Reflexiones sobre la dirección sindical

Introducción  

¿Qué es la burocracia sindical? ¿Cómo está conformada? ¿Cómo obtiene su poder? ¿Representa a su clase social?

Estos son algunos de los tantos interrogantes que surgen cuando se piensa en este actor social. En un contexto político en el que se le demanda a la cúpula de la CGT que asuma un rol más activo en la defensa de los intereses de la clase trabajadora, consideramos oportuno adentrarnos en una reflexión histórica sobre dicha problemática. Las organizaciones de los trabajadores tienen una burocracia, signifique lo que signifique esto, porque el movimiento sindical argentino es uno de los más desarrollados de América Latina desde el ascenso del peronismo al poder. Más allá de las valoraciones que se hagan de dicho movimiento político y su modelo sindical, es un dato ineludible que con la llegada de Perón al gobierno, el movimiento obrero se transforma en un “factor de poder” y los sindicatos en “organizaciones de masas”. Desde entonces, han sido innumerables los debates y las polémicas en torno a este fenómeno. El vínculo de la clase trabajadora con los partidos y con el Estado, las ideologías que portan, las relaciones entre las bases y sus dirigencias; todas ellas merecieron diversos tratamientos y representaron diferentes interpretaciones, y a la vez todas tuvieron en común preguntarse por la burocracia sindical.

Este artículo se propone reflexionar sobre dicha problemática a partir de aportes clásicos de las ciencias sociales, que nos ayuden a comprender el rol de las burocracias y el problema del burocratismo en toda su complejidad, para poder conectar de esta manera pasado y presente y colaborar en el necesario debate sobre el rol social y político que cumple el sindicalismo argentino en la actualidad.

 

La no neutralidad del uso del término

El término burocracia sindical, ha sido uno de los más utilizados para caracterizar a la dirigencia sindical argentina. Tanto desde las producciones académicas, como desde las intervenciones militantes de los actores del mundo político y sindical, este concepto sirvió para designar a un sujeto que por su misma posición en la estructura social e institucional, permite múltiples clasificaciones e interpretaciones sobre su desempeño en la defensa de los intereses de los trabajadores.

El adjetivo burócrata, ha sido aplicado muchas veces para descalificar al rival político y/o sindical, utilizándolo como un equivalente de “traidor”, “autoritario”, “desclasado”, “aburguesado”, y en el mejor de los casos, en su sentido más literal, como quien gobierna “detrás del escritorio”. Ejemplos de estas actitudes los encontramos por doquier en las disputas gremiales de la actualidad y de los años sesenta y setenta del siglo pasado, pero también en las innumerables internas de las primeras décadas de dicha centuria entre las distintas tendencias político-sindicales de aquel momento: anarquismo, socialismo, sindicalismo y comunismo. Por lo tanto, en muchas ocasiones, parece que el término burocracia no refiere a una definición precisa que atañe a un tipo de desenvolvimiento de las instituciones y sus conducciones, sino que es utilizado para adjetivar a estas organizaciones y/o sus grupos dirigentes de acuerdo a la ideología profesada y las internas coyunturales.

Transformar este concepto en una especie de comodín, del cual se echa mano cuando las circunstancias lo permiten, ya sea para dirimir una interna, ganar una disputa verbal o hacer gala de mayor combatividad, nos aleja de la potencialidad que nos puede brindar para comprender a los sujetos y las instituciones que intenta describir. Reconocemos que la lógica de las contiendas políticas torna posible -y muchas veces, por qué no, imprescindible- su utilización arbitraria en la batalla discursiva. Igualmente, creemos que es necesario no caer en la trampa que nos propone la simplificación, ya que nos perderíamos la posibilidad de analizar en toda su complejidad las características que posee y las vías de acción que se le abren al movimiento sindical argentino en el presente.

Consideramos, “grosso modo”, que han sido dos los grandes senderos por los que han transitado los estudios de la burocracia sindical en nuestro país.

