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CTEP: trabajo y dignidad

Las columnas de la CTEP avanzan, se desplazan por las calles e incomodan; pura potencia de cánticos, banderas y pecheras celestes su presencia constituye una alteridad que irrita. En pleno centro comercial de la ciudad, ¿quién está dispuesto a detenerse para saber de qué se trata o qué reclaman?; es que las palabras apestan y se han degradado de tal modo que alientan el odio, así el ajuste es sinceramiento, la quita de derechos es reforma, los que paran no quieren trabajar, los sindicalistas son corruptos, las cargas sociales son costo laboral, los desocupados son planeros y por supuesto, los que marchan son vagos. La sociedad del descarte los desea lejos, confinados a los barrios periféricos, no quiere confrontar con la realidad que los interpela allí donde el neoliberalismo siembra la cultura del sálvese quien pueda y consolida el miedo que conduce a la resignación y la apatía.

Los trabajadores de la economía popular desajustan el paisaje urbano donde otras son las urgencias: hay que llegar rápido al trabajo, gestionar créditos, comprar divisas, cobrar jubilaciones y sueldos, comprar y consumir sin que nadie disturbe la rutina de quienes todavía se consideran asalariados por mérito personal. Desacreditados y demonizados por los medios, crecen; el carácter masivo, la capacidad de convocatoria y de organización de los trabajadores informales los convierte en una presencia apetecible para engrosar las filas de cualquier movilización que pretenda ser contundente en tiempos de ajuste.

Pero su acción trasciende la calle; la rebelión y la explosión en el espacio público no se resuelve en una indignación estéril, los trabajadores tensan la lógica que pretende no sólo excluirlos de los derechos sino también de la escena articulando un lenguaje y una representación política que encarne sus reivindicaciones y lleve su voz al Congreso. Ignacio Rico, referente de la CTEP en la provincia y candidato a diputado nacional por el Frente de Todos, expresa con claridad cuáles serán las demandas: “Queremos recuperar esos derechos que a mediados del siglo XX el General (Juan Perón) le dio a todo el pueblo argentino. Y en ese sentido, nuestra agenda tiene que ver con dignificar a esos entre cinco o seis millones de compatriotas, hermanos y hermanas, que hoy se ven viviendo en las peores circunstancias y son quienes muchas veces trabajan mucho más que ocho horas al día, tal vez 12 y 14 horas, y ganan la mitad de lo que gana cualquier trabajador formal. Y, además, no tienen obra social, aguinaldo o vacaciones pagas.”(1)

Las circunstancias son difíciles, según declaraciones de Carlos Rodríguez, director de la OIT, para América Latina y el Caribe, en nuestra región “Hay más de 150 millones de personas que están ocupadas en condiciones de informalidad, y alrededor de 20 millones de trabajadores se encuentran en situación de pobreza extrema o moderada”. La desocupación y el crecimiento exponencial de la desigualdad es un fenómeno que trasciende las fronteras, ante la “cultura del descarte” se deben articular respuestas desde abajo a partir de la organización comunitaria que genere una réplica al capitalismo financiero y al capitalista que dentro del sistema promueve un proyecto y contrata personas que dependen de sus decisiones sujetas a los vaivenes de la situación económica y del lucro que desea obtener. En esta situación, hay que asegurar un piso mínimo de ingresos que garantice la justicia social a los excluidos y además es una obligación moral y política transformar la crisis en una oportunidad para brindar soluciones efectivas. Nacho Rico lo define así: “Creemos que a través de la economía popular, y dándole virtuosidad, apoyo y defensa, podemos terminar con la precarización y el núcleo duro de la pobreza en la Argentina, que a nosotros más nos lastima y de alguna forma explica nuestra razón de ser y porqué yo, Nacho Rico de la Ctep, ocupo un lugar en una lista de diputados nacionales del Frente Todos. Si creemos que hay que hacer política por algo, nosotros creemos que es para terminar con la pobreza en la Argentina. Para nosotros nada se termina hasta que no haya ni un y ni una sola pobre. Y lo hacemos con propuestas concretas, que aplicamos en la realidad sin ser el Estado.”(2)

