¿El Futuro del trabajo o fraude laboral?

El trabajo a través de las Aplicaciones móviles

Las transformaciones y avances tecnológicos a través de la historia y por sobre todo en el mundo del trabajo siempre fueron caóticas y produjeron cambios radicales en las sociedades. De más está abundar en detalles sobre los impactos de las tecnologías desde la primera revolución industrial y los desplazamientos masivos de personas de un lugar a otro o de los aumentos de los asentamientos en las ciudades, generándose así, masas de desocupados al servicio de las empresas.

Hoy en día y habiendo ya ingresado de lleno al siglo XXI, podemos decir que nos encontramos en la Cuarta Revolución industrial o Revolución Tecnológica, donde nos guste o no, las tecnologías se han metido en nuestras vidas de lleno. Desde los teléfonos móviles podemos  transferir dinero, mensajes, llamadas hasta pedir comidas, etc.

Con lo dicho, el mundo del trabajo no ha sido ajeno y el “Capital” ha tomado nota y ha avanzado sobre ello. Desde la llegada de las Aplicaciones o “Apps”, un nuevo mundo en el uso de las tecnologías se impuso y así surgieron las empresas de Cadeterías o “Deliveries” , tales como Pedidos Ya, Rappy y Globo, y en el ámbito de transporte de personas, Uber.

Primero se conoció la empresa de taxis “Uber” y se dio lo que se llamó la Uberización del trabajo, donde en líneas generales un particular siendo titular de un vehículo, ingresa a una APP desde su teléfono móvil y siguiendo unos pasos se convierte en chofer o “taxista” o “remisero” y queda habilitado para transportar personas, salteando así regulaciones o cualquier habilitación de parte de la comuna o municipio. Y así el nuevo mundo del trabajo nos vende o inculca el concepto de “emprendedor”.

Por otro lado y atendiendo a las empresas de cadeterías, sucede que en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, La Plata,  jóvenes pedalean colgando cajas rojas o amarillas o anaranjadas. Para algunos es una versión moderna de uno de los oficios más antiguos: el reparto de mercaderías por tracción a sangre. Pero, ¿es así?

Primero, en América Latina la desocupación y precariedad laboral es el denominador común de los últimos 4 o 5 años, acentuándose en los últimos dos; más teniendo presente los datos últimos del INDEC para Argentina y la zona del cordón industrial del sur santafesino, un contundente 12,8% de desocupación para la ciudad de Rosario.

Segundo, el creciente peso de los servicios en la vida de las grandes ciudades. Como define el economista David Harvey, “el trabajo dedicado a la producción y reproducción de una vida cotidiana cada vez más urbanizada. La cadena de abastecimiento dentro y fuera de las ciudades supone un movimiento continuo, sin interrupción”. Porque cuanto menos tiempo entre producción y circulación de la mercancía, lo que Marx llama tiempo de rotación del capital, más ganancia para las empresas. Y ese flujo de bienes y servicios, señala Harvey, “es realizado cada vez más por trabajadores eventuales, a menudo a tiempo parcial, desorganizados y mal pagados”. Así, en ciudades donde las clases medias y altas siguen  ampliando sus consumos y cada vez hay más problemas de movilidad, los servicios “de última milla” se han convertido en un rentable negocio. Así nace lo que podríamos llamar el Capitalismo de las Plataformas.

A partir de la crisis de 2008, uno de los nichos de inversión capitalista, fueron las Aplicaciones. Algunas usando la gigantesca masa de información que captan de sus usuarios (big data) para vender publicidad (Google, Youtube, Facebook), otras sumando suscriptores (Netflix, Spotify) o haciendo logística y comercio electrónico (Amazon, Mercado Libre). Hasta llegar a las plataformas de trabajo que “conectan clientes y colaboradores”.

Tomemos un ejemplo y veamos un poco como funciona “Rappi”.

“¿Querés ser tu propio jefe? En Rappi manejás tu tiempo y sacás provecho de él. Activate cuando quieras”. “Tu ganancia se establece por cada entrega, más propina”. ¿Por qué? “Porque somos una comunidad llena de pasión”. Sin jefes, con ganancias y pasión. Así es Rappi.