Uno de ellos está ligado a quienes se esforzaron por explicar el funcionamiento del sindicato y su dinámica interna en términos sociológicos. Aquí aparece como central el concepto de oligarquía, y la preocupación principal es medir el grado de autoritarismo, concentración y perpetuación en el poder de los grupos dirigentes sindicales argentinos. En estos casos, el centro de la reflexión está puesto en la democracia interna y lo cercano/lejano que se encuentran de ella los sindicatos.

Otro tipo de intervenciones tienen por denominador común, en cambio, una evaluación de los niveles de burocratismo del movimiento sindical en base a los proyectos político-sindicales en los que inscriben su accionar los dirigentes gremiales. Para estas interpretaciones, el término burocracia sindical viene a ser algo así como una cualidad personal o grupal que se la posee o no en relación a presupuestos ideológicos.

Creemos que esta última acepción es la que ha colaborado en el descrédito y el desgaste de la utilidad del término para una mejor comprensión del rol de la dirigencia sindical, por lo que nuestro aporte persigue llamar la atención sobre este problema.

 

Algunas notas sobre el debate en torno a la burocracia sindical en Argentina

Existe un amplio consenso tanto en las ciencias sociales como en las interpretaciones político-ideológicas, sobre la pertinencia del término burocracia para referirse a las cúpulas sindicales argentinas. Pero no todos entienden lo mismo ni acentúan en su explicación los mismos aspectos. Más allá de ciertos matices, un conjunto de estudios sobre la clase trabajadora y el movimiento sindical argentino de la segunda mitad del siglo XX, utilizan este concepto para hacer referencia al fenómeno social producido en los sindicatos por imperio de la transformación de su estructura en organizaciones de masas, con las consecuencias que esto trajo para la participación democrática de sus afiliados. Louise Doyon,[1] analizando la organización del movimiento sindical peronista en el período de su conformación, señala que la afiliación masiva fomentada por el Estado nacional significó que para mediados de la década del cincuenta, el movimiento sindical alojara en su seno a doce sindicatos con más de 50.000 miembros, en comparación con un único sindicato (Unión Ferroviaria) que reunía tal cantidad de adherentes en 1941. Por lo tanto, concluye que el tamaño de los sindicatos hizo más difícil la participación de un modo directo y continuo de sus afiliados en la elaboración de los objetivos y en la administración de sus funciones. Aparece ahora la división de tareas y una nueva clase profesional de líderes sindicales, cuestiones éstas que estaban ausentes en los pequeños sindicatos anteriores. A esta característica “inevitable” general de todo proceso de burocratización, el peronismo la refuerza con su verticalismo político, expresado, por ejemplo, en la imposición de Perón a la CGT en 1947 de un nuevo secretario general en reemplazo del destacado dirigente Luis Gay, quien no se sometía mansamente a las directivas del líder del nuevo movimiento. Apoyándose en elaboraciones teóricas clásicas[2], el trabajo de Doyon sigue la línea argumentativa que identifica al fenómeno de la burocratización como el principal causal de la disminución de la participación de los trabajadores en la vida interna de sus sindicatos. La existencia de este proceso, entonces, es vista como la causa principal de la disminución de la democracia sindical, y las consecuencias negativas del término adquieren toda su dimensión cuando en distintas investigaciones se comprueba la merma de la participación de los trabajadores en las decisiones adoptadas por su gremio. La investigación de Juan Carlos Torre[3] para las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado, representa un ejemplo en este sentido, mostrando que la ausencia de listas opositoras en las elecciones de la mayoría de los sindicatos argentinos es un claro indicador del abandono de una auténtica práctica democrática en los gremios nacionales. Entendiendo a la manera de Lipset[4] que la forma más correcta de interpretar el grado de participación democrática en un sindicato, está estrechamente relacionada con la posibilidad de que la alternancia en el poder sea producto de elecciones transparentes, Torre concluye que para este período, habida cuenta de que sólo encuentra cuatro casos de triunfos de listas opositoras, no puede hablarse de democracia sindical en Argentina.

