La cuestión de la energía eléctrica, desafíos del proyecto popular

Si el discurso neoliberal debiera presentar su victoria cultural más clara, seguramente apelaría a la cuestión energética. Allí, ha logrado imponer una serie de zonceras que mantienen convencida una población
que acepta sin chistar su empobrecimiento energético a favor del enriquecimiento de unos pocos que manejan el negocio energético. El reduccionismo de un recurso estratégico a una mercancía, está instalado en la cultura social de tal forma que una serie de absurdos son tolerados pacíficamente. Es imperioso arribar a construcciones conceptuales que al menos interpelen los postulados impuestos como verdades incuestionables.

Viene aquí recordar que esos conceptos fueron consagrados en el marco regulatorio surgido en los años 90, (con reforma constitucional incluida que introdujo el interés de las provincias al consagrar en su art 124, el dominio originario de los recursos naturales en cabeza de los estados locales), y que dio lugar al fenómeno de privatizaciones que se implementó por aquellos años.

En ese contexto la ejecución del plan neoliberal significo un proceso paulatino de retiro del Estado en las áreas energéticas en favor de empresas privadas. No fue un camino pacífico, la resistencia de los trabajadores y otros avatares no permitieron que el plan se ejecutara acabadamente. Así el Sector Público retuvo algunos espacios dedicados a la generación el transporte y distribución de energía eléctrica y la propiedad de recursos naturales utilizados como insumos en el proceso de generación eléctrica.

Subyace en el esquema neoliberal que citábamos, un negocio fenomenal. Asegura una extraordinaria rentabilidad en términos de moneda dura (dólar) cuya provisión era asegurada por el Estado del uno a uno.

La irrupción del gobierno popular significó un límite a la ejecución del plan neoliberal. Por lo pronto terminó con la deserción estatal que se venía concretando con tropiezos pero con mucho avances significativos de los operadores privados del negocio. Ahora bien, la convivencia de y con ese marco regulatorio fue traumática, derivó en la tan criticada política de subsidios y Resoluciones mediante los cuales se trataba de paliar la lógica neoliberal mediante la absorción de costos a fin de asegurar el acceso de la población al recurso energético.

Así, si bien no se dio la batalla de fondo -esto es consagrar un nuevo marco regulatorio-, si se operó sobre el sistema quedando al descubierto el gran margen de maniobra que aún conserva el Estado dentro del citado marco.

En los últimos cuatro años, volvió la ofensiva privatizadora, y la lógica instalada en los años 90. La dolarización de las tarifas, y el desprendimiento por parte del Estado de algunas tramos del sistema a favor de empresarios cercanos al Presidente caracterizan la época. Así se operó una fenomenal transferencia de recursos de los usuarios a favor de la rentabilidad de las empresas privadas, a quién el Estado les asegura una rentabilidad también fenomenal en dólares. Por ese mecanismo empresas con gran parte de sus costos en pesos, terminan fugando dólares. Lo que se fuga es inversión.

La voracidad es tal por capturar esta rentabilidad y transformarla en dólares, que por supuesto han descuidado hasta la más mínima inversión que requiere no ya el crecimiento del sistema sino su manutención. Por ejemplo no se construyó un solo km de líneas de Alta Tensión.

Esto en parte explica cómo llegamos al colapso del sistema que fue el apagón general del 16 de junio. Hecho inédito en cuanto a la gravedad en la historia eléctrica argentina. Inconcebible con una demanda en menos del cincuenta por ciento de lo que soporta el sistema. Tan inconcebible como la respuesta esbozada por el Gobierno al admitir no saber qué había pasado pero asegurar que… “hay 0 posibilidad que se repita” según declaró Lopetegui.
Así las cosas el desafío del próximo gobierno popular es retomar el camino del crecimiento e inversión en la generación transporte y distribución de energía eléctrica, concebidas estas prestaciones, como servicios públicos para garantizar el derecho a la energía. Es imprescindible correr la lógica del mercado y la reducción de la energía a una mercancía.

De algo estamos seguros, si el plan neoliberal fue consagrado en nuestro ámbito mediante la ley 24065 (llamada de transformación del Sector Eléctrico) debemos abordar la deconstrucción de la misma si queremos retomar las riendas del manejo de la energía eléctrica.

No nos pasa desapercibido que habrá una etapa traumática de convivencia. Pero como lo dijimos más arriba, si algo podemos capitalizar de la experiencia de los doce años 2003-2015, es el gran margen de maniobra que dispone el Estado aún con el actual marco regulatorio.

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