre agradecidos a nuestros padres pedagogos, historiadores, políticos que nos precedieron y que son quienes nos marcan el camino en las luchas populares.

Tal vez algún día logremos en esta estructura organizacional construir una sociedad en la que todos los individuos tengan un lugar y una voz, se respeten las especificidades de los grupos humanos y haya una mayor prosperidad y seguridad para todos. Seguramente será un pueblo feliz.

“Cada ser humano lleva en sí un hombre ideal, lo mismo que cada trozo de mármol contiene en bruto una estatua tan bella como la que el griego Praxiteles hizo del dios Apolo”. 

1  Tonucci, F:  se graduó en Pedagogía en la Universidad Católica de Milán y en su extenso currículum se destaca ser director del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Cognición del Consejo Nacional de Investigaciones de Roma. Visitó Santa Fe en numerosas oportunidades.

2  Kit, Irene. Conferencia dictada en Santa Fe-Argentina. Mayo 2007.

3 Zamero Marta: Conferencia brindada en la ciudad de Santa Fe a Supervisores del Nivel Primario de toda la provincia en octubre 2007

4 Gomes Da Costa, Carlos: Pedagogía de la Presencia, Losada, 1995.

5  Martiña, R. “Hacia una cultura del cuidado” Geema Editorial, 1997.

Zeen is a next generation WordPress theme. It’s powerful, beautifully designed and comes with everything you need to engage your visitors and increase conversions.