Un candidato es la cara de las miles de voluntades que trabajan todos los días en comedores, en talleres textiles, de herrería, de carpintería y serigrafía, en la construcción de casas y asfalto, en huertas, en actividades deportivas y artísticas con el objetivo de reconstruir en los barrios lazos sociales, sentido de pertenencia, trabajo y dignidad. El camino elegido para superar la crisis es político, si algunos trasnochados evocan el 2001 y el estallido como un triunfo y durante estos cuatro años desearon que algo similar ocurriera para salvarse de la debacle, se equivocaron; ¿por qué los más humildes además de padecer hambre deben poner el cuerpo a la represión y a las balas? La historia es una hoja de ruta que señala itinerarios posibles, con mansedumbre nunca se obtuvo nada, con muertos siempre fue una tragedia. Los movimientos piqueteros de los años 90 son el antecedente más inmediato de la Confederación de trabajadores de la economía popular (CTEP), un arduo y doloroso aprendizaje los unió en la necesidad de afianzar una organización que canalizara demandas y resguardara la vida de los que menos tienen, porque la muerte no persigue sueños. Para llegar a un destino de justicia social se trabaja en desde abajo, junto al pueblo, en los barrios donde se forman cuadros, se acumula poder popular y se destruye con conciencia social la lógica de acumulación de patrimonio e ingresos en pocas manos.

Algunos rostros Cualquier explicación sofisticada sobre qué hacen los compañeros y compañeras de la CTEP es trivial ante las palabras de Andrea Campos, “si no hay trabajo se inventa”, dice y sus ojos oscuros brillan con picardía. Esa definición, tan despojada y precisa, marca la diferencia entre trabajo y empleo, entre el desierto y las posibilidades que nacen cuando se socializa la búsqueda para brindar alternativas en medio del saqueo. Andrea, te nombra “cumpita” y el diminutivo afectuoso acorta la distancia con los compañeros que ponen el hombro en las ferias de la economía popular, ella es su referente. Decidió hace seis años salir de un letargo que la conducía a un camino sin salida y encontró en la CTEP su lugar de pertenencia, no pierde la sonrisa como tampoco la energía, el entusiasmo marca su carácter; además de formar parte de las ferias populares y las ferias libres de inflación es activa militante por la igualdad de género. Su compromiso da frutos, “ahora hay un semillero” afirma y su sonrisa se agranda, junto a sus compañeros y compañeras y a los jóvenes que se incorporan para fortalecer los proyectos ha comprendido que, como decía el general, “todos deben ser artífices de un destino común”.

En la tarea cotidiana se van produciendo los ajustes necesarios para que nada quede librado al azar, para incrementar ingresos es necesario mejorar, por eso han decidido recurrir al Instituto para la Producción Popular para que les brinde las herramientas necesarias para formular proyectos, conformar cooperativas, conseguir asesoramiento técnico y recursos para concretar sus aspiraciones y seguir creciendo. Cuando la calle los reúne, es para reclamar lo que les corresponde: que reconozcan sus tareas comunitarias y productivas con una remuneración que garantice una mejor calidad de vida. Esa vida que anhelan se traduce no sólo en bienes materiales sino también en bienes simbólicos; no es casual que casi al finalizar la charla, Andrea deslice, “vamos a mejorar la estética de las ferias”, la frase queda suspendida como un guiño, es que ella junto a sus compañeros y compañeras militan en el Movimiento Evita y sostienen la llama de la abanderada de los humildes que jamás escatimó recursos para brindar refinamiento y confort a los hogares y residencias que construyó a lo largo del país. En el deseo de mejorar la fisonomía del entorno donde desarrollan sus actividades se advierte la impronta de Evita porque anhelar la belleza no es una ostentación pueril, por el contrario, es un derecho que iguala.

Las ferias también se llevan a cabo en algunas facultades de la UNR, en especial en la Facultad de Psicología, donde participan por la gestión de los estudiantes comprometidos con la justicia social y la construcción de una universidad no sólo gratuita sino también popular. En una de esas ferias está Jorgelina, -Yoko, le dicen con cariño-, ella es incansable, muy sagaz en las apreciaciones, siempre deja en claro que su tarea no implica asistencia social, le preocupa sobremanera que la acción en los barrios se diluya en una categoría que nada tenga que ver con una construcción política. Habla, cuestiona, explica, analiza no admite ser complaciente con lo que se hace porque falta, porque es necesario seguir creciendo, sumar voluntades, corregir errores, mejorar aciertos y en especial tener muy en claro los objetivos. Se apasiona en la búsqueda de alternativas que permitan optimizar el funcionamiento de La Fábrika, ámbito donde despliega su energía junto a tantos que desarrollan sus actividades día a día para llevar adelante el merendero, actividades deportivas, talleres de formación en oficios, de reciclado, de cocina de serigrafía y textil cuya producción se vende en las ferias o en las instituciones que lo requieran. Tiene en claro que el Estado debe intervenir para potenciar los proyectos, sin ese apoyo todo es más difícil pero no se acobarda, sonríe, la sonrisa amable es un rasgo constante en estas mujeres valientes que le ponen el pecho a la adversidad construyendo presente y futuro.

