O por lo menos así lo creyó él

Era, para el Maestro, el primer día de clases del año y enfrentaba un nuevo curso. Mientras tomaba lista de asistencia, al nombrar al alumno Bóveda creyó oportuno preguntar si recordaban las palabras esdrújulas. Él silencio era abrumador. Reiteró la inquietud silabeando ES-DRÚ-JU-LAS. Nada obtuvo del otro lado. Por allí un alumno levantó la mano. Pero era una solicitud para ir al baño… O por lo menos eso creyó él.

Y así interpretó que los alumnos se veían abrumados por la nueva Dignidad Áulica que el representaba y entonces recurrió al humor  como para descomprimir y dijo: …“Ustedes con las esdrújulas van a tener un problema, agudo, espero no sea tan grave”… Del otro lado obtuvo NADA.

Decidió recurrir entonces a la verba inflamada y tocar el orgullo de esa comunidad estudiantil. Les habló del sacrificio de los padres, de los beneficios de la sabiduría, de la complejidad de las almas felices, del ahínco y del tesón…. Y allí se detuvo, y preguntó si esos vocablos, ahínco y tesón, les sonaban. Un alumno, entonces, se paró y dio a entender que ahínco y tesón eran dos vocales de la Primera Junta de Gobierno patrio… O por lo menos eso creyó él.

Pero el Maestro no claudicó, se sacó la corbata y el saco, y abrió su camisa y aprovechó el llamado de la historia y pregunto: -¿Conocen la Marcha de San Lorenzo? Y entonces, después de un rato y de un prolongado silencio, un alumno dejo ver abriendo su delantal tímidamente, una camiseta de fútbol con los colores del Ciclón de Boedo y el Maestro creyó, que con sus gritos hacia referencia a la marcha de los hinchas de dicho club porteño para volver a su tierras a las que pertenecían, a su nuevo estadio, a sus raíces… O por lo menos eso creyó él.

El Maestro, tozudo se desató los zapatos y aflojó el cinturón y entonó:…“Febo asoma”… y se detuvo a fin de indagar a que se refería el vocablo: “Febo”. Una alumna se señaló las botitas, que llevaba con suela de goma donde se veía la afamada marca  “Febol”… O por lo menos eso creyó él. El Maestro transpiraba frío, y mientras se descalzada y arrancaba los botones de su camisa de uno en uno, prosiguió: … “ya sus vayas, iluminan el Histórico Convento”… e indagó con voz trémula, recostado cual escuerzo sobre la tarima que alzaba el escritorio: ¿Saben que es el Histórico Convento? ¿Saben no? Un alumno dibujó en el pizarrón que un Histórico Convento era un vecino suyo, maduro, solterón  con mucha plata al que apodaban: El Histórico Convento… O por lo menos eso creyó él.

El Maestro, optimista ya solo con un slip por sobre toda la vestimenta, pensó: vento del lunfardo igual a plata, coloquialmente igual a dinero, igual a moneda de curso legal, pero prefirió no preguntar mas nada. Y siguió tomando asistencia, pero notó que….. Había en el aula, ya que en uno de sus movimientos espasmáticos, los alumnos interactuaban que los invitaba a salir al patio… O por lo menos eso creyó él.

Solo desnudo, examine, vio como entra un bedel al salón de clases y le pedía disculpas por que se había equivocado al darle esos alumnos, ya que ellos eran un curso de sordomudos de Misiones, que venían buscando una experiencia escolar distinta.

“La enseñanza es lo ultimo que se pierde”

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