En esa misma página, ya con cierto tono relajado, la empresa explica que “RAPPI facilita la intermediación entre repartidores independientes y personas físicas que requieren de servicio de cadetería mediante el uso de una plataforma tecnológica y móvil de RAPPI”. Su gerente Matías Casoy, dice: “los repartidores son importantísimos pero no son empleados: no están en relación de dependencia”.

Según ellos, son parte de la llamada “economía colaborativa”, donde las empresas sólo serían mediadoras para conectar “colaboradores”, usuarios y comercios.

Por esa “conexión” la empresa se queda con una comisión del 17%. Pero a sus “colaboradores” les depositan sus trabajos tres o cuatro semanas después de realizados. El dato no es menor. En una época de altas tasas (al 03/2019 un 68%), aprovechan esos días para meter la plata en la bicicleta financiera (Carry trade), y así usar el dinero que “los colaboradores”, de sus bolsillos, depositan para comprar los pedidos de los usuarios en cuentas de la empresa y donde “la colaboración o gratificación” se les devuelva a los cadetes “colaboradores”, o casualidad, 30 días después.

La colombiana Rappi desembarcó en Argentina en octubre de 2017, poco después lo hizo la española Glovo. Aprovechando una ley impulsada por el macrismo, se inscribió como Sociedad por Acciones Simplificadas (SAS). Las SAS tienen varias ventajas: pueden constituirse con un solo socio, menores costos, más flexibilidad de funcionamiento y facilidades para “incorporar inversiones”. ¿Por ejemplo? Rappi Argentina tiene un administrador, Lucas Asad, que fundó la empresa con solo 17 mil pesos. Pero detrás de los “emprendedores” de Rappi están, a nivel internacional, fondos de inversión como DST Global (Israel-Rusia), Sequoia Capital (EEUU) y Andreessen Horowitz (EEUU), que en los últimos tres años le aportaron 462 millones de dólares.

Según la revista Apertura, “en julio de 2018 Rappi procesó más de 200.000 pedidos y la empresa cerró el año 2018 con una facturación de u$s 5 millones por mes y niveles de crecimiento de entre 30% y 50% mensual”. También se ha asociado a grandes cadenas de distintos rubros como Mc Donald’s, Disco, Vea, Farmacity o Volta.

La realidad de estas empresas es que, tras la supuesta relación libre entre “plataformas” y “colaboradores independientes”, se esconde uno de los fraudes laborales más grandes que se conozca: negarle la condición de trabajadores y sus derechos a quienes realizan esa actividad de circulación tan necesaria para la realización del capital.

Cuando el interesado o interesada entra se les dicen que son trabajadores independientes, pero la realidad es que se trabaja para ellos, se cumplen sus órdenes, kilómetros, tiempos de espera, o sea que no son independientes: son trabajadores que están subordinados a la empresa. “Que se decidan, o somos “independientes” o que nos reconozcan la relación laboral”, dicen los trabajadores.

Otro dato que demuestra el fraude laboral y saca a la luz la relación laboral encubierta, es que ante la tardanza  o la imposibilidad de la entrega (ya que hay veces que en sus espaldas deben cargar carritos enteros de supermercado), son suspendidos por la empresa, es decir, la empresa los sanciona. Entonces por qué sanciona la empresa a “sus colaboradores o socios”.

Los trabajadores o “colaboradores” no tienen obra social, no tiene ART, no se respeta la jornada laboral, deben estar conectados el mayor tiempo para poder tomar pedidos y que la aplicación o la empresa no los suspenda. Prácticamente son esclavos de las empresas, que se manifiestan a través de la aplicación, ya que las empresas no tienen un domicilio conocido en el lugar donde “sus colaboradores” pedalean.

Pero esto no es más diferente que lo que decía Karl Marx sobre la apropiación de los medios de producción por el Capital. Aquí las empresas se apropian de las tecnologías y las transforman en medios de producción, con un agravante, el trabajo por aplicación o Apps promueve el fraude laboral y la explotación del hombre, a niveles de los conocidos en el S. XIX, ya que el “socio colaborador”, prácticamente debe mantenerse conectado todo el día para no ser sancionado o suspendido.