Otro trabajo paradigmático sobre el movimiento obrero argentino, es el del historiador británico Daniel James[5], quien sigue constituyendo una referencia ineludible para reflexionar sobre la clase trabajadora argentina y su complejo vínculo con el peronismo. Una de sus hipótesis centrales respecto al vandorismo, pone en juego el tipo de vínculo entre dirigentes y bases: “la relación entre los líderes sindicales peronistas y sus bases fue ciertamente más compleja y simbiótica que lo que el simple paradigma de integración, propuesto por los analistas y los medios de prensa, podría hacernos creer. El problema con esta imagen reside, me parece, en que crea dos abstracciones metafísicas, aparentemente polares pero en rigor corolario una de la otra: una clase trabajadora que siempre lucha y aspira a la acción colectiva independiente con prescindencia del contexto y la experiencia, y una burocracia que siempre traiciona y reprime esas luchas y aspiraciones.”[6]

Esta definición de James, señala muy bien uno de los núcleos problemáticos centrales presente en los análisis del sindicalismo argentino. Representa un punto de vista sobre el problema que cuestiona los análisis simplistas de cómo se desarrolla la dinámica del vínculo dirigencia-bases, que nos ayuda a no tentarnos con definir a toda burocracia sindical como un grupo dirigente externo a la clase trabajadora, con intereses contrapuestos a los de sus bases y con cualidades morales reprobables. El riesgo está en presentar toda relación clase-dirigencia en términos necesariamente antinómicos, como si fuera un dato de la realidad que no se necesita corroborar.

Por otro lado, el sociólogo argentino Juan Carlos Torre[7], señala que términos como “traidores” y “leales”, “duros” y blandos”, remitían a cualidades morales, y no a programas políticos o concepciones ideológicas. La elección del término burocracia sindical para debatir el comportamiento de las direcciones sindicales, muy típico de las izquierdas argentinas de los años sesenta y setenta, sirvió para que estas corrientes anclaran el debate en un terreno que consideraban favorable y que legitimaba sus conductas ante los trabajadores, frente a las por ellos cuestionadas dirigencias sindicales oficiales peronistas. Otro concepto central, como ser el de reformismo, y que permitía una interpretación menos sesgada de las dirigencias sindicales, no había merecido el mismo interés por parte de la izquierda argentina según Torre.

A este respecto, quisiéramos señalar por último un par de cuestiones a nuestro entender centrales que manifiestan aquellos debates, y que no deben perderse de vista a la hora de evaluar al sindicalismo en el presente.

Las interpretaciones que se hacen de este sujeto polémico en términos ético-morales, son producto fundamentalmente de un marco histórico y político determinado, nunca son ahistóricas. En los años sesenta y setenta del siglo pasado, el contexto político era de “revolución socialista” y/o “revolución peronista” y de críticas a lo que se denominaba la “democracia formal” o “liberal-burguesa”. La proscripción del peronismo, la sucesión de gobiernos de facto y la represión a los sectores populares, conformaron un cuadro dentro del cual operaban las estrategias y acciones del sindicalismo, de “resistencia” e “integración”, al decir de Daniel James. Por lo tanto, no debe perderse de vista que las disputas sindicales y políticas estaban atravesadas por aquel clima de época en el que se dirimían distintas concepciones del rol de los sindicatos en la sociedad. Contexto compartido, es cierto, pero distintos prismas desde los cuales evaluar las acciones del movimiento obrero y, por ende, las concepciones y el rol de la burocracia sindical, todas deudoras de elaboraciones teóricas que tratan el problema de la relación entre clase, sindicato y partido político. Por consiguiente, entendemos que este tema está atravesado sin dudas por un debate teórico-ideológico más amplio, que cruza las distintas interpretaciones de las vertientes teóricas y políticas de “los peronismos” y “las izquierdas” y que, a su vez, se encuentra condicionado por la mayoritaria adhesión de la clase trabajadora al peronismo.