Es lunes a la mañana, llegan los proveedores para abastecer góndolas y frezar, luego de un sábado de buenas ventas la reposición traduce el dinamismo y la rotación de mercaderías del Mercado Popular que funciona en La Toma. Celcio Moliné se siente cómodo en este espacio comercial que es el resultado de la experiencia acumulada en ferias populares itinerantes que se desarrollaron durante un extenso período que les permitió acumular experiencia y aunar voluntades en un proyecto común: generar trabajo estable.

El lugar elegido para funcionar obedece a un costo que incide de un modo significativo en los precios: el alquiler.
El comercio justo no admite despilfarro. El acuerdo logrado con los compañeros que tomaron y transformaron lo que había sido un supermercado que quebró en un centro de actividades culturales, sociales, políticas y comerciales les permitió instalarse con los requerimientos necesarios para un comercio.

Celcio se siente orgulloso porque gracias al esfuerzo de muchos se genera empleo y trabajo para veinte unidades productivas que los abastecen de pastas, panificación, verduras, frutas, pescados, dulces artesanales, legumbres, cosmética y otros artículos. Los pequeños productores que no pueden acceder a las grandes cadenas monopólicas de supermercados debido a los plazos de pago y los requisitos difíciles de cumplir que imponen debido a su posición dominante encuentran en el “comercio justo” una alternativa para ofrecer lo que producen. El lucro no es el fin, el objetivo es generar puestos genuinos de trabajo, es así como en el mercado trabajan siete empleados que reciben un sueldo. No es tan difícil imaginar que detrás de cada unidad productiva o empleado hay familias que dependen de esos ingresos por eso los beneficios se multiplican. Respetuosos de las conquistas sociales y los derechos laborales, el mercado permanece cerrado los sábados a la tarde y los domingos.

Para optimizar el funcionamiento los asesora una ingeniera industrial, nada se improvisa; cada paso reafirma el siguiente, Celcio se entusiasma, tal vez en un futuro no muy lejano puedan formar una cooperativa que les permitirá afianzar su desarrollo.

Por último

Es función del Estado: desmalezar, desratizar, recolectar residuos, proveer de servicios; garantizar trabajo e ingresos dignos, sin embargo, ante su ausencia la CTEP toma la posta y organiza a la comunidad en pos de un objetivo: el bien común. Su presencia no reemplaza al Estado a quien le reclama que se haga cargo de lo que le corresponde. En la agenda de la organización se encuentran los siguientes puntos : un plan maestro de integración urbana, el acceso a la tierra, un cupo en la obra pública para los compañeros de la CTEP; el tratamiento, aprobación y reglamentación de las leyes de emergencia alimentaria y emergencia en adicciones, promover la agremiación, garantizar la seguridad social para los no registrados.

Por último, y debido a los cambios que se han producido en la modalidad de trabajo por el surgimiento y desarrollo de las app y plataformas digitales, considera que éstas son empresas encubiertas que evaden impuestos y cargas sociales, por lo que apoya la lucha de los “cadetes” para que sean incorporados a un régimen de trabajo formal.

Los integrantes del Movimiento Evita que pertenecen a la CTEP saben que la maldición de esos setenta años de peronismo que menciona el gobierno actual no se corresponden con los años que estuvo en el poder, sino con la evocación de un tiempo en que el trabajo era digno y dignificaba y el pueblo era feliz. No cederán un paso hasta que no haya un solo pobre. A pesar del hostigamiento y desprecio en las calles, del odio que se incentiva en la sociedad, del espíritu social “emprendedorista” que usa el consumo como placebo, seguirán en los barrios y en las calles porque ser pobre no implica ser sumiso, porque como decía Evita “no hay nadie capaz de doblegar a un pueblo consciente de sus derechos.”

(1) Extracto reportaje publicado en “El eslabón”, 20/7/19
(2) Idem.

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