Paula Abal Medina y Karol Morales se hacen una interesante pregunta sobre los “pequeños y grandes robos” que realizan Rappi o Glovo. “¿Cuánto ganan con el dinero que incautan temporalmente a los repartidores y que se acrecienta en los circuitos financieros? ¿Cuánto ganan por el uso y el desgaste de medios de producción que pertenecen a los trabajadores? ¿Cuánto se ahorran al utilizar la ciudad como espacio de trabajo? ¿Cuánto obtienen por la venta de datos extraídos de sus clientes que alimentan la big data? El repartidor contribuye a muchos de estos circuitos de valorización que quedan invisibilizados al momento de imaginar la retribución de su trabajo y el reconocimiento de sus derechos”. Otro dato que se puede agregar, es el uso de la bicicleta, que no requiere registración ni reglamentación, como una moto o un auto.

Esa precarización y fragmentación, obviamente, no es un invento de las plataformas sino una tendencia más general del capitalismo. Hoy en el mundo solo una de cada cuatro personas empleadas tiene un trabajo full time y estable, y los nuevos puestos son generalmente en peores condiciones. En esa realidad, los jóvenes, las mujeres y los migrantes son los más castigados.

Pero así como crece el capitalismo de plataformas, también vemos ejemplos de organización y resistencia.

Las duras huelgas de Amazon en España y Alemania, con acciones comunes “internacionalistas”. O las de los riders de Deliveroo en España, Francia y otros países, que durante diciembre hicieron protestas en distintas ciudades europeas. Las primeras rebeliones en Rappi, Pedidos Ya y la formación del sindicato APP (Asociación de Personal de Plataformas) en nuestro país, que ya ha sufrido el ataque antisindical de las empresas.

Otro hecho inédito para Argentina y la región,  es la Resolución que la Justicia Nacional del Trabajo falló a favor de un grupo de trabajadores que habían sido “bloqueados” por la aplicación en noviembre pasado (11/2108). La sentencia ordena el cese de las prácticas antisindicales y determina un plazo de 24 horas para que la empresa cumpla con la medida.

Este fallo no tiene antecedentes en nuestro país y en la región, dado que otorga verosimilitud al hecho que los repartidores trabajan “a pedido” de las aplicaciones, pero sobre todo reconoce el derecho al ejercicio de la libertad sindical de trabajadores de plataformas digitales. 

La sentencia además afirma que existe “verosimilitud en el derecho” porque los trabajadores prestaban servicios a pedido de la plataforma. “La ley laboral establece que si hay prestación de servicios se presume la existencia del contrato de trabajo”, subrayaron desde APP (Asociación de Personal de Plataformas).

Frente al discurso de estas empresas que sostienen que los rappitenderosglovers o riders son “socios” o “colaboradores”, el fallo reconoce que lo que allí opera en realidad es una relación laboral encubierta. Sin duda, ello constituye un paso hacia adelante en la lucha por mejores condiciones de trabajo y derechos de los trabajadores y trabajadoras de este incipiente sector.

Como conclusión, podemos decir que el embate de las Empresas va a ser cada vez más rudo y despiadado, con el afán de precarizar cada día más las relaciones laborales en pos de generar más y más ganancias en cada vez menos manos. Pero está en la fuerza y unión de los trabajadores organizados frenar las injusticias, la explotación laboral, la precarización y abusos, ejemplo de ello es el reciente Fallo judicial que ya marca un importante antecedente, reconociendo la actividad sindical y sacando a la luz la relación laboral que en realidad existe aquí.

Es el trabajo registrado, la industrialización, el incentivo al  mercado interno, entre otras medidas, lo que hace que un país o región progresen. Estos nuevos o “modernos” modos de empleo son otra antigua forma de precarización y explotación de trabajo, lo que hay aquí es solamente un nuevo medio de producción apropiado por el Empresariado y para contrarrestar esa nueva explotación, está la organización, la solidaridad, la unión, la lucha, la reivindicación del Derecho de Huelga, de todos los trabajadores y trabajadoras en pos de transformar la realidad y la vida de los compañeros y compañeras.    

Fuentes y artículos:

  • Diarios: La Nación, Iprofesional, Perfil, La izquierda Diario
  • Un nuevo tipo de confrontación laboral frente a las empresas de plataforma. Paula Abal Medina y Karol Morales (Nación Trabajadora).

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