 

Reflexiones finales: dificultades y posibilidades en el horizonte

El llamado de atención que hacemos para evitar caer en las explicaciones simplistas de cómo se consolidan las burocracias al frente de los sindicatos y el significado que esto tiene para los trabajadores, no pretende negar la validez de muchas de las denuncias realizadas contra las prácticas autoritarias de los grupos dirigentes sindicales, el modus operandi de ciertos dirigentes en connivencia con las patronales, y la violencia ejercida contra las oposiciones, del pasado y del presente.

Hemos intentado explicitar algunas cuestiones que muchas veces se pasan por alto, y que no ayudan a colocar el problema de la burocracia sindical en su justa dimensión. Muchas de las intervenciones públicas, tendieron y tienden aún a una fuerte “idealización” de la clase trabajadora, definiéndola como una clase de la que no se duda de su conciencia revolucionaria, y que siempre estaba dispuesta al sacrificio y la lucha. Se identifica en algunos casos la existencia de toda burocracia –necesaria en los sindicatos de masas- con el fenómeno del burocratismo. Guste o no, los grandes sindicatos argentinos poseen todos sus burocracias, y no todas actúan de la misma manera frente al Estado y las patronales. Existen muchos factores que entran en juego y que posibilitan un mayor o menor acercamiento a la burocratización en sentido negativo, entendido como el proceso por el cual los representantes de los trabajadores se alejan de los intereses de sus representados y subordinan sus acciones a un fin último: su sostenimiento como grupo dirigente. El problema está en las generalizaciones y simplificaciones apriorísticas. Se debe indagar en cada caso particular para poder entender cuál es el grado de burocratización presente en cada sindicato y cómo incide esto en la representación de los intereses de los trabajadores como clase.

Los términos burócrata y burocracia sindical deben despegarse de la adjetivación de un tipo de conducta, la “traición”, y de una ideología, el “reformismo”. Este es un primer paso necesario para que estos conceptos cumplan con la función de iluminar y no oscurecer la comprensión de las características de la dinámica de la relación entre dirigencia y bases, el funcionamiento del sindicato en tanto movimiento social institucionalizado, y el rol cumplido por los grupos dirigentes en tanto representantes de los intereses políticos y económicos de los trabajadores, más allá de la ideología imperante en cada caso.

 

 

[1] Doyon, Louise, “La organización del movimiento sindical peronista 1946-1955”, en Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales, vol. 24, Nº 94, julio-setiembre 1984, pp. 203-234.

[2] Se deja ver la influencia de distintos estudios clásicos sobre el tema, como ser: Michels, Robert, Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1962; Lipset, Seymour, “El proceso político de los sindicatos: Una exposición teórica”, en Galenson, Walter y Lipset, Seymour, (comps.), Teoría y estructura del sindicalismo, Buenos aires, Ediciones Marymar, 1969, pp. 385-434.

[3] Torre, Juan Carlos, “La democracia sindical en la Argentina”, en Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales, vol. 14, Nº 55, oct.-dic. 1974, pp. 531-543.

[4] Lipset, Seymour, ob. cit.

[5] James, Daniel, Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina. 1946-1976, Buenos Aires, Sudamericana, 1990.

[6] Daniel James, ob. cit., p. 342.

[7] Torre, Juan Carlos, “Política y violencia en el movimiento obrero: a propósito de ‘la idea de la burocracia sindical’ y sus efectos”, en Héctor Schmucler (comp.), Política, violencia, memoria. Génesis y circulación de las ideas en la Argentina de los años sesenta y setenta, La Plata, Ediciones Al Margen (2da. Edición), 2009, pp. 15-18.

Profesor de Historia

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